Publicidad
Bogotá 21 Feb 2009 - 10:00 pm

La colección más completa de cómics europeos en Bogotá

Una vida contada en viñetas

El esposo de la historiadora Diana Uribe habla de lo que los unió y sobre su más grande afición: las tiras cómicas. Ricardo Espinosa es economista y siempre quiso ser el creador de una historieta.

Por: Laura Juliana Muñoz T.
  • 13Compartido
    http://www.elespectador.com/impreso/bogota/articuloimpreso120151-una-vida-contada-vinetas
    http://www.elespectador.com/impreso/bogota/articuloimpreso120151-una-vida-contada-vinetas
  • 0
Foto: Diana Sánchez

Cualquier tarde, sin importar cuánto trabajo había acumulado, era buena para hacer el conteo de sus tesoros, cada uno con una hazaña que contar sobre cómo había llegado a la biblioteca de su casa, en el barrio La Soledad, de Bogotá. Al inicio de este año, Ricardo Espinosa hizo el inventario de cuántas historietas había recolectado por más de 50 años, desde que aprendió a leer con Los Tres Mosqueteros. La cuenta le salió en 5.300 libros de cómics. Se entristeció un poco porque sabía que tenía otras decenas prestadas a amigos que nunca se lo recordaron. Las dio por perdidas.

A los 58 años conoció a Diana Uribe, historiadora que dirige y locuta Historia del Mundo en Caracol Radio, cuando ella era estudiante de los Andes. Él era economista, a primera vista una profesión sin nada en común con lo que mueve a Uribe, pero fue su afición por los cómics lo que los puso en sintonía: “Este es un arte con el que uno puede aprender mucho de historia. Por ejemplo, el que lea a Asterix y Obelix será un experto en cultura europea”, asegura el coleccionista. Además, es Diana quien le traduce las historietas que están escritas en inglés o francés, ya que él sólo habla español: “No saber otro idioma ha sido mi drama eterno. Tengo que esperar a que saquen una edición en español de los cómics. Tengo muchos en otros idiomas, pero es más por mi devoción de coleccionista que por poderlos leer”.

Lleva más tiempo amando a sus cómics que a la famosa historiadora, con quien completa 28 años de matrimonio. Cuando empezó su ‘obsesión’, hace más de cinco décadas, Bogotá parecía una ciudad más tranquila. A las calles les faltaban carros y a los barrios les sobraban teatros. Aún los videojuegos no eran la adicción de los pequeños y las misceláneas y zapaterías escondían algo más que chécheres y zapatos para remendar, pues funcionaban, además, como tiendas en las que se vendían y alquilaban cómics. Todos las conocían como cuenterías.


Los padres de Espinosa eran tipógrafos, por lo que tenían acceso a folletines de relatos de aventuras permanentemente. Su hijo también lo tendría y ese primer contacto con la lectura lo volvió fan del cómic, la ciencia ficción y la novela negra, es decir, policíaca y de espionaje. Por eso fue un fiel visitante de las cuenterías y de los teatros de barrio capitalino, donde también se podían intercambiar colecciones de historietas, para Ricardo Espinosa, mucho más atractivas que el séptimo arte: “Es que el cómic es como el cine, pero sin movimiento. Es narrar una historia con imágenes, fijándose en los encuadres y planos. Es un arte poco valorado en Colombia por lo costoso que resulta tener algún ejemplar”.

Doscientos mil pesos pagó alguna vez por tener a Flash Gordon, el aventurero interplanetario, de Alex Raymond; o a Modesty Blaise, que desde la década del 60 se convirtió en una heroína, o una versión femenina y sexy de James Bond; y un poco más de dinero por tener la primera historieta de Batman.

Little Nemo, de Winsor Mc Cay, es uno de sus ejemplares favoritos por la importancia que tiene en la historia de las tiras cómicas.  Esta fue la primera historieta que apareció en la prensa y masificó una nueva forma de contar relatos. Era el año de 1905. Luego vinieron las revistas especializadas en cómics, por ejemplo las que hacía Walt Disney con todos sus personajes. Tarzán fue el primer héroe y Batman, el primer superhéroe. Estas historietas para un público infantil eran creadas en masa en Estados Unidos, haciéndole venia a la filosofía de producción en masa. Europa marcó un cambio rotundo con el cómic de autor, es decir, sólo un guionista y un creador intervenían para tener un producto final, el estilo favorito de Ricardo Espinosa. Así nació el famoso Asterix, o los desgarrados trazos de Frank Miller y las aventuras de Tintín: “Éste era un cómic más orientado para adultos. Incluso se pueden encontrar tiras cómicas eróticas como Manarao Crepax”.

Los libros son los dueños de la casa Espinosa Uribe desde la entrada. Ocupan cada pared desnuda y sólo la pareja sabe cómo buscar un título como a una aguja en un pajar. Hay más de diez afiches de Marilyn Monroe haciendo las veces de óleos enmarcados y decenas de figuritas, como estrellas y libélulas, cuelgan en los recovecos. Una alcoba de cuatro por tres metros, calculando al ojo, contiene los miles de ejemplares invaluables de Ricardo Espinosa. Al comienzo parecía un lugar desordenado. Cada paso se entorpecía con una montaña de historietas y a las sillas las ocupaban otras tantas. Pero, como buen coleccionista, Espinosa sabía dónde buscar cualquier dibujo que le ha tomado una vida entera conseguir: “Conozco mi biblioteca como la palma de mi mano”.


Cada 15 días se reúne con ocho coleccionistas fanáticos de los cómics europeos en algún lugar tranquilo entre el caos de Bogotá. Siempre llevan los brazos llenos de historietas para intercambiar y seguir leyendo aventuras, historia y tramas policíacas. Ahora preparan su participación en SOFA, Salón del Ocio y la Fantasía, en abril. Allí prestarán ejemplares de historias de vaqueros para leer en el pabellón y presentarán una conferencia de los 70 años de Batman.

El esposo de la historiadora más conocida de la radio se le parece en su elocuencia. Cuando terminó el último de sus inventarios, habló como un niño que, ahogado, cuenta sus aventuras del día. Inquieto con sus grandes manos, con las que señaló todo, orgulloso. Cada nuevo nombre que recordaba lo iba buscando en la estantería para enseñarlo. Su celular sonó, era Diana. “Hola amor hermoso”, la saludó. Siguió hablando de sus pasiones: “Bélgica y Bruselas son para mí el paraíso. En cada esquina hay una tienda de cómics. Cuando viajo, me llevo sólo una muda de ropa para llenar mis maletas únicamente de historietas”, dijo sentado al borde de la silla, manoteando sin brusquedad, con las gafas ubicadas en la punta de la nariz, como si estuviera a punto de repasar la letra menuda en las viñetas de cada uno de sus 5.300 tesoros.

TAGS:
  • 0
  • Enviar
  • Imprimir

Última hora

  • Santa Fe ganó, pero no convenció
  • Colombia, primer país en indemnizar a desplazados
  • 'La vida es una fiesta'

Lo más compartido

0
Opiniones

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado.
Regístrese o ingrese aquí

Publicidad

Suscripciones impreso

362

ejemplares

$312.000 POR UN AÑO
Publicidad
Ver versión Móvil
Ver versión de escritorio