Cultura |1 Jul 2012 - 9:00 pm

Los hijos predilectos

Escritores como Vargas Llosa, Sánchez Ferlosio, Marías, Matute, Piglia o Marsé designan en un libro insólito los fragmentos de sus obras que consideran más representativos.

Por: Winston Manrique Sabogal / Especial ‘El País’
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Valerie Miles, editora de 'Mil bosques en una botella'. / Archivo El Espectador Valerie Miles, editora de 'Mil bosques en una botella'. / Archivo El Espectador

Este es un viaje a los aleph de 28 escritores a través de sus propias voces. A los lugares elegidos por ellos por condensar lo más representativo, logrado, emblemático o preferido de su creación literaria. Todo en 757 páginas a bordo de Mil bosques en una bellota (Duomo), un libro a cargo de Valerie Miles después de casi cinco años en los que convenció a estos escritores de crear una especie de autorretrato literario. “Una suerte de testamento en el que a través de sus pasajes elegidos se presentan y dicen: ‘Este soy yo’”, resume la editora y periodista neoyorquina cuya relación con la literatura en español va camino de cumplir dos décadas.

Las estaciones del viaje incluyen universos tan conocidos en el mundo como los de Mario Vargas Llosa, Javier Marías, Ricardo Piglia, Ana María Matute, Carlos Fuentes, Juan Marsé, Enrique Vila-Matas, Antonio Muñoz Molina o Juan Goytisolo, así como otros muy prestigiosos en sus países y que merecen más reconocimiento fuera de ellos, como Aurora Venturini, Cristina Fernández Cubas, Ramiro Pinilla, Rafael Sánchez Ferlosio, Hebe Uhart o Evelio Rosero.

La antología pretende, en palabras de Miles, hacer una lectura desde la distancia y la extrañeza. “Redibujar parte de la literatura hispanohablante a través de una nueva mirada donde hablan los propios escritores. Dejar a un lado prejuicios, tratar de ir más allá de la tradición, quitarnos el corsé, con un espíritu más lúdico”.

“La nena fue el primer relato de la máquina de contar historias de La ciudad ausente. Por eso lo elijo (...) A veces pienso que lo que he escrito después son en realidad historias de la máquina”, cuenta el argentino Ricardo Piglia sobre la elección de su bellota literaria. ¿Y qué es la bellota en esta antología? Una idea que surge de la frase de Ralph Waldo Emerson: “La creación de mil bosques está en una bellota”, que sirve para reflexionar sobre la manera en que, según Miles, “hay una mente común a todos los hombres y, por lo tanto, toda la historia existe en cada hombre, que toda la historia se encuentra plegada en una experiencia individual única”.

Esta es la primera de las cuatro partes que corresponde a cada escritor en el libro. En ella desvelan su pasaje y su justificación. Las otras tres son En conversación con los difuntos, referida a las influencias del autor; Coda, una pregunta concreta sobre la obra designada por el escritor o una pequeña entrevista con él, y Mil bosques, el fragmento o fragmentos elegidos.

Un viaje y un diálogo con el lector que empiezan desde la primera parte, La bellota. El escritor descubriendo su aleph, que no siempre coincide con su obra más conocida, premiada o canonizada. Carlos Fuentes, por ejemplo eligió un pasaje de Terra Nostra, uno de sus libros más queridos y experimentales y del que creía que iba a ser más valorado: “Esos fragmentos tienen la mala costumbre de resumir mi idea de narración”. Vargas Llosa tampoco se decantó por ninguna de sus primeras obras que le dieron tanto prestigio. Se inclinó por El paraíso en la otra esquina y La fiesta del Chivo. Y Enrique Vila-Matas prefirió Porque ella no lo pidió, al descubrir que de ahí surge parte de los derroteros de su trayectoria, en un juego de espejos reflectantes que lo llevaron a tener que presentar un hecho real como ficción.

Elecciones que fueron una tortura. Sobre todo teniendo en cuenta que si casi ningún creador suele reconocer cuál es su obra preferida, más difícil era decir cuál es su fragmento predilecto o representativo. Al final lo hicieron y cada viaje literario está precedido de anuncios tan diversos y tentadores como estos:

“Es exponente de mis preocupaciones y de mi metodología”, reconoce Eduardo Mendoza de La verdad sobre el caso Savolta.

“Raras veces, en tan poco número de palabras he logrado explicarme tantas cosas”, confiesa Cristina Fernández Cubas acerca de El viaje.

“Fue gracias a este cuento que pude volver a escribir después de una larga temporada de parálisis creativa”, recuerda Sergio Pitol de Nocturno de Bujara.

“Es uno de esos fragmentos de los que más orgullo me inspiran, porque sé que en él hice algo que no resulta muy fácil y creo que más o menos conseguí lo propuesto”, reconoce Javier Marías de Mañana en la batalla piensa en mí.

Y así, un total de 28 mundos irrepetibles donde se puede descubrir el soplo de la creación, la ilusión, el deseo, el logro, la intención o la felicidad. Una idea que Valerie Miles retomó del libro This is my Best. Over 150 self-chosen and complete masterpieces, and the reasons for their selection, creado por Whit Burnett en 1942.

Si este viaje de Mil bosques en una bellota tiene 28 destinos literarios para los lectores, dichas rutas desvelan que los escritores visitaron, mayoritariamente, dos lugares, uno real y otro imaginario: París, refrendada como patria literaria, y el territorio de Yoknapatawpha, de William Faulkner.

Por: Winston Manrique Sabogal / Especial ‘El País’
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opintos

Lun, 07/02/2012 - 13:20
En Colombia se hacen cosas tan insuperables como estas, pero sin tanta prensa, infortunadamente. Véanse los libros de Letra a Letra, "Colombia en la poesía colombiana, los poemas cuentan la historia”, o "El país imaginado, 37 poetas responden a Robinson Quintero Ossa [& una reseña imaginaria]", o las "13 entrevistas a 13 poemas colombianos [y una conversación imaginaria]“, también de Robinson Quintero Ossa, editado por Fundación Domingo Atrasado.
Opinión por:

JORGE ENRIQUE MONTOYA OSPINA

Lun, 07/02/2012 - 14:27
Al igual que el discurso de pepe mujica que tiene asombrado al mundo; ese mismo discurso lo encuentras en el albúm caudillos y muchedumbres de Gaitán, 1946, cuando se enfiló contra las horas extras, y reseñó que solamente le servían a los trabajadores para ganar más dinero, y tener (comprar) más sífilis; y cuando dijo, con respecto a la econmía, que esta debía estar al servicio del hombre, y no el hombre al servicio de la economía. Jorge Eliecer Gaitán visualizó el mundo de hoy, la sociedad racionalmente animalizada bajo el imperio de la sociedad de consumo y vio al hombre consumido por el consumo.

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