El camarada Ramón

Los organismos de seguridad de Colombia acusan al ministro del Interior y Justicia de Venezuela de hacerle guerra sucia a la seguridad democrática de Álvaro Uribe y de auspiciar un movimiento de izquierda radical.

Un capitán, amigo suyo, lo define así: “Ramón es el rey del mimetismo”. Y añade: “con todas las significaciones que pueda implicar ese término”. Así fue a lo largo de 25 años de vida militar, hasta que el destino le atravesó al teniente coronel Hugo Chávez Frías. Entonces los efectos de su poder dejaron de pasar desapercibidos.

Los documentos que reposan en los archivos de las agencias de inteligencia colombianas, bajo el título “Capitán de Navío Ramón Emilio Rodríguez Chacín”, no son simples perfiles de registro sino, más bien, expedientes en actualización permanente. Uno de los que conoció El Espectador tiene, en cabezote y a pie de página, el sello de “secreto”. Lo preside una fotografía suya escaneada, en un primer plano en el que sobresalen cabeza rapada, lentes transparentes, mirada escrutadora, rostro lacerado, comisuras de la boca no horizontales sino apuntando hacia abajo, el anillo dorado que lo delata como zurdo y, de fondo, la bandera de Venezuela.

El último reporte incluye tres anotaciones de enero de 2008, dos de ellas contundentes: “Desarrollará una estrategia de descrédito de la política de seguridad democrática del Gobierno Nacional como represalia a la nota de protesta elevada por la Cancillería colombiana”. La segunda no es menos fuerte: “El Gobierno venezolano, bajo su dirección personal, trabaja en la estructuración y creación, en Venezuela y posteriormente en otros países como Colombia, Ecuador, Brasil y Nicaragua, de una organización fachada llamada ‘Batallón Socialista Internacional La Patria Grande’, el cual en realidad será una agrupación llamada ‘Comando Específico Bolivariano’, dirigido por los servicios de inteligencia e integrantes de las Redes Bolivarianas, para extender el proceso chavista”.

De tales documentos surge la pregunta: ¿Por qué el hoy ministro del Interior y Justicia de Venezuela trasnocha a los agentes secretos colombianos? Las primeras anotaciones de su nombre coinciden con las primeras que se hicieron de Hugo Chávez, porque los dos participaron en 1992 en el fallido golpe militar contra Carlos Andrés Pérez. Fue en la cárcel donde sus vidas y sus pensamientos se cruzaron para, luego de dos años, crear la fuerza bolivariana que terminó dominando en Venezuela y alimentando los archivos reservados en Colombia.

A punta de teléfono, primero, y con tiquetes regalados, después, juntos hicieron los contactos internacionales con ex militares y líderes de izquierda para buscar afinidades ideológicas en la región. Juntos estuvieron en Santa Marta, en la quinta de San Pedro Alejandrino, para firmar un pacto político-militar bolivariano. Un oficial colombiano que los acompañó dice que desde entonces era evidente que “Hugo era el dueño del discurso caudillista y Ramón el de la telaraña logística”.

Osados, para 1995 el teniente coronel ya había asistido en San Salvador al encuentro anual del Foro de Sao Paulo, fundado por Fidel Castro como escenario unificador de la izquierda latinoamericana. Allí conoció a un vocero de las Farc mientras el capitán de navío recorría otra vez los ríos limítrofes con Colombia para hacer contacto directo con los insurgentes a los que había combatido en los años 80.

En 1989 fue comprometido con la muerte de 14 pescadores en el poblado de El Amparo, en la frontera con Colombia, hecho por el cual el gobierno venezolano fue condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El historiador y dirigente de derechos humanos Walter Márquez ha reclamado que el capitán sea procesado como autor material.

Cuando Chávez asumió el poder, en febrero de 1999, Rodríguez Chacín ya tenía contactos directos y permanentes con guerrilleros del Eln y de las Farc, así como la radiografía de qué comandantes podían ser considerados aliados o traidores dentro de las Fuerzas Armadas de su país. Fue nombrado subdirector del servicio secreto Disip, donde desplegó sus operaciones encubiertas (ver recuadro). Como tenía línea directa con el Presidente, entró en disputa con el director de la Disip, Jesús Urdaneta Hernández, quien a mediados de 2000 lo acusó de entregar, con autorización del Palacio de Miraflores, 300 mil dólares a las Farc.

