Bogotá |6 Jun 2009 - 10:00 pm

Serán 90 programas de media hora cada uno

Historias de una ciudad de historias

Por: Diego Alarcón Rozo

El próximo miércoles comenzará a emitirse el documental ‘Cultura Capital’, una iniciativa para retratar el arte y la memoria de Bogotá.

El barrio Chapinero
Foto: Archivo
Imagen del barrio Chapinero, uno de los sectores que serán explorados en el documental.

Llegó sin que nadie lo viera y se refugió en un hogar sin nombre. Dicen que venía de España o de Italia, en todo caso del “buen mundo”, de encumbrada casta. Como el orfebre que limpia sus martillos, aquel hombre engrasaba sus tornos y medía los pies de damas distinguidas de una capital para él lejana. Decía que los zapatos que fabricaba a mano se llamaban chapines y que habían sido inventados por la realeza. Eran de cuero y cordones, con un tacón discreto y una pequeña lámina metálica en la parte delantera para evitar el desgaste. El lujo disfrazado de zapato.

Encopetadas, las damas de abolengo bogotanas de comienzos del siglo XX tenían casi una única respuesta cuando sus choferes, o los choferes de sus maridos, preguntaban hacia dónde querían ir. —Lléveme a donde el chapinero, señor. Y emprendían rumbo hacia el taller del extranjero. El chapinero, el chapinero, el chapinero, lo repitieron tanto que ya no se hablaba de la tienda de un zapatero, sino de una suerte de título nobiliario para toda una zona.

Otra versión dice que el nombre del barrio, convertido en localidad con el paso de los días, tuvo su génesis por la misma época, pero en un contexto radicalmente distinto. Las clases medias bajas, con cierto ánimo socarrón, catalogaban de chapín a todo aquel que caminaba con los pies cerrados hacia el frente, torcidos hacia dentro. Sin embargo, por casualidad, por embrujo o por designio divino todos los chapines resultaron instalados alrededor de las mismas manzanas, en uno de los sectores más al norte de la Bogotá de entonces.

Los normales, los que caminaban sin desviaciones ni torceduras, como sintiéndose sanos en un país de enfermos, optaron por bautizar el barrio con un nombre que haría inmortal el hábito de andar con los piernas chuecas. Desde la clase baja hasta la clase alta, si en algo coinciden las versiones de la gente, es que el barrio Chapinero se inició por los pies y dio varios pasos a medida que la ciudad crecía.

El nacimiento de una ciudad

“Ocho millones de historias tiene la ciudad de Nueva York”, escribió hace 30 años un genial escritor que comenzaba a ser célebre, Rubén Blades. Hoy, la Gran Manzana da posada a cerca de 19 millones de habitantes, pero Bogotá acuna a un número similar de historias de las del Nueva York de los 70.

Con ojos azules y voz mesurada, Guiomar Acevedo habla de la misión que le fue asignada: mostrar en la televisión una radiografía de Bogotá. “Nos interesan las historias de la gente. Así construimos una sola historia de la ciudad”. Desde hace más de un año, ella y su equipo de trabajo rastrean las memorias de los barrios, conversan con los habitantes, desempolvan los libros de historia y arquitectura, y exploran las diversas hipótesis de cómo un pueblo fue transformándose en urbe.

La primera apuesta apuntó a Teusaquillo, donde por los años 20 en los clasificados de los periódicos se ofrecían casas “modernas e higiénicas”, pues sus lotes fueron conectados por medio de una red primitiva de acueducto, que se abastecía de agua directamente del río Arzobispo, hijo de los cerros. Para entonces, en los anuncios comerciales, el agua era sinónimo de higiene.

Unas cuadras más abajo, Luis Alberto Martínez y Jorge Perry, los dos arquitectos que encabezaron la urbanización del área en la que se construían las “casas higiénicas”, diseñaron la fachada en forma de torre de la iglesia Santa Ana y presupuestaron los vitrales de sus altas cúpulas. “Era 1936 y fue una de las primeras iglesias de la ciudad que se levantaron en ladrillo. No es difícil darse cuenta de que fue planeada a imagen y semejanza de las iglesias del período Bizantino, equipadas con un pequeño vestíbulo que divide el paso entre la calle y el interior de la estructura”. Habla como un historiador, pero a la vez es arquitecto. Son las palabras de Alberto Escovar, el elegido para conducir Cultura Capital.


“Las calles se construyen como páginas y, como en los libros, hay que aprender a leerlas”. Con esta consigna en mente, Escovar camina la ciudad escoltado por las cámaras y acompañado de la curiosidad por el pasado. Al fin de cuentas el pasado es historia, la historia.

La ciudad con otros ojos

‘Cultura Capital’ se emitirá de miércoles a viernes por Canal Capital a las 10 de la noche y será presentado por Alberto Escovar y dirigido por Guiomar Acevedo. Será, según lo explicó Catalina Ramírez, secretaria distrital de Cultura, una revista audiovisual de actualidad cultural de la ciudad desde sus lugares más representativos. Cada capítulo revelará secretos de calles, esquinas y barrios de Bogotá. Y a partir de estos descubrimientos se invitará tanto a bogotanos como a visitantes a recorrerla con otro ritmo y a mirarla con otros ojos. Si no sabía, por ejemplo, que Bogotá tiene cinco árboles patrimoniales, no dude en verlo.

‘Cultura Capital’ por partes

-De frente y de perfil: esta sección estará dedicada a cualquier creador —sin importar la edad— que haya contribuido a la transformación de un campo cultural o artístico en la ciudad.

Mi selección: disfrute la selección de un personaje de la cultura sobre sus cinco obras o lugares favoritos.

Cuatro preguntas: con un invitado destacado.

Intersecciones: será una agenda cultural de la ciudad.

Estación alterna: esta sección estará dedicada a una nota de actualidad, que se realizará cuando dos hechos culturales de importancia se deban abordar en la misma fecha.

Obra en proceso: se tratará de un seguimiento al montaje de una exposición, la preparación de un concierto o de un plato.

Estación central: esta parte del programa informará sobre un hecho cultural que se inicie en la semana en la que se emite el programa.

Zona de creación: será un divertido espacio en el que se recorrerá un taller donde el artista está creando.

  • Diego Alarcón Rozo | Elespectador.com

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