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Cultivos urbanos

En las grandes ciudades se adelantan proyectos que usan terrazas, botellas de plástico y hasta neumáticos, para que la población menos favorecida cultive alimentos que sirvan para el autoconsumo y la comercialización.

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Angélica Gallón Salazar
26 de diciembre de 2007 - 01:22 p. m.
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Si las ciudades parecen hoy en día atestadas e insoportables por la sobrepoblación, ¿cómo será si, según la FAO, en 2030 el 60% de la población de los países en desarrollo que se encuentra en áreas rurales se desplazará hacia las urbes?

La cifra encierra una gran preocupación, sobre todo en términos de seguridad alimentaria. Si se tiene en cuenta que cerca de 1.200 millones de personas en la actualidad viven con menos de un dólar al día y otros 3.000 millones lo hacen con menos de dos dólares diarios, con esta migración masiva a las ciudades ¿podríamos estar ad portas de un flagelo de miseria y hambre en las grandes urbes?

Ante este panorama, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), varios gobiernos locales e incluso la empresa privada, están aunando esfuerzos para que la población mundial de escasos recursos que vive en las ciudades tenga nuevas alternativas para adquirir buenos alimentos a precios razonables y, al tiempo, cuente con la posibilidad de lograr fuentes adicionales de ingresos.

En el reciente informe La agricultura urbana y periurbana. Alternativas productivas para la seguridad alimentaria, Gustavo Gordillo, subdirector general de la FAO, asegura que en muchos países en desarrollo los pobres urbanos gastan el 60% o más de sus ingresos en comida. “El índice de pobreza en muchas ciudades está aumentando, y una proporción cada vez mayor de residentes urbanos encuentra dificultades para acceder a los alimentos que necesitan”, explica Gordillo.

Por esta razón, desde hace ya unos años se ha implementado en países como República del Congo, Namibia, Brasil, Costa Rica, Perú, Ecuador, Venezuela y Colombia el proyecto de “agricultura urbana” o “ciudades verdes”, que consiste en “aprovechar pequeñas superficies como solares, parques o azoteas, en los que se usan botellas de agua recicladas o neumáticos viejos como recipientes para cultivar microhuertos o incluso criar animales de granja”, explica Rolando Higuita director del Jardín Botánico de Bogotá y quien ha liderado junto con la Alcaldía Mayor experiencias de cultivos urbanos con más de 35 mil personas en todo el Distrito.

Según la FAO, cada uno de estos “huertos” familiares produce en promedio al mes cerca de 25 kilogramos de verduras como lechugas, fríjoles, tomates y cebollas que se usan para el autoconsumo, mientras que los excedentes se venden a los vecinos o a cooperativas.

“Esta actividad entra a complementar el ingreso de las familias”, asegura Higuita. “Si hablamos de una familia que por lo menos recibe un salario mínimo al mes y si cuenta con aproximadamente 100 metros cuadrados podría generar alrededor de $100.000 mensuales, que pueden ser ingresos directos o gastos que se evitan”, añade Higuita, quien afirma que al final del año esta actividad genera un ingreso superior a un salario mínimo anual, “lo que significa que aporta una doceava parte más del ingreso que normalmente reciben”.

Así, producir alimentos en casa reduce el gasto para las familias pobres, pone más alimentos a su alcance y reduce la escasez estacional de productos frescos. También, al incrementar la diversidad y calidad de los alimentos consumidos, puede mejorar de forma significativa la calidad de la dieta.

“Lo que se ha encontrado en estudios es que los problemas de desnutrición urbana no son estrictamente por el acceso a los alimentos, sino además problemas de hábitos en la nutrición”, dice Higuita. Por eso “hemos desarrollado una lista de 60 especies, entre las que se cuentan hortalizas, plantas medicinales y frutales, escogencia que hace énfasis en mejorar y complementar las condiciones nutricionales”.

Finalmente, el proyecto de agricultura urbana también trae beneficios relacionados con el mejoramiento de las condiciones de ciertos terrenos y con los programas de restauración del tejido social.

Las urbes verdes del mundo


*En Dodoma, la capital de Tanzania, 650 hectáreas son utilizadas para la producción de hortalizas, proporcionando ingresos a 4.000 campesinos.

*Gracias a un proyecto de la FAO en Dakar, Senegal, los huertos de tomates de un metro cuadrado en las azoteas producen entre 18 y 30 kilogramos de tomates al año.

*En la República Democrática del Congo, la FAO trabaja para convertir 800 hectáreas de superficie urbana en huertos familiares, con el fin de producir verduras frescas —e ingresos extras— a cerca de 1.000 familias.

Por Angélica Gallón Salazar

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