Bogotá |11 Oct 2009 - 9:00 pm
La vía problema
Por: Laura Ardila Arrieta
De ser una callecita pasó a convertirse en la avenida de la gran economía de la ciudad. Radiografía de la carrera 10ª.
Foto: Óscar Pérez - El Espectador
Aspecto actual de la carrera 10ª, una de las vías más problemáticas en la historia de Bogotá.La avenida décima ronda los 50 años de edad y su nombre verdadero es Fernando Mazuera, como uno de los alcaldes de la ciudad que impulsó su construcción. Es posible que no falte el nostálgico en estación otoñal que la llame también la Avenida del Libertador, así como fue bautizada. Pero seguramente, por razones menos románticas y más cercanas al caos, a las generaciones actuales les parecerá más adecuado nombrarla la Vía Problema de Bogotá. En cualquier caso, cuenta la historia que en algún momento fue una callecita de apenas siete metros de ancho y un largo sin precisar, pues cada pocas cuadras se estrellaba con una edificación. Un paso de menor importancia en el centro excepto para aquellos asiduos al Convento de la Concepción o a las plazas de mercado de la calle 11 o Las Nieves.
Un camino cualquiera, hasta que a principios del siglo pasado empezaron a llegar unos bichos a motor que lo revolucionaron todo. Los elegantes señores de sombrero de copa y paraguas negro requerían de más espacio para sus nuevos autos. Entonces nació la carrera décima.
Tres nuevos frentes de obras recientemente anunciados por el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) en la décima son la última noticia que se tiene de una vía históricamente invadida por el caos. Ahora, los obreros intervienen la carrera entre las calles 26 y 23, primera y cuarta, y además construyen una red matriz del acueducto en la 24.
La llamada Fase III de Transmilenio, expresada por ahora en metros y metros de una malla verde que intenta cubrir el polvo de los trabajos y el ruido de las máquinas, se erige en la décima entre calles 26 y 34 sur, en 8 kilómetros, que es exactamente la extensión total de esta avenida. La carrera nace justo enfrente del Museo Nacional hacia el sur. Se arrastra en medio de construcciones poco atractivas, de vidrios rotos, cortinas sucias y personajes oscuros. De edificios de oficinas, restaurantes baratos, empleados, indigentes, parqueaderos y muchos, muchos, locales comerciales.
Casinos, juzgados, mercados, funerarias y hospitales se acomodan en la décima, que pasa oronda hacia el sur, entre buses y busetas medio vacíos, algunos taxis y muy pocos vehículos particulares. Todo el que puede le huye al trancón. En la calle novena saluda al antiguo Cartucho de mendigos y drogadictos, hoy convertido en parque, a pocos pasos de la Casa de Nariño, el Batallón Guardia Presidencial y los ministerios. Y más allá se encuentra con el San Juan de Dios.
Cuando comienza el sur la décima se ensancha y se vuelve más agradable, aunque igual de riesgosa. Un supermercado, una llantería, muchas viviendas, el colegio distrital Enrique Olaya Herrera, otro supermercado y varias fábricas de árboles de Navidad. Dentro de una de esas empresas, doña Blanca, de cabello rojo y vestido negro, sentencia: “La décima ha sido y será un problema porque es la única carretera para ir de norte a sur. Por eso concentra todo el tráfico y también todos los peligros”.
De 1948 a 1959 tardó la construcción de todo lo que hoy se conoce como la carrera décima, que en un tiempo no muy lejano fue la avenida de la gran economía en Bogotá. Ahí tenían sede las grandes empresas de la capital, que fueron huyendo a medida que llegaba la anarquía. La delincuencia, prostitución, el ruido, la contaminación, los trancones y otros tantos inconvenientes que le han valido a la décima el calificativo de “la vía más peligrosa de la ciudad” podrían tener una explicación, según el investigador Carlos Niño Murcia: “Mientras en el resto de la ciudad el transporte se diluye, en la décima se concentra”.
Las promesas gubernamentales indican que, más pronto que tarde, la décima podría volver a ser la Avenida del Libertador y no la Vía Problema. Por ahora, sin embargo, no hay más que palabras.
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Laura Ardila Arrieta | Elespectador.com
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- Carrera Décima
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