'No tengo el poder para determinar un paro'

El senador opositor Jorge Enrique Robledo, de quien se asegura que tiene gran influencia entre los cafeteros del paro más fuerte que haya sufrido el país recientemente, explica su apoyo a los manifestantes por la tragedia económica que sufren.

/ Gabriel Apónte
/ Gabriel Apónte

Cecilia Orozco Tascón.- A usted se le ha adjudicado la “paternidad” del paro ¿Es cierto que logró movilizar a los 50 mil cafeteros que, según se dice, salieron a las carreteras?

Senador Jorge Enrique Robledo.- A mí me escuchan con cierto cariño un buen número de cafeteros porque llevo veinte años acompañándolos en sus luchas. Incluso fui dirigente de Unidad Cafetera (nombre con que se identificaba a los cafeteros que no acataban a la Federación) y participé en el paro de 1995 en una crisis tan grave como esta. Pero no tengo el poder para determinar que vayan a paro, no 50 sino casi 100 mil manifestantes. Ojalá lo tuviera, pero no lo tengo. Lo que pasa es que los enemigos de estas causas justas terminan diciendo boberías, siempre con el propósito de negar el derecho democrático a la protesta. Es otra versión de una historia imaginaria sobre los cafeteros idiotas que unos malvados moveríamos como marionetas.

C.O.T.- Es indudable que hay víctimas de la violencia que se ha presentado en algunos puntos del paro ¿Por qué cree que la protesta se degradó?

J.E.R.- Cualquier sufrimiento que genere el paro debe lamentarse. Por ello, lo mejor es que se levante por acuerdo entre el gobierno y los cafeteros. Pero la actitud oficial ha sido la peor antes y durante el paro porque ha maltratado a los manifestantes constantemente. ¿Cómo se le ocurre a Juan Camilo Restrepo decir, por ejemplo, que el gobierno solo dialogará con la Federación de Cafeteros - esa especie de ministerio del Café – a la que no le hacen caso los agricultores en paro? Si el propósito era crispar el ambiente y dificultar la situación, lo lograron a la perfección. Mucho me temo que al final, el gobierno no dé soluciones sino que reprima con toda su fuerza a quienes protestan, acto que rechazo desde ahora.

C.O.T.- En su ejercicio legítimo de la política, usted ha dicho que es solidario con los huelguistas porque encuentra justificados sus reclamos ¿justifica también, de alguna manera, las alteraciones del orden público?

J.E.R.- Expresé mi respaldo a los objetivos de la protesta y a la decisión de adelantar el paro ante la actitud de soberbio autismo del presidente Santos y del ministro Restrepo. Como le digo, fui dirigente de una organización de cafeteros independiente de la Federación y dejé de serlo cuando llegué al Senado. Luego, no soy organizador del paro, no participo en las decisiones y no conozco los detalles. Ni siquiera he salido de Bogotá. Pero, de otro lado, es notorio el propósito del gobierno de utilizar las confrontaciones para impedir que se vaya al fondo de las causas de sus contradicciones con cafeteros y cacaoteros con el fin de presentarlos como unos indeseables que deben ser reprimidos. Así presionan a los medios de comunicación a participar en ese juego y de paso, satanizan a quienes estamos del lado de los reclamantes.

C.O.T.- ¿Cree, como se ha dicho, que el paro fue infiltrado por las Farc?

J.E.R.- No sé. Si ha habido infiltración, es de lamentar la incapacidad de la fuerza pública para darles garantías a quienes ejercen el derecho constitucional de protestar y, en todo caso, se trataría de una porción ínfima en relación con los cafeteros y cacaoteros en paro que son personas conocidas en sus lugares de origen y sin vínculos ilegales. Ojalá tenga éxito el proceso de paz pero me temo que ello genere un nuevo problema: ¿a quién le van a echar, después, la culpa de la protestas ciudadanas?

C.O.T.- Mientras realizamos esta entrevista, se han suspendido las conversaciones entre los dirigentes del paro y el gobierno porque este exige desbloquear las vías dado, de acuerdo con lo que asegura, que ya hay desabastecimiento de alimentos. Si usted fuera uno de los negociadores cafeteros ¿cuál sería su posición en este punto de orden público tan difícil?