De esta forma se habría formalizado un acuerdo de no agresión llamado “Frontera” que, según la periodista venezolana Patricia Poleo, implicó para los alzados en armas libre tránsito, campamentos, intercambio de armas por entrenamiento, cedulación de familias enteras, protección oficial, cupos universitarios, así como empleos en entidades estatales y canalización de recursos a través de fundaciones.

Desde hace diez años es el encargado de movilizar a los guerrilleros que pasan por Venezuela, sea por iniciativa propia, de su gobierno o por petición del Gobierno colombiano. Durante la presidencia de Andrés Pastrana, siempre que hubo diálogos con el Eln, en Caracas, en Isla Margarita o hasta en una misteriosa casa a dos horas del aeropuerto de Maiquetía, fue este hombre quien recogió en el aeropuerto a los delegados colombianos, los transportó, los acomodó, les brindó seguridad y los despidió sin participar nunca en las discusiones o en las cenas. Un delegado colombiano lo recuerda como “ese señor, de hablar lento y coloquial que es la definición perfecta del bajo perfil”.

Parecía nunca haber entrado en confianza, pero aprovechó cada uno de los contactos para ingresar varias veces a Colombia en forma clandestina, lo que desembocó en una queja del Palacio de Nariño al de Miraflores. Entró seis veces en 1999 y ocho veces durante 2000. Unas en vuelos de Avianca, como el 079 de un 22 de febrero, con el pasaporte 3169119; otras en avión privado. Jefes guerrilleros como Antonio García, Pablo Beltrán, Óscar Santos y Milton Hernández, por el Eln, y Raúl Reyes, Iván Márquez, Andrés París y Rodrigo Granda, de las Farc, han sido sus invitados en hoteles caraqueños como El Conde o en urbanizaciones como El Marqués.

El 21 de noviembre de 2000 llevó personalmente a Olga Marín y Hernán Ramírez, voceros internacionales de las Farc que tenían visa especial, a un foro al Palacio Legislativo y los acomodó en la sillas destinadas a los ex presidentes, para que hablaran contra el Plan Colombia mientras lucían gorras verdes con el letrero blanco Farc-Ep.

De ahí que no sea sorprendente que durante la liberación de Clara Rojas y Consuelo Perdomo les haya dicho a los guerrilleros de las Farc, frente a las cámaras de Telesur: “Estamos muy pendientes de su lucha, mantengan ese espíritu, mantengan esa fuerza y cuenten con nosotros”.

A pesar de los antecedentes, el capitán asumió como ministro del Interior y Justicia en enero de 2002 y su poder se hizo cada vez más evidente. Al especialista en inteligencia y operaciones de rescate empezaron a verlo acompañado por una numerosa escolta de la que hacen parte amigos suyos de la Armada, graduados en lucha cuerpo a cuerpo, y hasta un campeón nacional de karate. Lo apodaron “el doble cedulado” porque ha asumido otras identidades, por ejemplo Rafael Alberto Montenegro, y les ofrece cédulas venezolanas a amigos del gobierno, sin importar si son políticos o guerrilleros, cubanos o colombianos.

Tres meses después, el 11 de abril, ocurrió la intentona golpista contra Chávez y Chacín fue detenido en la urbanización Santa Fe, al sureste de Caracas, por orden del transitorio presidente Pedro Carmona. Cerca de 200 de sus vecinos de clase media alta ayudaron a golpearlo mientras lo subían a un patrulla policial.

Cuando su amigo recuperó el poder, fue relevado del ministerio y se dedicó a su finca de 500 hectáreas, por la que pagó 800 mil dólares en efectivo, según le reveló al analista Roberto Giusti el diputado Jesús Garrido.

Ahora sus controvertidas misiones con la guerrilla no son su principal preocupación. Luego de que el presidente venezolano perdiera el referendo a finales del año pasado, lo que fortaleció a la oposición y generó una guerra de facciones dentro del oficialismo, Chávez lo sacó de su hobby ganadero para que asumiera como “Coordinador especial” de la liberación de los políticos secuestrados por las Farc. Rodríguez Chacín superó su aversión a los micrófonos y se unió a su “comandante en jefe” para pedir a la comunidad internacional que las Farc y el Eln sean borrados de las listas de grupos terroristas y les sea concedido el estatus de beligerancia.

