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Travesuras de un ‘operador infiel’

El engaño millonario al banco Société Générale hizo que un hombre aparentemente del montón sacudiera como nunca el sector bancario europeo. Su testimonio y el del banco revelan cómo lo hizo.

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Juan Camilo Maldonado Tovar
05 de febrero de 2008 - 03:21 p. m.
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Una sola llamada bastó para dañarle las vacaciones a Jérôme Kerviel. El joven y tímido operador bursátil descansaba en Normandía cuando, al otro lado de la línea, uno de sus superiores en el banco Société Générale lo conminó  a volver de inmediato a París. Sus jefes habían descubierto escandalosas irregularidades en sus posiciones sobre el mercado de futuros de las acciones europeas. Debido a esto, el banco, el segundo más grande de Francia, se arriesgaba a perder unos 70.000 millones de dólares.

El sábado 19 de enero, como días después reconocería el banco, Kerviel confesó ante las directivas de la entidad haber creado operaciones ficticias para ocultar el riesgo en sus operaciones. Ante el inminente peligro, y con un hermetismo que después causaría un serio malestar en el presidente francés, Nicolás Sarkozy, Société Génerale inició el lunes la lenta liquidación de sus posiciones en los principales mercados europeos. Al final de la jornada, y sin que aún el público lo supiera, el banco había perdido 4.900 millones de euros.

A los tres días, Société Génerale, cuyo valor se estima en 51.000 millones de euros,   anunció el fraude al mundo y reveló la manera en que Kerviel, a sus 31 años, se había convertido  en el responsable de  la más grande pérdida que un banco haya sufrido en  el mercado de valores.

El gran truco

Tras varios días de silencio, el sábado pasado Kerviel se entregó a la policía francesa y comenzó un interrogatorio de 48 horas. “Al comienzo no tenía ilusiones —le dijo al fiscal Jean-Claude Marin—, supe desde la primera entrevista en 2005 que no eran tan bien considerado por culpa de mi grado universitario y mi experiencia profesional, ya que era el único que había llegado al front office vía middle office”.

En la jerga del sector financiero, el middle office es el sector de administración interna de un banco y se encarga, entre otras cosas, del control de los operadores experimentados que trabajan de frente al público, en  el front office.  En el  middle son monitoreadas las miles de operaciones que se realizan a diario y que garantizan que los traders no se pasen de sus cuotas de riesgo. Paradójicamente, fueron sus cinco años de experiencia en esta área, antes de ser contratado en el front, los que le permitieron a Kerviel desarrollar mecanismos para intervenir los sofisticados programas de control de las transacciones y lograr así durante más de un año realizar operaciones ficticias sin que lo detectaran.

“Yo, sobre todo, quería que el banco ganara dinero, nunca quise volverme rico”, afirmó Kerviel en el interrogatorio, cuya transcripción fue publicada esta semana  en la página virtual del diario parisino Le Monde. Sin embargo, Kerviel tenía incentivos adicionales: en Société Générale, los operadores reciben bonos calculados con base en la cantidad de ganancias que le generan a su institución. En su caso, el operador iba tras una bonificación de 300 mil euros, que se añadirían a los 100 mil que ganaba anualmente y que le permitían costearse un lujoso apartamento en el más elegante sector de París: Neuilly sur Seine.

El jueves 24 de enero, las directivas del banco describieron en un comunicado de cinco páginas el accionar del trader. Los espacios en blanco fueron luego llenados por el operador durante el interrogatorio. En la oficina de arbitraje, donde Kerviel fue contratado en 2005, su papel era considerado de bajo perfil: debía mantener el riesgo por debajo de los 500 mil euros y generar ganancias para el banco de 10 a 15 millones de euros al mes, invirtiendo en portafolios que apostaban en direcciones opuestas las subidas y bajadas del mercado de futuros en las bolsas europeas. Siguiendo rigurosamente estas reglas de juego, el banco garantizaba que el riesgo se minimizara.

Pero Kerviel no hizo caso. En vez de realizar apuestas de doble vía, donde un mercado subiría y otro bajaría, se dedicó a realizar apuestas arriesgadas y amplias en una sola dirección. Para que no lo descubrieran, el operador se valió de su conocimiento de los sistemas de control para crear operaciones ficticias, donde no había intercambio de dinero —como los “forwards”— y las almacenaba en un nuevo portafolio. Esto le permitía ampliar su margen de apuesta, que llegó a alcanzar los 50.000 millones de euros, mientras engañaba a los sistemas de control aparentando un supuesto equilibrio.

“Yo suministraba documentos falsos en estas operaciones, e-mails falsos. Creaba un correo electrónico y utilizaba características de nuestro sistema —en particular, una que me permitía reutilizar el encabezado de un correo que me hubiera sido enviado, para luego cambiar el contenido del mensaje y hacerlo ver tal como un original—”, confesó.