J.E.R.- Los caficultores tomarán sus decisiones pero lo que ellos han dicho es que la oferta económica gubernamental, de $3.000 por arroba de café, es irrisoria y que es claro que lo que quiere la administración Santos es eliminar la capacidad de presión del movimiento.

C.O.T.- Aparte del asunto del orden público ¿cuáles son las razones puntuales que le encuentra a este movimiento y por qué hay tanta exasperación?

J.E.R.- En agosto de 2012, Dignidad Cafetera (la organización gremial de los huelguistas) llenó la Plaza de Bolívar de Manizales con 30 mil manifestantes de todo el país que aprobaron una carta con peticiones a Santos. Él no les respondió nunca. En octubre se concentraron en varios departamentos. En noviembre, protestaron en Bogotá y ese día publicaron un aviso en El Tiempo con sus reclamos en el que advertían que los estaban obligando a ir hacia un paro. Pero el alto gobierno solo se dignó reunirse con ellos 48 horas antes de la hora cero, hace una semana. Es obvio que Santos y Restrepo no buscaron el diálogo ni un acuerdo.

C.O.T.- ¿En qué consiste la crisis que viven los manifestantes, según sus análisis?

J.E.R.- La ruina y la pobreza acosan a los cafeteros, como es obvio, pero también están contra la pared los empresarios, incluidos los mayores, porque se juntaron varios factores: desde 2008 y durante cuatro años seguidos, cayó la cosecha de 11 millones de sacos a 8, y aún a menos. La caída del ingreso es brutal. En el último año, el precio de venta del grano bajó un 40% con otro impacto terrible. Súmele a esto la debilidad estructural del sector, la imposibilidad de pagar los créditos contraídos con el riesgo de perder las fincas, y el desdén oficial. Y le da una “tormenta perfecta”.

C.O.T.- Entonces ¿el gobierno podía prever la debacle, como han insistido algunos?

J.E.R.- Tenía que conocer la gravedad de lo que ocurría. Juan Camilo Restrepo estuvo tres años en Londres como representante de la Federación y lleva 14, sentado en el Comité Nacional de Cafeteros como ministro o como representante gremial. Él sabe, al igual que Santos, que también vivió en Londres como funcionario de la Federación, que la primera víctima del libre comercio en Colombia fueron los cafeteros cuando se rompió el Pacto del Café en 1989. Ambos saben que en la década de los 90 hubo una crisis profunda que dejó debilitados a los productores al caer la producción de 16 a 11 millones. Y conocen la más reciente baja de la producción y el hundimiento del precio. Además, no ignoran que mientras Brasil y Vietnam han avanzado mucho en producción y exportaciones a escala mundial, Colombia ha sufrido un gran retroceso. Pero supongo que no les gusta que les recuerden este fracaso rotundo.

C.O.T.- El presidente ha dicho que “este paro tiene una serie de ingredientes políticos en contra de la institucionalidad cafetera” ¿Sabe cuáles son los “ingredientes políticos ” a los que se refiere el mandatario?

J.E.R.- En primer lugar, mi pensamiento sobre la institucionalidad cafetera está publicado en un libro y en centenares de textos. Usted no encontrará una palabra mía en contra de tener instituciones fuertes. Otra cosa es que critique su mala dirección, pero no con el propósito de liquidarlas. Esto lo sabe hasta la saciedad la gente de la Federación. Segundo, el argumento de los “ingredientes políticos” es semejante al truco de hablar del paro en términos de las Farc o de confrontaciones para ocultar que los cafeteros tienen razón. Además, los dirigentes políticos tenemos el deber de opinar sobre los hechos, en este caso unos a favor de la protesta y otros en contra. Es democrático que el país sepa que piensa cada uno. De otra parte, es infantil la teoría según la cual si el político opina a favor del gobierno es un estadista pero si opina en contra es un indeseable.

