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Disturbios: empate técnico

El miércoles, a las 11:30 a.m., la Universidad Nacional fue cerrada debido a enfrentamientos entre estudiantes y la Policía. Según la secretaria de Gobierno, Clara López Obregón, es posible que el campus esté cerrado el jueves.

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Santiago La Rotta
22 de octubre de 2008 - 09:33 p. m.
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A la 1:30 p.m. sonó en un bar, ubicado justo al lado de la entrada de la Universidad Nacional, sobre la calle 26, Autopista al Infierno (Highway to Hell), la mítica canción de la banda australiana AC/DC. Justo en ese momento, una tanqueta de la Policía, entre piedras fuego y humo, entraba al campus de la universidad llevándose todo a su paso: tejas, palos y otros escombros que algunos estudiantes habían puesto como barricada, como última línea de defensa. La escena era casi irreal, como aquella secuencia de Apocalipsis ahora, la película de Coppola en donde los helicópteros gringos arrasan con una aldea vietnamita mientras de fondo suena la Marcha de las Valkirias de Wagner.

La película se acabó cuando el gas lacrimógeno llegó y se diseminó como el pánico. Entonces, de nuevo se escuchó la banda sonora de la mañana de ayer en la Universidad Nacional: los estallidos de las papas bomba, el sisear de los voladores que lanzaban desde campus adentro algunos estudiantes y el golpe seco de las granadas de gas cuando caen al suelo. A esa hora, la secretaria de Gobierno, Clara López, decía que no se trataba de un grupo grande de encapuchados y que se había desplegado un “acompañamiento policial” en la calle 26 para contener la situación. 

Minutos antes de aquel momento Kodak, como reza el eslogan publicitario, había entrado otra tanqueta a espaldas de los curiosos y participantes que se habían agolpado al lado de la entrada, cerca a un hueco en la reja por donde ingresaban y salían aquellos que se enfrentaban con la Policía. 

La multitud que se había formado detrás del Esmad (Escuadrón móvil antidisturbios) proveía los gritos y los insultos. Entre estallido y estallido se alcanzaba a escuchar “… el que no estudia se vuelve Policía Nacional…”. En dos ocasiones, los hombres vestidos con el plástico negro que funciona como un imán de piedras, les lanzaron gases a quienes les gritaban, fastidiados por cada alarido.

Ensalada de razones. “Los disturbios son para comenzar a apoyar el paro de este jueves”. “Estamos con los compañeros indígenas del Cauca”. “Ellos están en contra del estatuto de reforma de la universidad”. “Yo no sé por qué se alborotaron. Por ahí estaban repartiendo volantes, pero yo no tengo uno”. Variedad de consignas. “Contra el terrorismo del Estado. Busquen al criminal en el Palacio de Nariño”. “Adelante la revolución”. “Contra el Estado terrorista”.

Sobre las dos de la tarde, una tanqueta entró de nuevo en la universidad. Todos los observadores agarraron lo que pudieron y la emprendieron contra el vehículo. Dos jóvenes, que por mucho  alcanzarían los 18 años, lanzaron sin mucho tino piedras y palos antes de que otra tanqueta entrara en escena para repelerlos. Para algo sirven las manos, escribió alguna vez Darío Jaramillo Agudelo.

A las 2:30 p.m., con el sol aún fuerte en el cielo, los estudiantes comenzaron a replegarse campus adentro. Los uniformados hicieron lo propio y las tanquetas se fueron retirando una a una, mientras el tráfico volvía a fluir por la calle 26. Quienes observaban cruzaron la calle y mientras ingresaban a la universidad tomaban fotos de palos, piedras, vidrios rotos y cartuchos de granadas de gas, como si se tratara de una exposición. Alguien dijo: “Empate técnico”.

Por Santiago La Rotta

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