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Cultura 26 Mar 2009 - 11:00 pm

Entrevista con el director colombiano

“Hemos perdido el corazón”

Víctor Gaviria regresa de Guadalajara con un homenaje más en su bolsillo y la cofinanciación de su próxima película.

Por: Pablo Correa / Enviado especial Guadalajara
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    http://www.elespectador.com/impreso/cultura/articuloimpreso131209-hemos-perdido-el-corazon
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Foto: Herminso Ruíz

En 1982, junto a su amigo Luis Alberto Álvarez, Victor Gaviria redactó lo que podría considerarse su manifiesto artístico. En Las latas en el fondo del río, planteó que era necesario: hacer un cine de provincia, emplear actores naturales antes que profesionales, mantener y defender el habla regional y coloquial y, por último, la necesidad de usar el espacio natural.

Han transcurrido 27 años desde entonces y el reconocimiento en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara a Victor Gaviria, como uno de los mejores directores del continente, es una prueba más de que  aquel proyecto que imaginó hace tres décadas era necesario. Luego de una intensa semana de cine, entrevistas, lecturas de poemas, fiestas y homenajes, pactar con productores costarricenses la cofinanciación de su película sobre la vida del bandolero apodado Sangrenegra, así como la presentación del libro “Víctor Gaviria: las márgenes al centro”, del crítico Jorge Ruffinelli, el cineasta colombiano saca tiempo para comentar algunos de sus nuevos proyectos y una que otra opinión política.

¿Cómo fue el encuentro con Gabo en Guadalajara durante su homenaje?

Pensé que nunca más lo volvería a ver. La última vez fue después de Cannes cuando participé con La Vendedora de Rosas. Como después de eso ha tenido problemas de salud y se ha retirado de la vida pública, pensé que no lo volvería a ver. Le dije: hombre que lástima tan huérfanos ahora los cineastas colombianos porque no estás cerca. Y me respondió: no Víctor, no creás que porque estoy escondido no me entero de nada. Yo me entero de lo que están haciendo todos. Y me dijo: sigo siendo un cienasta colombiano. Yo en mi imprudencia, le dije y quiubo de Rodrigo, que gran cineasta que resultó, yo tan imprudente, y miró así en silencio y me dijo “no te olvides que yo soy el cineasta de la familia”.

¿Existe alguna relación entre cineastas y productores colombianos con Rodrigo García?

Inclusive le pregunté, vé tu hijo Rodrigo nunca va a festivales, ni siquiera a Cartagena. Me dijo: ese salió peor que yo, no le gustan los actos públicos.

¿El director del festival de Guadalajara, Jorge Sánchez,  decía que es posible que al boom del cine mexicano le siga el colombiano? ¿lo cree?

Ese es el reto. Por eso se aceptó esta invitación. Una cosa es que existan los mercados y otra que existan las películas. Lo importante es que existan las películas primero. Tengo esperanzas en que Los Viajes del Viento de Ciro Guerra sea una gran película, que La Lluvia y la Sangre de Jorge Navas lo sea, que La Sociedad del Semáforo de Ruben Mendoza sea una gran película. Estamos esperando un gran salto y que se consolide como propuesta estética, y la visión de los cineastas colombianos despierte más interés.

¿Hacía dónde debe ir el cine colombiano?

Hay una discusión que no se cómo resolver, no tengo la respuesta. Nos dicen que Colombia se quedó pegada en unos temas, nos dice que debemos diversificar, sálganse del narcotráfico, la guerrilla, el sicariato, Colombia es muchas cosas más. Yo si veo que hay un intento por buscar otars cosas. Nosotros no podemos porque somos de una generación que quedó pegada a eso. Mi proyecto tiene que pasar por unas películas que tengo en fila, y no puedo saltármelas, como es la de Sangrenegra y otra que hago en Medellín que se llama La mujer del Animal, que estoy trabajando con una productora colombiana.

¿De qué se trata La Mujer del Animal?

Es sobre un tipo que le llamaban el Animal en el Barrio Popular y se robó una niña, una muchacha de 17 años que va a visitar a la hermana, todo el mundo creyó que se había ido con él. No es un tipo que llame la atención dentro de los malos del Barrio Popular, porque hay historias incontables. Pero fue un tipo de barrio muy interesante y pienso hacer una radiografía de esos barrios. Es una película que tengo que hacer.

