Por: Mauricio Botero Caicedo

El legado de Reagan y Margaret Thatcher

LA SEMANA PASADA SE CUMPLIERON 100 años del nacimiento de uno de los grandes presidentes en la historia de Estados Unidos, Ronald Reagan, quien con la primera ministra de la Gran Bretaña, Margaret Thatcher, formó un incomparable equipo que, entre otros importantes logros, aceleró el derrumbe del comunismo. Durante los ocho años de Reagan en la Casa Blanca, y los once de la señora Thatcher en Downing Street, ambos líderes dejaron una profunda marca en el consciente de millares de norteamericanos, ingleses y europeos.

El primer legado de Reagan y la Thatcher fue el desmonte del mito del “Estado Benefactor” como salvaguarda de la sociedad. Con el lema “El gobierno no es la solución, es el problema”, Reagan y la señora Thatcher lograron convencer a millones de ciudadanos de que el Estado omnipotente y omnipresente, además de amenazar las libertades de los ciudadanos, era corrupto e ineficiente. Reagan y la señora Thatcher introdujeron en sus gobiernos profundas reformas económicas y sociales y educaron una generación entera de activistas antigubernamentales. Los dos líderes tenían la visión, el coraje y la fuerza de sus convicciones para encabezar una cruzada por las libertades individuales en un mundo que durante décadas estaba avanzando de manera sostenida y sin vuelta atrás, hacia el socialismo. Para Reagan y la señora Thatcher era inconcebible que el Estado paternalista e intervencionista, en aras de proteger a los más débiles, le negara al individuo ser dueño y señor de su persona, de sus bienes y de su vida.

El segundo legado de Reagan y la señora Thatcher es el haber acelerado el colapso de la Unión Soviética. El comunismo —y los regímenes totalitarios que formaban parte de su órbita— tenía los días contados: lejos de ser una potencia mundial, la URSS en esencia era un país del tercer mundo con una importante capacidad nuclear. Los soviéticos no tenían ni siquiera la capacidad de alimentar a sus propios ciudadanos, y si no fuera por los envíos de trigo de los EE.UU., posiblemente las hambrunas hubieran sido monumentales: sólo se necesitaba un empujón para derrumbar el imperio y ese empujón se lo dio Reagan con el apoyo de la señora Thatcher. Los soviéticos, de manera ingenua, se pusieron a emular a los norteamericanos desviando prácticamente la totalidad de sus recursos al gasto militar, principalmente en la llamada “Guerra de las Estrellas”, que en esencia buscaba el control militar del espacio. El aumento en el gasto militar, en un entorno de precios del petróleo y del gas a la baja, colocó la economía soviética en un callejón sin salida. El mérito de Gorbachov radica en haberse dado cuenta de que, bajo un régimen comunista de planificación central, ni militar ni económicamente la Unión Soviética tenía la menor posibilidad de sobrevivir.

El historiador Paul Johnson, en su libro Héroes, señala que los cuatro mayores éxitos de la década de los noventa fueron la derrota del comunismo, la libertad para los satélites soviéticos, la primacía de la libre elección de los pueblos y el triunfo del sistema de libre mercado. En resumen, la victoria de la democracia y del capitalismo. Estos éxitos no hubieran sido posibles sin la activa participación de estos dos héroes del siglo pasado: Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Que la memoria de Reagan quede grabada con tinta indeleble en los anales en todos los pueblos que aman la libertad; ¡y que la señora Thatcher se recupere pronto de sus quebrantos de salud!

Apostilla: “Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”, reza el refrán español. Con la caída de Ben Ali en Túnez y la entrega de Mubarak del poder a los militares en Egipto, el que sin vacilar debe poner las barbas en remojo es aquel imbécil de Mahmoud Ahmadinejad, el presidente de Irán, amigo del alma de Chávez y de Lula.

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