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hace 35 mins

Pulso por el poder y desafío a la violencia

Las elecciones del 28 de octubre constituyen el primer debate en las urnas de cara a las presidenciales y parlamentarias de 2010. Polo Democrático y uribismo miden fuerzas, los partidos tradicionales buscan recuperarse y el país tendrá que demostrar su avance frente a violentos y corruptos.

Las elecciones locales y regionales de este domingo constituyen un histórico pulso por el poder político. Casi 20 años después de formalizada la elección popular de alcaldes y en un escenario nacional donde el bipartidismo tradicional es recuerdo de otros tiempos, los ciudadanos vuelven a las urnas para resolver trascendentales dilemas en su lucha contra los violentos, los corruptos, las clientelas y otros males de la democracia colombiana.

Sin duda, como coinciden todos los analistas, el primer interrogante por resolver es la disputa entre el Polo Democrático y organizaciones afines y el uribismo en sus distintas expresiones y matices. Por eso, la justa electoral de este domingo representa el primer lance hacia la lucha por el poder en 2010. De ahí el protagonismo que terminó tomando la agresiva campaña por la Alcaldía de Bogotá entre Samuel Moreno, candidato del Polo y Enrique Peñalosa, apoyado por la mayoría de fuerzas uribistas.

"El futuro político inmediato de la izquierda en Colombia se define este domingo y el Polo se juega la vida en Bogotá", observó el escritor y politólogo de la Universidad del Rosario Enrique Serrano, opinión compartida por la politóloga de la Universidad de los Andes Elizabeth Úngar, quien de forma pragmática corrobora esta expectativa: "Si el Polo pierde en Bogotá, sus posibilidades de supervivencia para las elecciones de 2010 se complican y será muy difícil su reorganización".

Es tan claro lo que está en juego en la capital, que el senador del Polo Jorge Robledo, a pesar de resaltar la participación de esta colectividad en todo el país, define hacia donde apuntan. "El Polo está muy satisfecho con el desarrollo del proceso electoral porque tiene 641 candidatos a los concejos, 27 a las asambleas y otros tantos a alcaldías y gobernaciones. Y vamos a obtener dos triunfos clave: la Gobernación de Nariño y la Alcaldía de Bogotá. Nos estamos preparando para la Presidencia de 2010".

No obstante, del lado uribista también la tienen clara y sus dirigentes están dispuestos a recuperar el terreno cedido en las elecciones de 2003. "El Polo izó bandera ganando la Alcaldía de Bogotá hace cuatro años. Su situación con miras a 2010 depende en buena medida de que repitan con ese triunfo. Por eso es vital oponerse", manifestó el senador Carlos García Orjuela, presidente del Partido de la U, un movimiento con turbulencias internas que busca en estos comicios la consolidación como primera fuerza uribista. García Orjuela cree también que "hay que detener en las urnas la presión e influencia de los grupos armados".

Menos dramático y algo triunfalista se muestra el secretario general del partido Cambio Radical, Antonio Álvarez Lleras, quien manifiesta: "Si pierde Peñalosa, el uribismo se afecta pero no tanto. Creo que se afecta más la ciudad que la política". Sin embargo, como todas las colectividades políticas, resalta la importancia de este domingo: "Es una jornada definitiva para configurar el mapa político hacia las elecciones de Congreso y presidenciales de 2010".

La politóloga Elizabeth Úngar lo exalta con nombre propio: "En el caso específico del senador Germán Vargas Lleras, jefe máximo de Cambio Radical, es determinante lo que pueda suceder con su movimiento en estas elecciones, no solamente para su inocultable aspiración a la Presidencia, sino para consolidarse como una carta fuerte frente a una eventual nueva candidatura y aspiración reeleccionista del presidente Álvaro Uribe Vélez".

Recuperar lo perdido

Al margen de la confrontación Polo-uribismo, otras fuerzas hacen sus propios cálculos. Por ejemplo, el Partido Liberal está dispuesto a recuperar las mayorías, que hasta la irrupción de la disidencia de Uribe fue la característica electoral del país en las últimas tres décadas. De hecho, en esta ocasión inscribió 1667 candidatos más respecto a 2003, y este repunte está encaminado a obtener el mayor número de gobernaciones, alcaldías, diputados, curules en concejos e incluso en juntas administradoras locales.

