Por: Tatiana Acevedo

Fe de erratas

EN MARZO DE 1939 ALEXANDRE ALE-khine, campeón mundial de ajedrez ruso, visitó Bogotá.

Su llegada fue celebrada por la ciudadanía, los medios y hasta el cuerpo diplomático. Todos esperaban con curiosidad su presentación en el Teatro Colón, en donde se enfrentaría con 30 de los mejores jugadores del país.

Al día siguiente, periódicos y emisoras cubrieron los pormenores de la partida: detallaron la vestimenta del ruso, describieron la decoración del Colón y la manera dramática como el campeón latinoamericano Luis A. Suárez abandonó, rindiéndose, en la jugada 28. “Jorge Bravo, famoso ajedrecista local, hizo tablas con Alekhine”, tituló El Tiempo en primera página para luego relatar los pormenores del enfrentamiento.

Como glosa anecdótica, casi que como dato curioso y digno de las páginas sociales, se mencionó la buena participación de “Anita Caro”, “señorita de la sociedad bogotana” que, según los periodistas, mostró talento.

Otra versión de los hechos encontré hojeando las memorias de Carlos Lleras Restrepo. El entonces ministro de Hacienda, quien era además un diestro ajedrecista, asistió a la velada y se sentó justo detrás de los contendores, logrando acceso visual a todos sus movimientos y estrategias. Sobre aquella noche recuerda cómo, mientras aficionados y profesionales se resistían hasta ser subyugados por el agresivo tahúr, la silenciosa Ana Caro jugó impecablemente durante largas horas hasta darle mate al campeón en la jugada 39. Como había presenciado la destreza de Ana y su resistencia a los embates de Alekhine, Lleras enfureció al escuchar la versión de la sociedad y los medios según la cual el ruso simplemente había sido “galante” dejándose vencer de la bella “Anita”.

Sospecho la sorpresa que causó el triunfo de una mujer joven y el grado de envidia e indignación que debió suscitar entre los presentes. Que una mujer juegue ajedrez, el deporte frío y racional (¡la simulación de una guerra!), pues ya es bien raro. Pero que además le pueda ganar al campeón mundial es impensable. Me pregunto, en la semana de la mujer, a cuántas Anas se les ha negado el acceso a ls primeras planas.

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