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Semblanza de un músico progresivo

Fue músico, compositor, teclista y cantante. Sin embargo, en el momento más importante de su trayectoria musical, también fue la manzana de la discordia.

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Juan Carlos Piedrahíta Betancourt
16 de septiembre de 2008 - 09:36 p. m.
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Así es, Richard Wright, el encargado de diseñar varias de las atmósferas psicodélicas de Pink Floyd, fue el causante de la furia de Roger Waters cuando grababan el álbum The Wall (1979), uno de los registros emblemáticos de la banda británica. Waters, en un instante crucial, amenazó con quemar el trabajo del cuarteto si Wright no accedía a abandonar de inmediato la formación. La razón fue corta y sustanciosa: su aporte actual al sonido era mínimo.

Pero tanta era la importancia del teclista dentro del engranaje de este grupo, cuyo núcleo inicial se dio a conocer con el nombre de Sigma 6, que fue convocado a participar en The Wall, tal vez la serie de conciertos de mayor relevancia durante la década de los 80.

El único disco de Pink Floyd en el que Wright no tuvo ninguna injerencia fue The final cut, porque a él se le atribuyen verdaderas joyas del rock clásico y contemporáneo como el álbum Meddle, caracterizado por sus exploraciones sonoras con el sintetizador. Aunque su obra cumbre, de acuerdo con la opinión de varios melómanos, es The great gig in the sky, incluido en el popular Dark side of the Moon.

Los problemas legales se resolvieron por lo sano. David Gilmour y Nick Mason se quedaron con el nombre, mientras que Roger Waters ganó los derechos sobre los beneficios del mercadeo, además de la autoría conceptual de los registros The Wall y The final cut. Los nuevos acontecimientos marcaron el regreso de Wright a  la formación titular de Pink Floyd. Y volvió para publicar trabajos discográficos memorables:  A Momentary Lapse of Reason (1987), Delicate Sound of Thunder (1988) y The Division Bell (1994), para el que escribió más de cinco canciones, entre ellas Wearing the Inside Out, que para muchos resultó ser el tema emblemático de esta reconocida producción musical.

Sin embargo, la historia de Wright no se limita a los triunfos de esta banda a la que se le considera precursora en el sonido progresivo del rock. Dos trabajos como solista corroboran su capacidad creativa: Wet Dream (1978) y Broken China (1996), catalogado por la fanaticada de Pink Floyd como el mejor disco solista de los integrantes de la banda. En este álbum el teclista llamó al guitarrista Tim Renwick, al bajista Pino Palladino y a la vocalista irlandesa Sinead O'Connor.

El comentario generalizado es que Wright preparaba su nuevo registro como solista y que se trataría de una propuesta instrumental. Esa sería la razón fundamental para declinar la invitación de su antiguo compañero (y quien lo sacó inicialmente de la banda) Roger Waters para participar en The Dark Side of the Moon Live.

La última vez que los cuatro gestores de Pink Floyd tocaron juntos fue en julio de 2005, cuando, después de 24 años, Waters, Mason, Gilmour y Wright dejaron las diferencias del pasado a un lado y cantaron cuatro canciones durante el concierto ‘Live 8’, en Londres.

Un cáncer se llevó a Richard Wright a los 65 años. Quedan sus trabajos como solista y permanecen, como lo han hecho hasta ahora, inmortales sus participaciones geniales con Pink Floyd, una banda que un día intentó inventarse un estilo a partir del blues y consiguió una atmósfera psicodélica y progresiva con un número incalculable de seguidores.

Por Juan Carlos Piedrahíta Betancourt

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