¿En toda esta exploración de la violencia colombiana para sus películas finalmente donde cree que esta el origen de tanto mal?


Como dice Gonzalo Sánchez en un libro extraordinario, el analiza que la violencia del bandolerismo es la tercera etapa de la violencia colombiana que comienza con el 9 de abril. Sobretodo cuando Laureano Gómez decide desaparecer al partido de la oposición, que era el liberal. Disfrazaron al Partido Liberal de comunista. Los fueron estigmatizando y con la Guerra Fria todo se potencia. El Estado convierte a la policía en chulavita y la usa para conservatizar zonas completas. Profundizó un trauma del que no hemos salido. Yo pienso como en réplicas de un terremoto. Cuando hice Rodrigo D, siempre me había interesado esa violencia, quería explicarme que había pasado, por qué había un silencio social decretado para no hablar de esas cosas.

No hablamos de eso por miedo a que se repita. La dirigencia liberal que era burguesa se acobardó y no defendió al pueblo liberal, se replegaron y se fueron del país. Hubo una traición enorme a las clases populares. El Estado se asoció por primera vez con la delincuencia. Esa asociación es la que ha permanecido. Y el paramilitarismo de ahora es lo mismo. Es el Estado que no sabe resolver los problemas y por intransigencia de clases, un egoismo absoluto, decide asociarse con la delincuencia. Ese pecado está ahí hasta que el estado no pida perdón, como hizo  el Papa con los judios. Aquí hace falta un presidente que diga perdón por haber puesto el Estado contra ustedes, perdon por gobernar para unas élites, perdón por no hacer las reformas que teníamos que hacer.

¿A quién quiere ver de Presidente?

Yo creo que tiene que ser una solución dentro de la democracia. La democracia es una lucha donde hay que tratar de que no intervengan la delincuencia. Una lucha a través de las ideas y los partidos. Tienen que aprender a aguantarse a convivir unos con otros. No los puedes matar. Tenes que aguantartelos. La izquierda a la derecha y la derecha a la izquierda.

¿Cual noticia reciente en el país le gustaría convertir en película?

Me impactó todo lo que dijo HH. Impresionante. La confesión que hace. Como cuenta que llegó ahi por casualidad, que no era un hombre con convicciones, que estaba ahí por plata, porque no tenía trabajo. Con esa frialdad pero al mismo tiempo con deseo de decir verdades. Es un colombiano sin corazón pero con un deseo de verdad. Nosotros hemos perdido el corazón pero no quiere decir que no podamos rescatarlo, que no podamos buscar la verdad. Karina me parece un personaje muy impresionante. El Espectador ha hecho unos acercamientos a la historia. Leí la crónica sobre el agente del DAS que se infiltró, que historia tan berraca, me fascinó esa historia, y el Secretariado la traicionó. Karina no es ese monstruo que pensamos. La monstruosidad muchas veces no son las personas sino la situación que hace que cumpla un rol político y justifique sus crímenes. El monstruo no necesariamente es ella sino las condiciones de guerra del pais. Como decía León Valencia, como ex guerrillero, nosotros hemos creado el enemigo que nos merecemos.


¿Por qué este libro de poesía? ¿Cuál es la historia del libro?

Yo empecé como poeta. Hacia parte de una revista de poetas paisas que admiro muchísimo. Nos reuníamos en torno a una revista que se llamaba Acuarimántima, que fue muy importante en los años 70 en Medellín. Donde estaban unos grandes poetas. José Manuel Arango, que respeto, Ruben Dario Lotero, y un poeta que para mi fue muy importante y es una de las grandes personas que quiero, se llama Helí Ramírez. El era un poeta de barrio, que llegó a la revista y nos cambió la idea de la ciudad. Fue un poco como cuando Rodrigo D influyó en la gente y cambió la idea de Medellín.

