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La entrevista de Cecilia Orozco| 6 Feb 2010 - 10:00 pm
Cierre de la revista ‘Cambio’, golpe al periodismo de denuncia
Por: Cecilia Orozco Tascón
Foto: Daniel Gómez
María Elvira Samper y Rodrigo Pardo, en la redacción de ‘Cambio’.Y no sólo por inesperada. También porque casi nadie creyó que las razones económicas que se argumentaron para sacarla del mercado fueran las únicas. Los dos periodistas creen que hubo motivaciones políticas.
Rodrigo Pardo, ex director de la revista ‘Cambio’
“Nos botaron y nos cerraron, pero no nos equivocamos”
Cecilia Orozco Tascón.- ¿El cierre de la revista fue una decisión abrupta que se le comunicó a usted de improviso o fue informado anticipadamente?
Rodrigo Pardo García-Peña.- El año pasado supe que la junta directiva estaba evaluando lo que llama “el modelo de negocio” y que había inquietudes al respecto. De otro lado, también me llegaban rumores sobre las molestias que suscitaba el periodismo de denuncia y análisis que hacíamos. Cambio reveló, en 2009, los vínculos de Guillermo Valencia Cossio con la mafia, los acuerdos entre Colombia y Estados Unidos sobre las bases militares y el escándalo de Agro Ingreso Seguro, entre otros temas polémicos. Pensé que estos buenos resultados bastarían para que la Casa Editorial decidiera seguir adelante con la revista. Nunca me imaginé el cierre ni mucho menos mi salida de El Tiempo. Y no fui avisado con anticipación.
C.O.T.- La clausura de una revista de actualidad tan importante como ‘Cambio’ no es una decisión que se toma de un día para otro. ¿La situación económica era tan desesperada?
R.P.G-P.- No. En 2009 hubo ganancias y para 2010 ya se habían vendido más de $1.500 millones. Aunque no soy gerente, pienso que este año, con la recuperación de la economía que se espera, las utilidades de Cambio habrían podido aumentar. Además, la evaluación de un medio no se puede limitar al aspecto económico. Hay que hacer otro tipo de consideraciones, como la responsabilidad social que implica el periodismo para la democracia y el fortalecimiento del debate público.
C.O.T.- De todas maneras, se pregunta uno si un conglomerado con tanto músculo financiero como El Tiempo no hubiera podido mantener a Cambio, dado el valor de su marca. ¿El cierre tuvo que ver con las denuncias que ustedes hicieron?
R.P.G-P.- Me he estado preguntando hasta dónde el tipo de periodismo que practicábamos en Cambio, es decir, un periodismo investigativo, de denuncia, independiente, profundo, cabe en una casa editorial como El Tiempo, o en otros grupos que tengan una relación de dependencia con el poder político. Esto limita las posibilidades de existencia de una publicación como Cambio, porque mientras los propietarios necesitan cercanía con el Gobierno, el buen periodismo necesita independencia y distancia. La revista pisaba muchos callos, semana tras semana, que causaban molestias en personas del Ejecutivo.
C.O.T.- Entonces, ¿usted sí cree que el contenido de la revista influyó en la decisión de cierre?
R.P.G-P.- Sí, el contenido influyó. Lo que no sé es cuánto. Pienso que coexistían la molestia con la línea editorial y las inquietudes sobre la rentabilidad. Esto último me lo han dicho explícitamente. Lo primero, lo sospecho por indicios y por las preguntas que me hacían desde hace un tiempo. Ahora dicen que van a hacer una revista mensual. ¿Por qué María Elvira Samper y yo no podíamos hacerla? Obviamente no gustaba nuestra línea.
C.O.T.- ¿Por ser una línea crítica y de oposición?
R.P.G-P.- Por ser independiente. María Elvira y yo no creemos en la manguala entre los periodistas y el poder. Llamar a Cambio a pedir un favor, por parte de un político, o a negociar un artículo, era tiempo perdido. Lamentablemente, la cercanía entre el poder y los medios ha hecho que los gobernantes, políticos y grandes empresarios se sientan con derecho a influir en los contenidos y a negociar enfoques. Eso no pasaba en la revista. Ahora, yo sí he sido muy radical en mi crítica a la reelección y en enfatizar que la democracia se acaba cuando quien está en el poder cambia las reglas de juego a su favor.
C.O.T.- A propósito de su posición, un ex asesor del Presidente escribió en El Tiempo varias columnas contra usted. Dijo que usted era “el jefe de la bigornia”, o sea el jefe de “la banda”. ¿Vincula la molestia que se percibe en esa crítica con su salida?
R.P.G-P.- Algunas personas le atribuyen a José Obdulio Gaviria un poder muy amplio y una vocería autorizada del presidente Uribe; otros dicen que su poder es una fábula y un fenómeno sobrevaluado. Es obvio que me detesta y dicen que es un estrecho amigo de Francisco Solé, el representante del grupo Planeta en El Tiempo. Si eso tuvo que ver con mi salida, no lo puedo saber. Me imagino a José Obdulio, al presidente Uribe y a los protagonistas de los escándalos que publicamos en Cambio, como los Valencia Cossio y Andrés Felipe Arias, muy felices con mi salida y con el cierre de la revista.
C.O.T- Aunque no se lo dijeran directamente, ¿sintió que el contenido de la revista le molestaba al grupo Planeta o a algunos de los socios en particular?
R.P.G-P.- Nosotros actuábamos de manera autónoma, independiente y sin consultar a nadie. Pensaba que las muestras externas de admiración por los éxitos periodísticos del equipo de la redacción de la revista eran suficientes para asegurar la aprobación interna. No fue así.
C.O.T.- Usted es un experto periodista y en esa condición uno no se llama a engaños: detecta en el ambiente que las cosas no están marchando. ¿Tuvo sensación de aislamiento respecto del resto de la Casa Editorial?
R.P.G-P.- No. Ese tipo de sentimientos se percibían afuera. Nos hacían preguntas sobre por qué razón nos toleraban una línea editorial diferente a la de El Tiempo. También nos llegaban rumores de que me iban a botar y de que iban a cerrar la revista. Pero como eran versiones callejeras, María Elvira y yo decidimos seguir adelante con la política editorial que consideramos ética y profesionalmente correcta. Mi abuelo (Roberto García-Peña) fue director de El Tiempo durante 42 años y de él aprendí qué es periodismo y qué es democracia. En la dictadura de Rojas, a él le cerraron el periódico porque se negó a rectificar una información que afectaba al Gobierno. Creo que destapar la corrupción, defender la Constitución y criticar la concentración de poder es lo que corresponde a la tradición histórica y liberal del periódico.
C.O.T.- Entonces, ¿se equivocó?
R.P.G.-P.- Pues nos botaron y nos cerraron, pero no creo haberme equivocado. De hecho, pienso que quienes se equivocaron fueron ellos, aunque el que esté pasando un mal rato sea yo.
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