El ex presidente César Gaviria, máximo jefe de la colectividad, reconoce así sus expectativas para este domingo: "Consolidar el liberalismo como partido, aumentar la votación y hacer efectivos avances y triunfos específicos: las gobernaciones de Atlántico, Santander, Cundinamarca, Caldas, Risaralda, Arauca y Caquetá, entre otras. Y definitivamente, recuperar la Costa Atlántica". En estas pretensiones se formaliza la intención del liberalismo de reacomodarse para 2010.

Y para no perder su talante actual de oposición al uribismo, la senadora liberal Cecilia López, agrega otros objetivos: "Estas elecciones van a demostrar si la seguridad democrática funciona o no. Además son los primeros comicios después del escándalo de la parapolítica, y habrá de verse si se acabó esta influencia y otras formas de clientelismo armado o burocrático, en unas elecciones donde han abundado la trashumancia electoral, la compra de votos y otros males de nuestra democracia".

Los conservadores también hacen sus propias cuentas. Esencialmente situarse por encima de los partidos de oposición y medirse frente a las demás fuerzas uribistas, también pensando en candidato propio a las presidenciales de 2010. Incluso, el actual presidente de la colectividad, Efraín Cepeda, se arriesga a aventurar nombres: "Ahí están Carlos Rodado, Sabas Pretelt, Fernando Araújo, Carlos Holguín, Fabio Valencia y hasta Andrés Felipe Arias. Estas elecciones nos van a servir para evaluarnos como partido y como bloque uribista".

En términos generales, como lo resume el politólogo de la Universidad Javeriana de Cali Fernando Giraldo, esta disputa electoral define las primeras cartas para 2010 y pone a prueba al país respecto a la evidencia de si el Estado ha logrado recuperarse frente al avance de los corruptos y los violentos. Además, según Giraldo, se pone a prueba la reforma política de 2003, pues quedará claro si el sistema de partidos se consolida o persiste la dispersión de fuerzas políticas.

Amenaza armada

Más allá del plano puramente electoral y político, no cabe duda de que las elecciones de este domingo tienen significados adicionales. Por ejemplo, la analista Claudia López exalta uno: los comicios deberán probar si la judicialización del fenómeno de la parapolítica tuvo o no algún efecto. Además y en contraste con un debate político donde afloraron centenares de denuncias y señalamientos, deberá demostrar si la institucionalidad ha logrado contener el avance de la infiltración de los grupos ilegales en actividades políticas.

Como lo resalta el trabajo adelantado por la Misión de Observación Electoral -MOE-, "garantizar elecciones transparentes en Colombia no es tarea fácil", pues una larga trayectoria de clientelismo político, serias debilidades institucionales y un conflicto armado violento y complejo, no constituyen "el panorama ideal para garantizar que las elecciones reflejen libremente la voluntad popular".

El organismo elaboró un detallado informe de 220 páginas, que constituye un valioso manual para avanzar hacia la transparencia electoral. En él, se advierten las necesidades esenciales para esta y futuras elecciones, a fin de cerrarles el paso a los violentos y los corruptos. Por eso hay temas básicos a tener en cuenta:

En primer lugar, garantizar la seguridad de los votantes, pues a pesar de los avances de la seguridad democrática, aún hay vínculos de poder local o fuerza pública con grupos armados o paramilitares emergentes. En segundo término, es claro que deben promoverse cambios legales para castigar a los políticos involucrados en transgresiones a las leyes electorales. Sólo así será viable un debate libre de vicios, trampas y componendas para constreñir a los electores o falsear los resultados.

Finalmente, es necesario avanzar hacia la tecnificación de las elecciones y hacia la urgencia de establecer controles absolutos a las fuentes de financiación de las campañas. Hay avances en ambas materias, pero está claro que todavía subsisten incontables anomalías. Aún así, este domingo 28 de octubre, la democracia colombiana vuelve a probarse y más allá de las presiones de la guerrilla, el paramilitarismo o el narcotráfico, debe recuperar con el voto lo perdido con las armas.