Asi fue ese libro de Heli Ramírez que se llama En la parte alta abajo. Son poemas extraordinarios. Nosotros hacíamos una poesía posnadaista, una poesía imaginista, muy antipoesía, bsucando el momento poético, entrando al poema no como objeto verbal sino hasta llegar a un momento poético, y llega este man con una poesía de barrio, sin ortografia, mostrando otros personajes, no sería capaz de describirla, con un dolor, una rabia, cercana a la delincuencia, con unos momentos de relato de muchachos que querían ser policías y terminaron de delincuentes, con la marihuana, la violación, una cosa verdadera. Eso fue lo que me preparó para hacer Rodrigo D. Ahí está en esos poemas. Yo le leía los poemas a los actores de Rodrigo D. Cuando fui al entierro de Wilson Blandón, “El alacrán”, me puse a llorar, y eso que yo soy una persona dura de corazón, pero lloré al ver los libros de Helí que yo le regalé. Era lo único que tenía en su pieza, al lado de una ventanita.

¿Qué le han dicho aquí en México por sus películas?

Este premio es sobretodo por La Vendedora de Rosas. Es una película que hicimos con esa metodología, una realidad extrema, sin traducir la vida de nadie, a ultranza, extremo, extremo, extremo, sin inventar nada, quiero seguir por ahí, es un realismo como investigativo que hace parte de la sociología pero cuando se convierte en ficción, en el lenguaje artificial de la ficción, esa mezcla de lo real y ficción es poderosa, es poderosa..

¿Sus escritores colombianos favoritos en este momento?

La explosión de la novela colombiana es muy interesante. Yo adoro realmente, y para mi es un guia en mi pensamiento, el gran poeta William Ospina. Lo admiro como novelista, como pensador, como ensayista. Es un tipo generoso. Estamos enseñados al intelectaual que era un hombre que casaba peleas y peleaba como un niño terrible. William nos ha enseñado a ser generoso.

¿Qué hay de Vallejo que tiene una mirada ese Medellín violento que usted también busca?

Vallejo es un tipo que yo he admirado siempre, un tipo muy valiente, su resentimiento contra la sociedad colombiana es muy válido, es un resentimiento justificado. A veces uno quisiera tambien decir esas cosas, pero el odio tambien necesita inteligencia y cultura, y yo como soy medio inculto no logro conformar un odio tan potente como él, para odiar asi hay que ser muy inteligente y culto. Admiro a Vallejo, cuando empecé a ser cineasta, mi hermano era condiscipulo de un hermanito de Vallejo, el me decía: mi hermano escribio un guion que se llama Vía Cerrada, sobre unos bandoleros, los hermanos Barragán, tengo el guión de Vía cerrada, no me acuerdo como se llamo despues, luego supe de La Tormenta. Vallejo no era escritor todavía y llegó a Medellín a presentar La Tormenta, una pelicula sobre sangrenegra, la misma pelicula que voy a hacer yo, y esa pelicula me parece muy buena, no se porque dicen que es una película fallida. Imaginate que estoy caminando los mismos caminos de Fernando Vallejo cuando comenzó como cineasta.

¿Trabajar con actores naturales ha resultado una bendicion para algunos pero para otros un destino trágico?

Lo que pasa es que Ramiro era un muchacho de barrio, punkero, artista, que convivia con ladrones y pistolocos pero nunca cometió delitos. Vivia haciendo critica social, con resentimiento, y rodeado de malandros. Cuando lo conoci ya era bachiller. Osea que es un tipo que ha tenido un proceso para asimilar lo que la experiencia le dio. Los otros, lady por ejemplo, el desarreglo de esas niñas es muy fuerte, no es desarreglo de fin de semana, es mental y cultural muy profundo, de ahí surgen cosas buenas, todo lo que nos enseñó, y lo que nos enseña su tragedia y su caída, nos enseña que los colombianos que caen caen para siempre, el desperdicio de esos muchachos es para siempre...

¿Que le falta por hacer en su vida como cineasta, que sueño está por cumplir?

Quiero hacer una película, una, otra, no se cuantas, esa es la felicidad mia. Estar en ese proceso, en esa magia de buscarla, encontrarla, investigarla. No es que sepa que películas voy a hacer, pero tengo una intución y se que voy a ir encontrándola, y la felicidad de ir  encontrándola, de ir encontrando detalles, secuencias,  un personaje que trae otro personaje, es impresionante como te habla la realidad. Es como te habla la humanidad de un barrio, una ciudad, la realidad te habla con unas voces que te exaltan y te hacen sentir en la vida. La vida plena la busco a través de la película, y hay momentos en que la vida me habla a traves de la película.

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