Don Nicolás Gómez Dávila y su biblioteca

El Banco de la República ha tomado la acertada decisión de adquirir la biblioteca de uno de los colombianos de mayor erudición y profundidad de pensamiento de todos los tiempos y mantener su legado.

Durante más de 25 años (1968-1994) tuve la gran oportunidad de intercambiar ideas con don Nicolás Gómez Dávila sobre una gran variedad de temas. En este texto me gustaría hacer brevemente referencia a tres aspectos relacionados con su obra: Primero, por qué ha tenido ésta tanta resonancia en países como Italia y Alemania. Luego, su concepto sobre la Historia. Y por último, su biblioteca y las más altas cumbres intelectuales.

Resonancia

El primer europeo que hizo referencia a don Nicolás fue el profesor Dietrich von Hildebrand (hacia 1976), quien publicó una breve nota en una revista alemana. Pero fue solamente en la década de los ochenta, a raíz de la publicación de una selección de los escolios en Viena, cuando sus ideas comenzaron a circular en Austria y Alemania.

En 1989 el escritor austriaco Gerd-Klaus Kaltenbrunner publicó un importante libro sobre la construcción del espíritu y la cultura de Europa en los últimos tres mil años. La obra comienza con Hesiodo y para sorpresa de muchos termina con Gómez Dávila. En este libro el distinguido ensayista afirmó que don Nicolás trata los temas fundamentales de la humanidad (entre ellos la religión, la poesía, la historia, la literatura, la ética y la estética) en sus obras y que merece estar en la categoría de pensadores como Jorge Luis Borges y Ortega y Gasset, por su erudición y originalidad.

En años posteriores aparecieron traducciones de varios de sus libros en Alemania, Italia y Francia, y diversos ensayistas y profesores lo destacan como uno de los pensadores más originales y creativos del siglo XX. En Alemania lo han comparado con Nietszche, una de las cumbres filosóficas de ese país, y en Polonia lo han caracterizado como posiblemente el pensador católico de mayor importancia del siglo XX.

En el año 2003, el profesor Till Kinzel, de la Universidad de Berlín, publicó el primer libro dedicado a examinar su pensamiento. Tuve oportunidad de dialogar en Berlín con este profesor y le pregunté por qué despertaba tanto interés la obra de don Nicolás en Alemania. Me dio tres razones. La primera, por la alta calidad, profundidad y originalidad de su pensamiento. En su concepto, la comparación con Ortega y Gasset y Nietszche no es exagerada. En segundo lugar, Kinzel manifestó que “aun cuando don Nicolás tenía una cultura universal y cita autores de numerosos países, para los alemanes resulta claro que tuvo en cuenta a los grandes filósofos de ese país”. “En muchos departamentos de literatura y de filosofía de Alemania la escuela deconstructivista de Derrida se ha impuesto y ha creado una especie de camisa de fuerza intelectual. Don Nicolás también es un gran crítico de la modernidad, pero desde una perspectiva no marxista y en este sentido representa una corriente de aire fresco muy atractiva”, en concepto del profesor Kinzel.

En el caso de Italia, el profesor Franco Volpi, de la Universidad de Padua, quien falleció en forma trágica hace unas pocas semanas, me decía en 2005 que sin duda alguna la alta calidad de su pensamiento y su originalidad eran naturalmente factores que pesaban mucho en su difusión europea, pero además le llamaba mucho la atención que en su país los jóvenes estudiaban los escolios con entusiasmo. Volpi era un gran conocedor de la obra de Gómez Dávila y publicó varios trabajos sobre el filósofo colombiano en los cuales afirma que se trata de uno de los pensadores más originales del siglo XX.

Concepto sobre la Historia

Uno de los temas que más le interesaban a don Nicolás era el relacionado con la naturaleza de la Historia y con la filosofía de las ciencias sociales. Don Nicolás no consideraba posible derivar leyes de la historia y era claramente antideterminista. En el libro de Textos rechaza tres esquemas básicos que han sido ofrecidos para entender la historia: el providencialismo (atribuir a la divina providencia las causas de la historia), el esquema progresista (suponer que la historia humana se endereza hacia una meta definible) y el reduccionismo (la reducción de la totalidad de los acontecimientos históricos a un solo factor o grupo de factores: económicos, por ejemplo). Para don Nicolás, todo hecho histórico está inscrito en un sistema inagotable de interdependencias.

