Cultura |31 Ago 2012 - 10:51 pm

Acerca del Festival de Poesía

Fiesta de la palabra poética en Pereira

Una actividad que aviva al mundo cultural de una ciudad golpeada por el desempleo.

Por: John H. Giraldo Herrera / Especial para El Espectador
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La poeta Coral Bracho (der.), en compañía de Jotamario Arbeláez, William Ospina y Louise Dupré. / Festival de Poesía de Pereira La poeta Coral Bracho (der.), en compañía de Jotamario Arbeláez, William Ospina y Louise Dupré. / Festival de Poesía de Pereira

“Escribir en español es la delicia de las delicias por su riqueza y flexibilidad. Morir en español es el deseo de todos los deseos por la palabra adiós y gracias”, va recitando el emblemático poeta nadaísta Jaime Jaramillo Escobar. Lo hace rodeado de una centena de personas en el planetario de la Universidad Tecnológica de Pereira, el mismo sitio en donde en 1998 empezaron unas lecturas esporádicas y tímidas de poesía que tienen hoy cubierta la ciudad de un festival internacional denominado Luna de Locos. En Pereira, en plena gala de su cumpleaños 149, la palabra se ha tomado los escenarios, en colegios y en espacios públicos al aire libre.

Los poetas, esa clase de personas extrañas, melancólicas y emotivas, van y vienen de un lugar a otro en medio de una muy variada programación de lecturas, conversatorios, talleres. Una semana completa, que va por su sexta versión y que para esta ocasión le rindió un homenaje a ese grupo único y exclusivo del nadaísmo.
Piedad Bonnett, una de las más de 30 invitadas, en medio de una caminata por el jardín botánico de la universidad, dice del nadaísmo: “Es un fenómeno muy puntual y transformador desde el punto de vista de la actitud. Inauguró una nueva manera de aproximarse a la poesía, de oírla, tiene incorporado una frescura. Tiene asegurado un lugar en la poesía colombiana. No tiene por supuesto un segundo tiempo. No tiene posibilidades de tener imitadores”. Y por ahí van caminando en medio del bosque Jota Mario Arbeláez, Eduardo Escobar, Gerardo Rivera, Jaime Jaramillo, Verano Brisas y un puñado más de esos poetas a los cuales se les rinde un homenaje.

Geovanny Gómez, un joven estudiante de Español y Literatura, es el gestor de este evento; lo ha trabajado en conjunto con la revista de poesía Luna de Locos y con respaldo del Ministerio de Cultura. Se siente orgulloso de que con $220 millones que cuesta el festival se pueda ir a los municipios del departamento, llevar la poesía colombiana al salón de clases, estimular con la palabra a los asistentes y vibrar con esos perfomances poéticos en los cuales la gente se sienta en un puente, asiste a un parque, se queda debajo de un árbol, cerca a un lago del jardín botánico, como también reflexiona al interior de los auditorios sobre la importancia de la poesía. El festival Luna de locos es el tercero en importancia en el país, precedido por los realizados en Medellín y Bogotá.

El poeta español Jaume Pont comenta acerca de la utilidad de los festivales: “Ayudan sobremanera a estimular el gusto por la poesía, abren fronteras, crea nuevos vínculos entre los poetas, es una fiesta de la poesía, de la palabra y de la imaginación”.

Pereira, una ciudad con altos índices de suicidio causados por el malestar del desempleo, la voracidad de la crisis económica en Europa, la falta de cosecha de café, se ve revestida de un aire en que la palabra símbolo aviva la cultura.
Seguimos caminando por el sendero del jardín y de repente allá, en un lugar del bosque, la poeta argentina Graciela Aráoz va declamando su poema Amante amada: “Un mantra de esos que viajan de un presente a otro… Mantra inigualable símbolo en la piel que se oscurece (…) Mantra que desdobla al amante en amado y ambos se deshacen en la última gota de rocío”. La gente aplaude. El silencio de la palabra poética en boca de los propios creadores ofrece un espacio de encuentro, un lugar también para que los poetas regionales estén con los mejores. “Es como un milagro estar en un bosque, eso es parte de los espacios para los poetas, en un país tan lleno de penurias y dolor”, afirma Bonnett.

La poesía, ese género mayor, tiene como epicentro la ciudad de Pereira que, al cumplir sus 149 años y prepararse para su sesquicentenario, encuentra en los poetas un modo de congraciarse con la cultura hecha vida, hecha palabra y manifestación.
Poetas de México, Perú, España, Canadá, Colombia hacen de un festival un pretexto para que sus voces sean escuchadas, promover la lectura y las letras. Como dice un poeta pereirano en la última parte de su poema Las calles de Liliput: “Los poetas son estafadores, nos llevan en desfile al circo de nuestras desgracias con el tiquete de una ilusión vana. Presidarios que han escapado de sus celdas. Desde entonces los encuentro poniendo trampas, cometiendo crímenes, instalando circos, por estas calles de Liliput”.

Por: John H. Giraldo Herrera / Especial para El Espectador
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