Laboratorio de arte y solidaridad

Nueva York, epicentro de la primera exhibición de Artered, el colectivo artístico que trabaja en pro de poblaciones vulneradas

“El arte es la ruta más expedita para despertar la imaginación y la creatividad de la niñez cercenada por la violencia. Nuestra meta es abrir esa ventana en aquellos jóvenes que están postrados en el desespero, la hostilidad y la guerra”, explica la directora de Artered, Ángela Fabregas, una joven gestora cultural de origen colombiano radicada en Nueva York.

Más de 21 artistas de diferentes partes del mundo, entre los que estaban el pintor australiano Tove Langridge, la pintora cubana Bonnie Muñoz, y la artista conceptual colombiana Carolina Salazar, se presentaron este viernes en Nueva York bajo el nombre de Artered, un colectivo de artistas emergentes con un objetivo en común: el desarrollo de programas educativos orientados al arte para la niñez latinoamericana.

“Esta es una causa muy noble, los artistas tenemos que ser agentes de tejido social, al igual que con nuestro trabajo tenemos que contribuir a reconstruir los vínculos perdidos por la violencia y el destierro” , dice Peter Henning, fotógrafo alemán, quien lleva más de una década persiguiendo con su lente los tristes pasos de la niñez en Latinoamérica. “El arte va más allá de un dibujo, una escultura o una fotografía; es un mensaje de resistencia y esperanza. Y eso es precisamente lo que estamos haciendo ahora”, concluye.

Fundada en 2006 en la Gran Manzana, Artered desarrolla exposiciones itinerantes para recaudar fondos de la venta de las obras de sus miembros y así implementar programas de rehabilitación a niños y jóvenes víctimas de la violencia en Latinoamérica.

“Como venezolano siento los azotes de la niñez de todo el continente. No importa si son niños colombianos, chilenos o peruanos. Estos serán los retoños de nuestro continente y nuestro destino como latinoamericanos”, dice Miguel Blanco, artista asilado desde hace cinco años en los Estados Unidos. “Ceder nuestras obras es tan solo la materia prima para iniciar el cambio”, añade el caraqueño, quien se dio a conocer en la galería latina de la Gran Manzana, El Mueso del Barrio.

Y es que para todos los artistas del colectivo, el activismo y la gestión cultural no puede ser fiebre de un día, ni mucho menos un titular de periódico. Por el contrario, debe ser una causa que debe cuajar en el imaginario de todos, “solo así se podremos derramar solidaridad sobre aquellos que la necesitan”, dice el cortometrista colombiano Jorge Espinoza.


Destino Colombia

El programa de Artered llegará a Colombia a finales de agosto. Un grupo de 70 niños provenientes de familias desplazadas y desmovilizadas de la violencia en el municipio de Fómeque, Cundinamarca, serán los afortunados. “Si logramos que los niños vuelvan a soñar, podremos alejarlos de la espiral de violencia en la que viven; esto es una forma de invertir en la paz de Latinoamérica”, dice entusiasta Laura Betancur, fundadora de Artered.

Así mismo lo cree Paulina Mejía, conocida como Mipoly, quien lidera el contingente de artistas que irá a dictar talleres de capacitación en la fase inicial del proyecto. “No sólo es entregar nuestro trabajo, también es nuestro tiempo y energía los que dejaremos en el terreno por el futuro de estos jóvenes”, afirma la artista oriunda de Manizales.

Y para llevar a cabo el proyecto en Colombia está La Corporación de Investigación e Inversión en Desarrollo, una entidad sin ánimo de lucro que trabaja en la gestión social, ambiental y productiva en el centro del país. “Junto con la Alcaldía Municipal de Fómeque trabajaremos en la adecuación y capacitación del personal educativo, así como en las instalaciones para desarrollar el programa de terapia y rehabilitación artística de los jóvenes de la comunidad”, explica Tatiana Sedano, directora ejecutiva de la corporación.

El pasado viernes, el auditorio Eisner And Lubin de Nueva York, estaba adornado con cerca de 90 piezas de arte que fueron vendidas en su mayoría entre 500 y 3000 dólares. “Es impresionante cómo Latinoamérica sea ha convertido en los últimos años en un pueblo al que gente de todo el mundo quiere tenderle la mano”, dice Thomas Eli, un coleccionista de arte estadounidense, quien llegó obligado por la noble causa de la convocatoria.

“Cada vez somos más los que tenemos la convicción de que el arte, en todos sus medios, es más que un fin, sino un medio para el cambio social”.

Así lo entiende el reconocido fotógrafo cartagenero Nereo López-Meza, quien hizo una pausa en su agenda creativa para convertirse en el padrino artístico del proyecto. “El arte es una herramienta que debe abocar a la regeneración de tejido social. Los artistas, de todas las edades, deben entender que tienen un fusil de esperanza en sus manos, el cual deben utilizar”, asegura el artista de 83 años, galardonado con la Cruz de Boyacá y quien inició su carrera como fotógrafo en El Espectador y Cromos.

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