Por: María Elvira Bonilla

La venganza latina

NO HAY ESQUINA, RESTAURANTE, almacén o parque de Miami donde no se hable español.

La fuerza latina, el sentido de comunidad y la permanencia de los lazos familiares con su carga de lealtades y tradiciones se han impuesto. Los latinos —no sólo en la Florida sino en Los Ángeles y ciertas áreas de Nueva York— han ido moldeando una sociedad bicultural donde el bilingüismo avanza incontenible con sus emisoras, canales de TV y periódicos y la cultura, la comida, los gustos y las formas de vida marcan cada vez más. Ser bilingüe es un punto a favor en un mundo que se integra cada vez más.

Miami ya no es la ciudad de viejitos al sol, sentados en South Miami en sus sillas mecedoras huyéndoles a los crudos inviernos del norte, ni tampoco el punto de concentración del exilio cubano. Hoy es un verdadero melting pot donde conviven dominicanos, colombianos, mexicanos, peruanos, puertorriqueños, dominicanos, venezolanos, argentinos, brasileños. Los de las élites y los de los sectores populares. El profesional joven que busca horizontes y el colombiano emprendedor que se le mide al desafío de triunfar en una tierra que ya no le es tan extraña. Latinoamericanos enriquecidos en el sector público o en los negocios privados. Abundan y aumentan los condominios habitados por todo tipo de ex: ex presidentes, ex ministros, ex banqueros —entre los que se destacan los venezolanos con los escándalos financieros que antecedieron a la llegada de Chávez y los argentinos de la época de las privatizaciones de Menem—.

Mucho dinero nacido de las privatizaciones neoliberales de los años 90 encontró abrigo en la Florida. Funcionarios del sector petrolero, contratistas que usufructuaron coimas o comisiones, estrellas del espectáculo y exitosos empresarios de los distintos sectores de la economía, conviven con los trabajadores formales y las hordas de ilegales que entraron por “el hueco”, dedicados al rebusque en una economía abierta y dinámica capaz de absorber una creciente fuerza de trabajo. Los meseros, los cocineros, los jardineros, los conductores, los aseadores, son latinos y han construido sus microguetos en donde los extraños son los norteamericanos.

Dos capas sociales, provenientes de realidades diametralmente opuestas que se encuentran en el día a día de la ciudad, en las autopistas, en los centros comerciales, en las playas y los parques, en los conciertos o los escenarios deportivos donde los nuevos héroes son crecientemente latinos. Una interacción cotidiana que culturalmente se expresa a través de la música, la plástica y el consumo masivo de telenovelas y en especial los culebrones mexicanos. Llama eso sí la atención que esa pujante y muy comercial cultura de la mass media aún no se sedimente para el surgimiento de una literatura con un fuerza creativa como la que se expresó en el boom latinoamericano de los años 70.

La realidad latina es novedosa y con su identidad y cohesión, a la que nadie está dispuesto a renunciar, ha revolcado un país tan poderoso como los Estados Unidos. Una realidad con la que es inevitable tener que contar política y económicamente. Ser latino en Miami dejó de ser lastre o vergüenza, para convertirse en un punto de referencia individual y colectivo que pesa. Y mucho.

 

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