Le fue tan bien que en enero pasado se posesionó de nuevo como ministro del Interior para que su mano dura le devuelva el orden al país. Recibió autorización para valerse no sólo de la Fuerza Armada Nacional, sino de las reservas agrupadas en las Fuerzas Bolivarianas de Liberación y agentes secretos cubanos a los que se les legalizó la residencia a través de la Dirección de Extranjería, según denunció el ex director de esa entidad, general Marcos Ferreira.

Empezó anunciando que, dentro del espíritu socialista, convertirá la Policía en “revolucionaria, insurgente y subversiva”. El analista Teodoro Petkoff lo acusó de estar detrás de una serie de atentados terroristas ocurridos durante los últimos dos meses. “Es un discípulo aventajado del Júpiter Tonante... con estilo brutal y, en el fondo, terrorista porque está dirigido a infundir miedo”.

El Espectador le pidió al Ministerio del Poder Popular de la Presidencia del vecino país una entrevista con Rodríguez Chacín para hablar de estos temas y no recibió respuesta alguna. Fuentes cercanas al ministro dijeron que “no acostumbra prestarles atención a los informes de inteligencia colombianos” porque tiene preocupaciones más importantes, como la seguridad interna y el lanzamiento oficial, este 8 de marzo, del Partido Socialista Unido de Venezuela.

En todo caso, la inteligencia colombiana ve en él al Vladimiro Montesinos que tuvo el gobierno peruano de Alberto Fujimori y cree que su papel “tiene trascendentales consecuencias para las relaciones entre Colombia y Venezuela”.

Noviembre de 1999: Logra que la guerrilla libere a la estudiante Mely Alejandra Carrero, secuestrada cinco meses antes en San Cristóbal.

Abril de 2000: Canjea a seis civiles venezolanos (Agustín Quiroz, Giácomo Sofiaturo, Raúl Manuel Coello, Shamin Muhamad, Ruy Sánchez Patiño y Enrique López Franco), secuestrados por las Farc, por dos guerrilleros de las Farc (Camilo y Marco Tulio Bateca Rivero) y uno del Eln detenidos.

Junio de 2000: Coordina una misión humanitaria, con participación de la Cruz Roja Internacional y autorización del gobierno de Andrés Pastrana, para el rescate del guerrillero del Eln Carlos Buenahora, herido en combate en Colombia, y su traslado hacia Cuba, haciendo escala en Venezuela.

Diciembre de 2000: Viaja a la zona de distensión de San Vicente del Caguán y formaliza ante las Farc su papel de enlace con el gobierno de Venezuela.

Marzo de 2001: Consigue la liberación del industrial Antonio Nagen, luego de dos años de secuestrado por el Eln.

Marzo de 2001: Intercede para evitar la deportación del guerrillero del Eln José María Ballestas, detenido por la Interpol como responsable del secuestro de un avión de Avianca con 41 ocupantes, en abril de 1999.

Enero de 2002: Organiza el ingreso y residencia en Venezuela de la esposa y la hija del vocero de las Farc Rodrigo Granda.

Noviembre de 2007: Aloja en un centro de recreo de su propiedad, en el estado de Barinas, a los guerrilleros Rodrigo Granda e Iván Márquez.

Julio de 2002: A través de la Cruz Roja recibe de un grupo paramilitar, en Puerto Gaitán (Meta), al empresario Richard Boulton, secuestrado dos años antes en la frontera.

Roberto Giusti / Analista venezolano

“El ministro Rodríguez Chacín es un hombre acomodaticio. Trabaja con oficiales de la marina y aviación que, apoyando a Chávez, más bien se cuadran a la derecha. Logró el rescate de tres o cuatro secuestrados, previo pago del rescate, y propuso a Chávez (hay pruebas documentales) apoyar a las Farc con facilidades de paso, apoyo económico y otros recursos, a cambio de que no actuaran en Venezuela”.

Carlos Lozano / Director del semanario ‘Voz’

“Es un hombre muy de la confianza de Hugo Chávez y ha jugado un papel bastante importante. Aunque no lo conozco bien, me parece que hay que valorarlo como un mediador que ha jugado un papel en favor de un posible acuerdo humanitario entre el Gobierno colombiano y las Farc. Es un interlocutor válido que ha demostrado su eficacia y la gente hay que medirla por sus resultados”.

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