C.O.T.- Llama la atención que usted haya firmado un documento de apoyo a este paro con senadores del uribismo ¿No cree que ayudó a “legalizar” una actitud oportunista de ese sector?

J.E.R.- Lo que dice ese documento les sirve a los cafeteros del paro y lo firmamos parlamentarios del Polo, uribistas y también santistas. No es la primera vez que coincido con congresistas de otros partidos. Hice muchos debates sobre petróleo con Hugo Serrano, del partido Liberal. Con Cecilia López, también liberal, nos opusimos al TLC con Estados Unidos y en la Comisión Quinta, donde soy el único del Polo, coincidimos con ella en temas agrarios y mineros. Con el senador Laserna, conservador, he trabajado sobre los abusos de la empresa Claro. Me esfuerzo por no caer en el dogmatismo ni el sectarismo, dos errores muy dañinos en política.

C.O.T.- Con todo respeto le digo que no es lo mismo. Serrano (q.e.p.d.), López y Laserna pertenecían a otras corrientes pero son respetuosos de las conductas democráticas. En cambio los uribistas de ultraderecha están a favor del paro solo por oponerse a Santos. Y estarían en contra si el presidente fuera Uribe.

J.E.R.- En general no importan las razones por las que alguien hace algo correcto. Uribe y sus amigos acertaron cuando decidieron ser solidarios con el paro porque eso les sirve a los caficultores. Por lo demás, entre quienes protestan hay cafeteros de todos los sectores políticos. Los manifestantes recibieron muy bien, por ejemplo, que una decena de congresistas de distintos partidos los hubiéramos acompañado en la gran marcha de Manizales. Ojalá cada partido de la coalición de Santos hubiera respaldado el paro porque habría fortalecido el reclamo de los cafeteros, que es mi preocupación en este momento.

C.O.T.- Le insisto: la actitud suya de apoyo al paro es coherente con su procedencia política y con su ideología. Pero usted sí que conoce quiénes son los uribistas y qué piensan de las protestas ¿No era mejor haber firmado documentos separados, s era el caso?

J.E.R.- Al estallar el paro, para mí era importante que parlamentarios de todos los partidos llamaran al gobierno a atender los reclamos de los cafeteros y en desarrollo de ese propósito se dio la circunstancia a la que usted se refiere. No veo por qué se le da más alcance del que tiene esa coincidencia. El país conoce de sobra mis grandes diferencias con el uribismo.

C.O.T.- ¿Qué piensa de la propuesta de realizar una “constituyente cafetera”?

J.E.R.- En algún medio dije que plantear esa idea en medio del paro era tanto como que en mitad de un incendio, el jefe de los bomberos dijera que antes de apagarlo había que realizar un estudio sobre las causas de la conflagración. El propósito de Santos de no atender el problema inmediato y hacer demagogia, es evidente.

C.O.T.- El jefe de Estado también ha afirmado que el “paro es innecesario” porque este gobierno es “el que más le ha ayudado a los cafeteros”. Habló de $5 billones de pesos entre transferencias no reembolsables y créditos subsidiados al sector. Esas cifras suenan muy abultadas.

J.E.R.- Con frecuencia Santos y Restrepo se contradicen en las cifras que dan pero aceptémosles que se les ha dado a los cafeteros cerca de un billón en subsidios, en varios años. El resto, son créditos que ellos deben pagar y que se les convirtieron en un problema porque no tienen con qué hacerlo. Sin embargo, lo de fondo es que así Santos diga que ha dado mucho, 100 mil cafeteros parados en las carreteras de Colombia son la prueba reina de que esa plata ha sido insuficiente.

C.O.T.- Otra afirmación gubernamental: la gran mayoría de los cafeteros no está en paro ¿Cierto o falso?

J.E.R.- Hay que ser deliberadamente ciego para no reconocer que quienes están en paro son la punta del iceberg del problema social en que en que se encuentran más de 500 mil familias cultivadoras del grano y millones de habitantes de las zonas cafeteras. Si esa necedad la dicen como astucia para descalificar una protesta monumental, vaya y venga. Pero si la dicen en serio, antes este país no está peor y a Santos no le va tan mal en las encuestas.