Para ilustrar su pensamiento permítanme hacer referencia a dos Escolios: ‘Toda aproximación de la historia a la ciencia suprime los motivos, los significados y los fines’. ‘El historiador inexperto disuelve al individuo en conceptos; el historiador competente lo coloca en una encrucijada de constantes; el gran historiador ve en él un universal concreto donde su contexto se compacta’.


Su biblioteca y las cumbres intelectuales

Desde la más temprana edad comenzó a formar su biblioteca y llegó a acumular cerca de 30.000 volúmenes. En ella se encuentran las grandes obras del pensamiento occidental desde la época de los griegos, especialmente en áreas relacionadas con la arqueología, la historia, la filosofía, la literatura, la poesía, el arte, la religión y en general las humanidades. Hay algunos libros relacionados con las ciencias naturales y la filosofía de la ciencia. También hay libros relacionados con la filosofía y las religiones orientales. Don Nicolás conocía muy bien el latín, el griego, el inglés, el francés, el italiano y el alemán, y su biblioteca tiene muchas obras en esos idiomas. Están también varios de los clásicos españoles y las obras completas de escritores como Meléndez Pelayo y Borges. Para poder leer a Kierkegaard en el original estudió la gramática del danés y avanzó en el aprendizaje del ruso para poder leer a Tolstoi y Dostoievski. También le interesaba mucho el pensamiento del filósofo ruso Konstantin Leontiev (1831-1891) y tenía sus obras en el idioma original.

Hacia 1990 le pregunté a don Nicolás quiénes eran en su concepto los autores más importantes de su gran biblioteca. “No es fácil responder la pregunta, pero hay sin duda cumbres intelectuales en la historia de la humanidad”, me respondió. “En filosofía, Platón y Kant han sido los más influyentes; en literatura, Dante, Goethe, Cervantes, Shakespeare. En historia, Heródoto y Tucídides (‘si hubiera que elegir el más grande libro, yo escogería la Historia de las guerras del Peloponeso’)”. A Jacob Burkhardt lo consideraba como uno de sus santos patrones. Como novelista valoraba mucho a sir Walter Scott. En economía Adam Smith, pero también había leído obras de Hayek y Keynes. En ciencias naturales consideraba a Newton y Einstein como personajes de alta creatividad (de este último había leído el libro sobre la evolución de la física). Otros escritores que admiraba mucho eran Michel de Montaigne, Pascal, Tocqueville, Chateaubriand, Paul Valéry y Marcel Proust. En el área de la poesía mencionaba con frecuencia a Mallarmé, Baudelaire, Machado y el Nocturno de Silva. Esta es una lista naturalmente incompleta, pero da una idea de sus autores favoritos, todos sin duda de primera categoría.

En Colombia algunas personas, como Alberto Zalamea, Francisco Pizano, Amalia Quevedo, Carlos B. Gutiérrez y Alfredo Abad han preparado ensayos de muy buena calidad sobre su pensamiento. Empero, todavía quedan muchos aspectos de su obra por analizar.

Para terminar me gustaría decir que para Colombia es un gran honor tener un pensador de talla mundial. Debemos hacer lo posible por examinar, mantener y preservar este legado. La decisión del Banco de la República facilita en forma significativa el logro de esta meta.

La obra publicada

Escritos en párrafos autónomos sin concordancia con los siguientes y sin un cuerpo estructural para la totalidad del libro, los Escolios, más que pensamientos, son un diálogo con múltiples pensamientos que al autor le surgieron a partir del contacto con sus libros. Aunque para muchos el tono lírico de su escritura se asociaba con cualquier antología poética, para Nicolás Gómez Dávila sólo eran ideas que aparecieron en un acto creativo de la mente. Villegas Editores publicó tanto la obra completa de seis tomos como un libro con una selección de Escolios. Su primera obra fue Notas (1954) y luego Textos (1959)., luego vendrían los Escolios en varios volúmenes

 

 *Miembro del Consejo Directivo de la Universidad de los Andes.

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