Sueños en las tablas

La actriz colombiana Laura Riveros es fiel representante del país en el teatro neoyorquino.

Las luces se encendieron, todo estaba listo; los micrófonos, las cámaras y los telones colgaban frente a las almas expectantes de un show sin precedentes. Del otro lado, ella aún no entendía por qué tras aquella cortina alta, magna y ostentosa se escuchaban tantos susurros mezclados con aplausos. En todo caso, a sus cuatro años sólo lograban despistarla y llevarla cada segundo a un mundo paralelo de historias que ella misma había creado. Ese día el xilófono y aquel show de Misi eran una aventura más.

De repente sonó la primera nota del instrumento de la niña de al lado. Los telones se abrieron, Laura y el pánico fueron uno y entonces, sin pensarlo, corrió detrás del escenario. Ahí estaba, sola, a pesar de los profesores que buscaban consolarla. En ese momento era sólo ella, abandonada por la vida e inmersa en la tristeza de no saber qué sucedía, el ahogo de la infancia. El pánico aquel día fue una manera de sentir que el teatro era su vida y que de ahí en adelante estaría siempre en las tablas, solo ella y un teatro.

Hoy, casi 20 años después, sin el temor de ese día del xilófono, Temple of the Souls, Hybrid Theatre Works, AliveWire Theatrics son una de las obras y algunas de las compañías donde Laura Riveros ha dejado parte de su alma y su talento impresos a través de la actuación.

La actuación es el único momento en que se siente en casa: “Lo sentía cuando pequeña y lo siento ahora, cuando estoy en un escenario, ya sea enorme, muy pequeño o una esquina de la calle de Brooklyn”, como aquella donde hace unos días interpretó la primera pieza de su autoría, una experiencia más en su historia que empezó con Misi y hoy continúa en Nueva York.

Esta vez no tenía enfrente un telón, pero sí a las mismas almas de hace unos años, ansiosas de un buen espectáculo. El Poema doble del Lago Edem eran las líneas a recitar. Laura no corrió, no lloró, no lo pensó dos veces: sólo se dejó llevar por la magia de esa calle de Brooklyn donde, junto a los que iban a verla, se sumaban los curiosos, entre ellos tres niños hispanos en bicicleta que habían estado siguiendo cada palabra para repetirla, encantados del performance callejero, encantados por la forma como ella, como si aún tuviera cuatro años, no dejaba de sorprenderse con el deleite de actuar.

Laura dejó el pánico atrás, pero nunca sus sueños. Mientras siembra albahaca y flores en su casa, para el próximo verano espera ser parte de Shakespeare in the Park, una obra creada en los 60 por Joseph Papp y el Public Theatre y que se interpreta al aire libre en Central Park. “Una experiencia y un viaje espectacular, donde la magia del teatro crece de una manera impresionante”, señala ella.

Para esta soñadora que deja su alma en las tablas, el teatro es como cierta frase de Konstantin Stanislavski, la que dice como si fuese propia: “En el proceso creativo existen el padre, el autor de la obra; la madre, el actor embarazado con el papel, y el hijo, el personaje que va a nacer”.