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Bogotá 2 Abr 2010 - 10:24 pm

La Secretaría de Salud asumirá las deudas médicas de esta humilde bogotana

De dolores y tragedias

Irene Díaz sufre de epilepsia y asma. Tiene un tumor en un seno y debe someterse a una histerectomía. Perfil de una vida en la que han faltado oportunidades y algo de suerte.

Por: Santiago La Rotta
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Foto: David Campuzano - El Espectador

Si Irene Díaz Acosta escribiera cada una de sus enfermedades, llenaría varias hojas de papel con las descripciones exactas que dan cuenta de las varias condiciones que a sus 51 años de vida la han convertido en una asidua visitante de salas de urgencia, hospitales y puestos de salud. Serían páginas y páginas tachadas con las lágrimas que deja salir al recordar los otros problemas, los que no se solucionan con una droga o una visita al médico. El hambre, la falta de empleo, el arriendo que se sigue acumulando mes tras mes, la necesidad de salir a la calle a pedir, en una ciudad en la que tantos otros deben hacer lo mismo: la caridad sólo alcanza para algunos.

La historia clínica de doña Irene llena varios volúmenes: epilepsia, asma, trombosis venosa, tumor en un seno, complicaciones en el útero que requieren una histerectomía, problemas en la sangre y otra serie de achaques que han llegado con los años y las penas.

Son 35 años de epilepsia y cuatro desde 2006, cuando en uno de sus ataques, doña Irene vació la olla del chocolate encima de ella, como si se tratara de una tortura voluntaria. De su casa en el barrio Las Ferias (su casa, porque en realidad vive en dos cuartos de un inquilinato con una de sus hijas y sus tres nietos) al Hospital de Kennedy. Quemaduras de segundo grado fue el diagnóstico. Después vino la sanación, el doloroso proceso de regenerar la piel y el ánimo.

Semanas después llegó la cuenta: $1’220.000. En ese momento, doña Irene estaba clasificada como Sisbén nivel tres. Una de sus hijas, en representación suya, instauró una tutela en contra de esta clasificación. La acción fue fallada a su favor. Dada su precaria situación, social y médica, un juez ordenó que la señora Díaz pasara a nivel uno. “El fallo me cambió el Sisbén, pero no habla de la plata que se le debía al Hospital por mi tratamiento. Hoy en día, la deuda sigue y yo temo por mí y una de mis dos hijas, quien firmó el pagaré necesario para darme de alta”.

Las noches se hacen largas en medio de las deudas, la del hospital y los cinco meses de arriendo, que vienen en forma de amenazas por parte de la dueña de la casa o llamadas de los funcionarios del Hospital de Kennedy que, en últimas, están haciendo su trabajo. Los días son amargos cuando su hija, una mujer amable de 28 años, de suave voz y ojos soñadores, le cuenta que en un empleo y en otro más sólo buscan niñas delgadas, para mostrar no para trabajar. La necesidad es la oportunidad de muchos, tantos, quienes le dicen a doña Irene que “su hija podría hacer algo con ese cuerpo”. Ante todo el respeto propio y las ganas de trabajar, dicen ellas con firmeza.

Cuando el mundo le ha arrancado todo, las oportunidades y la suerte, hay apenas una fracción de sí que permanece. Es pequeña y frágil, pero es tal vez lo único de verdad propio. En ella reside algo parecido a la esperanza, un material resistente que permite enfrentar el sol de cada mañana. La Secretaría de Salud, luego de conocer el caso de doña Irene, aseguró que se haría cargo del total de la deuda. Doña Irene llora, esta vez de felicidad, por fin.

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Opinión por:

GIA.PRYM

Mie, 04/07/2010 - 09:52
una historia triste... pigmentada con algo de amarillismo ... pero al fin al cabo triste y lo mas cruel que la viven miles de colombianos... yo les tengo otra... una antigua vecina joven 32 años, con tres hijas y cuando pueden desayunan una aguapanela con pan... el esposo no trabaja por que tiene un daño en la coumna ella quien trata de buscar lo del diario, le diagnosticaron cancer de utero y de seno y a ella y otros tantos quien los socorre...
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