Por: Lorenzo Acosta Valencia

La pistola de los Llanos

EL INVIERNO OTORGABA UNA TREgua el 29 de diciembre, cuando el presidente Santos confirmó que Pedro Oliverio Guerrero, jefe del Ejército Revolucionario Popular Anticomunista Colombiano (Erpac) y presunto autor de tres mil homicidios, había caído tras cuatro años de persecución.

Los símbolos de la brutalidad del paramilitar fueron exhibidos a manera de piezas de un museo del narcotráfico que aún no abre sus puertas. Un cuchillo con el que acuñó su alias de degollador, una pistola enchapada en oro y diamantes… Con ellos, el general Naranjo ofició de narrador pausado. La pistola fue obsequio de capos mexicanos a Martín Llanos, jefe de las Autodefensas Campesinas del Casanare y enemigo del Erpac. Cuchillo la tomó como trofeo en la disputa por el control de rutas y laboratorios de cocaína, iniciada en 2004 con el asesinato de su jefe, Miguel Arroyave, cabeza del bloque Centauros de las Auc.

El relato de la pistola que fuera de Martín Llanos se agotó en exóticos bandidos de frontera, inscritos en una red que tiene a México por centro; en Colombia sólo quedarían siete “bandas criminales” de las generadas con la desmovilización de las Auc. Es la fábula de la consolidación de la Seguridad Democrática, incluida en el plan de desarrollo para el pasado cuatrienio. Pero la historia de esa pistola es la del actual narcoparamilitar cuyos alcances son reducidos al eufemismo de “bandas” en pos conflicto.

La insuficiencia de la política uribista para contener esas estructuras es patente. Cuando el Decreto 2374 de 2010 estimó que tales “bandas” eran independientes entre sí y las operaciones como ‘Sodoma’ se reservaban para la lucha contrainsurgente, el Erpac ya se había confabulado con las Farc y con Daniel Barrera, lo cual le permitió consolidarse y proyectar una alianza regional con ‘Los Rastrojos’ que llamarían “Combatientes del Sur”. Su poder corruptor no fue advertido con diligencia en la apropiación de recursos públicos en Casanare y Meta, la minería en el Guaviare y falsos positivos en el Vichada. Su responsabilidad en el microtráfico de Medellín y en dos atentados contra Víctor Carranza fueron expresiones de ese sicario moldeado por Gonzalo Rodríguez Gacha y las Auc que buscaba, junto con Barrera, la hegemonía en los Llanos y la Orinoquia para acometer una conquista a nivel nacional.

“Todos van a caer”, sentenció el presidente Santos. Mientras el invierno regresa para desnudar la incompetencia del Estado en la creación de empleo digno y circuitos comerciales en los municipios, la pistola de los Llanos recuerda que el Erpac reconfiguró redes desde la economía informal, la coerción y el desplazamiento masivo. ¿A quién tributará sus votos de 2011 ese bosquejo de cartel de los Combatientes del Sur? ¿Quiénes apoyarán su persecución? ¿Quiénes permitirán allí la marcha de las locomotoras del progreso y el reconocimiento de las víctimas de Guerrero? Lo cierto es que Cuchillo no alcanzó a unirse a la multitud de disparos clandestinos que celebraron la llegada del año nuevo.

[email protected]

Buscar columnista

Últimas Columnas de Lorenzo Acosta Valencia