Judicial| 19 Dic 2007 - 9:44 am

Este lunes se cumplen 21 años del asesinato del director de El Espectador

Lazos familiares

Por: Redacción Judicial
Al cumplirse 21 años del asesinato del director de El Espectador Guillermo Cano, una revisión del expediente muestra varios cabos sueltos. Por ejemplo, el vínculo de quien pagó los sicarios con un hermano del asesor presidencial José Obdulio Gaviria.
Guillermo Cano
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Al revisar el enmohecido expediente afloran varias perlas nunca suficientemente aclaradas por la justicia: por ejemplo, los negocios entre el pagador de los sicarios, Luis Carlos Molina, y un hermano del asesor presidencial José Obdulio Gaviria.

Desde el miércoles 17 de diciembre de 1986, día en que fue asesinado el director de El Espectador Guillermo Cano Isaza, el país supo que detrás del magnicidio estuvo la mafia del narcotráfico. Sin embargo, y a pesar de la impunidad que caracterizó la investigación penal, 21 años después del crimen, al revisar el voluminoso y enmohecido expediente, afloran particulares nombres y verdades ocultas de una trama ilegal de dineros, dudosas transacciones y sospechosas sociedades que nunca fueron judicializadas pero que, sin duda, hicieron parte de los tentáculos del capo Pablo Escobar Gaviria y su cartel de Medellín.

A lo largo de 10 años, la investigación llegó a vincular a casi medio centenar de personas y en distintos momentos procesó directamente al capo Escobar y sus lugartenientes. No obstante, después de 12 asesinatos —entre ellos el de un magistrado, una jueza sin rostro y el abogado de la parte civil, Héctor Giraldo Gálvez—, de amenazas y exilios y de interminables trasteos del expediente, el 30 de julio de 1996, cuando concluyó el proceso, nadie quedó en prisión. Siete meses después fue capturado en Bogotá Luis Carlos Molina Yepes, el pagador de los sicarios que asesinaron a Guillermo Cano. Escasamente purgó seis años de cárcel.

Y precisamente, del millonario patrimonio y de los centenares de movimientos bancarios de Molina Yepes, insuficientemente indagados por la justicia, se desprende una maraña de hilos sueltos que, de haberse investigado a fondo, le habría evitado muchos dolores al país. Hoy, sin embargo, sirve para aclarar circunstancias y sacar a flote muchos nombres que pasaron de agache durante dos décadas. Una relación de empresarios, comerciantes, dirigentes deportivos, hacendados e integrantes del clan familiar del capo de capos, que ahora, en tiempos en que la sociedad urge verdades, ayudarían a entender por qué Escobar fue un criminal impune por tanto tiempo.

Como él mismo lo reconoció ante la justicia a sus 42 años, Luis Carlos Molina Yepes y varios de sus familiares constituyeron un emporio de negocios de propiedad raíz, comisiones, cambio de moneda extranjera, cheques, industria de carnes, importación de licores, transacciones de ganado y multimillonarias cuentas bancarias en por lo menos cuatro entidades financieras. No obstante, cuando la justicia empezó a probarle que en varios de esos negocios aparecían Escobar Gaviria, sus familiares directos y algunos de sus principales colaboradores, el 3 de marzo de 1988 Molina Yepes se evadió de las instalaciones del DAS en Medellín.

Al ratificarse con su fuga que el cheque girado a los sicarios no era una casualidad, la justicia emprendió un exhaustivo rastreo de cuentas crediticias y demás negocios de Molina, y constató múltiples circunstancias dudosas que, sin embargo, nunca se desdoblaron en nuevos expedientes. Por ejemplo, los investigadores encontraron dos extraños escenarios: un hotel de propiedad de los hermanos Gustavo, José y Luz Mila Gaviria Rivero, donde además se editaba el periódico que resaltaba las ideas de Escobar; y un frente de cuentas en una sucursal del Banco Ganadero en Medellín, en la cual colaboradores y familiares del capo también movieron dineros.

La misma semana de la fuga de Molina, la justicia ordenó una inspección judicial en tres bancos de la capital antioqueña. Así fue como, en la sucursal del Banco Ganadero en el sector de El Poblado, al requerir las carpetas de interés judicial para desentrañar el patrimonio de Molina, en la primera cuenta examinada se descubrió que estaba a nombre de Carlos Alberto Gaviria Vélez, primo hermano de Pablo Escobar Gaviria. La segunda tenía como titular a Héctor Barrientos, gerente administrativo de la hacienda Nápoles, de propiedad del capo. Este último cliente fue referenciado al banco por Carlos Alberto Gaviria.

En aquella inspección apareció una tercera cuenta, también a nombre de Carlos Alberto Gaviria Vélez, esta vez con Luis Javier Castaño Ochoa. Al día siguiente, a comienzos de marzo de 1988, el juez 33 de Instrucción Criminal, Luis Malagón, envió un oficio al DAS para que agentes de ese organismo de inteligencia llevaran a su despacho, para escuchar sus explicaciones sobre las cuentas, a Carlos Alberto Gaviria y Héctor Barrientos, así como a Ubiel Ospina, Roberto Pastor Morales, Humberto Quintero y Jorge de Jesús Pizano. Al mismo tiempo pidió a la Registraduría sus tarjetas decadactilares (ver facsímiles).

No obstante, al menos en el caso de Carlos Alberto Gaviria Vélez, nunca compareció ante la justicia. Hoy, a sus 60 años, reconoce que tuvo cuentas en esa sucursal del Banco Ganadero pero que no recuerda los detalles. Admite que conoció y tuvo negocios con Luis Carlos Molina Yepes y Héctor Barrientos, sin embargo, dice, se desligó de ellos hace muchos años. Carlos Alberto Gaviria es el hermano mayor del consejero presidencial José Obdulio Gaviria Vélez, quien como él ha sostenido con vehemencia que eran primos de Pablo Escobar, hijos de dos hermanos, pero que ambas familias nunca tuvieron negocios y siempre fueron muy distantes.

Según el hijo mayor de los Gaviria Vélez, desde hace 20 años se ha dedicado a asuntos financieros trabajando en compañías de seguros, bancos y el sector cooperativo. De hecho, entre el 11 de noviembre de 2001 y el 30 de noviembre de 2003 ofició como gerente regional del Banco Agrario en Antioquia. En el primer semestre de 2007 se dejó picar por el bicho de la política y se lanzó como candidato al Concejo de Guatapé (Antioquia) por el Partido Conservador. Sólo obtuvo 86 votos y se quemó. Hoy, está dedicado a comercializar alambres de energía. “No soy político y prefiero mis actividades privadas”, añade.

En diálogo con El Espectador, Gaviria Vélez concluyó: “si el tema de mis hermanos Luis Mario y Jorge (procesados por narcotráfico en EU) es muy desafortunado, ahora lo es para mí que se hagan conjeturas mías respecto al caso de Guillermo Cano. La verdad, yo recuerdo más a María Cano, la líder obrera, y definitivamente el estigma de Pablo Escobar nos va a acompañar toda la vida. Yo no lo niego, lo conocí en mi infancia, pero también soy familiar de un ex alcalde de Medellín y un monseñor de la Iglesia. Esto también sucede porque soy hermano de José Obdulio, pues como decía Cochise, ‘en Colombia la gente se muere más de envidia que de cáncer’ ”.

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