C.O.T.- El jefe de Estado también ha sostenido que los cafeteros que tienen créditos con el Banco Agrario no tendrán que pagar este año ni capital ni intereses y que se bajaron todos los aranceles ¿No es esta una ayuda mucho mayor que la que recibe el resto del agro?

J.E.R.- La decisión sobre créditos tiene límites cicateros que hace que muchos queden excluidos de la medida. Es obvio que la capitalización aumenta el monto de la deuda y genera una especie de cobro de intereses sobre intereses, muy dañino. Con un agravante: si no mejora el precio de venta del café, solo se les alarga la agonía porque tampoco podrán pagar las deudas después. Y los insumos son carísimos en Colombia, si se comparan con los países vecinos. Esa es una queja de todo el agro. Pero, repito, la prueba reina de que las medidas gubernamentales son insuficientes es el propio paro.

C.O.T.- ¿No teme que por el hecho de apoyar la protesta cafetera usted o el Polo sean vinculados en los medios y en el imaginario colectivo con movimientos guerrilleros como se ha hecho en el pasado?

J.E.R.- No hay infundio que no hayan lanzado contra el Polo: que somos terroristas, de las Farc, fichas de Chávez, corruptos o que nos vamos a acabar. Nos maltratan, sin duda, porque buscamos un cambio profundo y democrático del país pero no nos vamos a silenciar. Si el Polo no acompaña a los que reclaman por causas justas y atención del Estado, entonces, ¿para qué el Polo y para qué el senador Robledo?

“Sin agro, el país se queda sin empleo”

Cecilia Orozco.- ¿Cuál cree que es la solución justa para la crisis que afecta a los cafeteros?

Senador Robledo.- Si Santos y Restrepo reducen su soberbia, tratan a los caficultores con respeto y conversan con ellos en actitud de buena voluntad, llegarán a acuerdos y se levantará el paro. Las peticiones que han hecho los manifestantes son justas y posibles de tomar: medidas realmente efectivas sobre las deudas, los créditos y los insumos, control a las importaciones del grano y, sobre todo, un alza importante, con recursos públicos, del precio interno. Esto es lo menos que debería aceptar un gobierno que no controla la revaluación del peso, fenómeno que les quita a los cafeteros el 40% de sus ingresos.

C.O.- Y ¿qué pasará con el resto del agro que también enfrenta su propia crisis?

S.R.- Al respecto solo quiero dejar planteada una preocupación más amplia que la coyuntura actual: en este pleito del gobierno con los cafeteros y en la mala política agropecuaria en general, al igual que en la pésima para la industria, se expresa un debate profundo entre quienes creen que con la sola minería Colombia puede evolucionar positivamente y quienes pensamos que si el país se queda sin agro y sin industria se queda también sin empleo y sin un futuro de auténtico progreso.

 

“Hay casi complacencia en que les vaya mal”

C.O.- ¿Cuántas familias cafeteras están, según sus cuentas, en situación económica crítica?

S.R.- Las 560 mil familias de caficultores sin excepción, están sufriendo mucho, cada una en su nivel. El país sabe que unos cuantos han vivido como príncipes del negocio del café pero ignora que lo que ha abundado en el sector es la pobreza. El 95% de los cafetales es de menos de 5 hectáreas; el 88% tiene menos de dos hectáreas. La gran mayoría de las familias gana bastante por debajo del salario mínimo. Luego, hay hambre, frustración y desesperanza. Por otro lado, apenas hay 400 cafetales de más de 50 hectáreas. Estos empresarios, incluidos los mayores, son relativamente débiles y están a años luz de tener ingresos de monopolistas. Su situación es complicada. Según me contaron, en Chinchiná mantienen productividades altas pero entre más café producen, más plata pierden. Este es un sector clave porque aporta un porcentaje grande del total de la producción y del empleo cafetero. Y me asalta una nueva preocupación: siento que hay casi complacencia entre los tecnócratas neoliberales porque les vaya mal a estos productores a quienes satanizan como ineficientes.