Bogotá| 6 Ago 2008 - 10:37 pm

El Espectador cuenta su último día de travesía por la cuenca

Salvemos al río Bogotá

Por: Vannesa Romero Castrillón
Desde 1906 se habla de la  descontaminación del afluente, pero no se han visto muchos avances.
Último día en el  río Bogotá

El domingo 3 de agosto tuvimos  nuestro último día de navegación, partiendo del barrio Las Palmitas, en la localidad de Kennedy, para llegar cinco horas después  a  San Nicolás, en el municipio de Soacha. Ese día, luego de tomar  un desayuno a las 7:30 de la mañana, nos preparamos para recorrer el último tramo de la travesía ‘Referendo por el Agua’.

Pasadas las nueve arrancamos desde la estación de bombeo del barrio Gibraltar, que se conecta con el canal Cundinamarca, el cual recibe las aguas lluvias del sector. La estación paulatinamente bombea al río estas aguas.  Por nuestro paso encontramos la desembocadura del río Tunjuelo, que trae las cargas de curtiembres de San Benito; el exceso de sedimentos producto de la sobre explotación minera (material sólido depositado en el fondo) y los  desechos domésticos de los más de tres millones de habitantes del sur de Bogotá.  

Como si fuera poco el daño ambiental en este mismo punto, paralelo al río se proyecta construir la Avenida Longitudinal de Occidente, ALO (proyecto que se encuentra incluido en el Plan de Ordenamiento Territorial, según el Decreto 190 de junio de 2004). La vía iría desde Chusacá hasta el Río Bogotá, cruzando por la Avenida Ciudad de Villavicencio y desde allí hasta la Calle 13. Este proyecto trae consigo un gran impacto social, debido a que hay que reubicar a cientos de familias ribereñas.

 Además, la construcción de esta avenida afectaría los ecosistemas de humedales como el Capellanía, Juan Amarillo y La Conejera. Con esto se estaría rompiendo y desfigurando la poca estructura ecológica que le queda a la Ciudad.

Después de dos horas de navegación y de estar sobre el espeso y negro líquido que corre por el río Bogotá, comenzamos a sentir más ojos encima que nos observaban. En cuestión de segundos estábamos completamente rodeados por chulos. Como si estuviésemos invadiendo su territorio, aquellas aves carroñeras comenzaron a organizarse imponentemente por grupos, unos en las ramas, otros en la ribera y otros sobrevolaban nuestros botes.

Por momentos pensamos en que su instinto devorador los traería hacia nosotros. Pero la escena sólo duró unos minutos y decidimos alejarnos antes de que nuestro presentimiento se cumpliera. Después de pasar por el humedal de Tibanica, ubicado entre Bosa y Soacha, observamos la desembocadura del río Soacha y terminamos unos kilómetros más delante de la variante de Indumil (Industria Militar), en el barrio San Nicolás.

  • Vannesa Romero Castrillón | EL ESPECTADOR

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