Kerviel, a quien siempre se le vio madrugando y trasnochando, tomaba pocas vacaciones y a veces pasaba por un empleado en exceso “adulador”, es hoy considerado, gracias a esta técnica escurridiza,  un mago y un criminal, un “operador infiel”, según los medios, y un “maestro del fraude, genio de la computación”, como lo describió el gobernador del Banco Central de Francia.

Reproches Mutuos

Mientras muchos dudan que, sin ninguna ayuda, un solo individuo pueda haber logrado exponer un banco a un riesgo de 50.000 millones de euros, Société Générale ha insistido en la responsabilidad exclusiva de su operador y no ha encontrado mayores responsables. Hasta el punto que la junta directiva se rehusó el miércoles a despedir a su presidente, Daniel Bouton, pese al reproche del presidente Nicolás Sarkozy, quien en días anteriores sugirió su renuncia.

Kerviel, por su parte, sostuvo en la indagatoria que sus superiores tenían plena conciencia de que estaba excediendo los límites autorizados, y que ha sido utilizado como chivo expiatorio para esconder responsables de pérdidas ocasionadas por la crisis del mercado hipotecario en EE.UU. “A mí me incentivaron a tomar posiciones”, afirmó. “E incluso el hecho de no haber tomado vacaciones durante 2007 debió alertar a la gerencia… un operador que no toma vacaciones es un operador que no quiere que nadie más vea sus libros”.

El operador fue puesto en libertad condicional el lunes pasado. Ahora enfrenta cargos por abuso de confianza, falsificación de documentos e intromisión en un sistema de datos informáticos. Sin embargo, los cargos por estafa fueron retirados. Entre tanto, el banco, con la pérdida millonaria, se encuentra acechado por las grandes entidades bancarias europeas, que se han encontrado con la negativa francesa a vender la institución.

La historia no termina. Durante las próximas semanas seguirán las investigaciones, se definirá el plan para salvar el banco y se decidirá la suerte de este joven operador, que para algunos es hoy un genio consagrado, y para otros, el arquetipo de la corrupción a la que lleva la codicia.

El hombre que quebró un banco

El escándalo de Kerviel revivió los recuerdos del caso Leeson, considerado hace un mes el más grave en la historia de los desfalcos financieros. A comienzos de los noventa, Nick Leeson, operador de la filial en Singapur del banco británico Bearings, ocultó un gigantesco número de operaciones de futuros en mercados de Asia. Leeson causó la pérdida de US$ 1.300 millones y la consecuente quiebra de la institución.

Tras el escándalo, el Banco Bearings, que cumplía 233 años de antigüedad y contaba como depositante a la Reina Isabel, fue comprado por el banco holandés ING por una libra esterlina. Leeson, tras seis años de cárcel en Singapur, vive hoy en Irlanda, es director comercial del Galway United Footbal Club y autor de dos libros sobre su vida. El primero fue adaptado al cine, y se convirtió en “Rogue Trader”, protagonizada en 1999 por Ewan McGregor (The big fish).

El control del mercado de valores en Colombia

En Colombia, cualquier banco puede comprar y vender activos en el mercado de valores, de la misma manera que lo hacen los comisionistas de bolsa, los fondos de pensiones, entre otros agentes que intervienen en el mercado. De hecho, es a través de esta actividad mediante la cual se genera una parte importante de sus utilidades.

“Parte esencial del negocio financiero es la asunción y administración de riesgos. Todas las operaciones activas que realiza una entidad financiera implican la toma de riesgos”, señala Mauricio Rosillo, presidente del Autorregulador del Mercado de Valores de Colombia (AMV). Sin embargo, no todas las entidades toman el mismo tipo de riesgos ni los administran de la misma manera.

En Colombia, la Superintendencia Financiera se encarga de establecer el marco regulatorio que permite a las empresas administrar los riesgos operacionales, de crédito y mercado. Junto a la Superintendencia, el Autorregulador de Valores de Colombia pacta las reglas de juego, supervisa, monitorea y sanciona a todos los intermediarios que operan en el mercado de valores. En el caso de instituciones bancarias o fondos de pensiones, que se deben a sus accionistas y ahorradores, las herramientas de control interno y la transparencia en las transacciones son vitales para prevenir desfalcos como el descubierto en París la semana pasada.

En la actualidad, el AMV lleva a cabo alrededor de 40 investigaciones disciplinarias, que oscilan entre el incumplimiento a normas técnicas hasta casos graves como estafas, indebida asesoría y utilización de información privilegiada. “Este es un mercado que ha ganado mucho en transparencia y en elevación de estándares en los últimos años”, afirma el presidente de AMV, quien adelanta un exigente proceso de certificación de todos los operadores del mercado de valores, que se estiman en 3.000 personas.

Rosillo concluye que el país está lejos de ser susceptible a un fraude de la magnitud de Société Générale: “El mercado de valores está en vías de desarrollo en Colombia y el uso de instrumentos derivados aún es incipiente. Pero es vital que las instituciones financieras sigan trabajando en la profesionalización y consolidación de las herramientas disponibles para administrar los riegos inherentes a sus negocios, así como en el desarrollo de mecanismo de control”.

Por Juan Camilo Maldonado Tovar

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