Melancolía en el arte

La joven artista Angélica María Zorrilla decidió una vez más mirarse a sí misma.

¿Cómo es que la melancolía puede haberse convertido en un sentimiento para el arte, para la literatura, para la música? Después de su primera exposición individual, la joven artista Angélica María Zorrilla decidió una vez más mirarse a sí misma como fuente de inspiración para dedicarse a descifrar este estado profundo del alma.

Pasó varios años leyendo desde las distintas disciplinas, entre esas la anatomía, cómo se construía un cuerpo melancólico, una mente y una existencia que van más allá de la tristeza, que siente la pérdida de lo que no se ha ido, la inercia del dolor y el estado de inadecuación permanente.

El resultado es una maravillosa muestra de dibujos y videos que se divide en dos partes. La primera recorre la anatomía de la melancolía con varios órganos dibujados sobre bolsas de té, que cuidadosamente desdobla y guarda cada vez que toma una taza de esta infusión. Así, sobre las bolsitas, aparecen un cerebro enfermo de melancolía titulado “pequeño demonio”; una lengua que no quiere comunicar con el nombre “Lengua Muerta”; un corazón aquejado o “manzana podrida”, entre otros.

La segunda parte la conforma un glosario de palabras que de muchas maneras describen estados y momentos del melancólico. A partir de estas palabras y expresiones, Zorrilla encuentra juguetes, referentes, momentos y canciones que se convierten en nodos de una gran constelación de emociones en donde navega su propia experiencia: ‘medidor de mentiras’, un pinocho que tiene un metro en su nariz; ‘cinta de moebius’, que sólo tiene verso y verso; el cuento de Caperucita y otras claves en las que Angélica María pudo leer sus estados profundos del alma.

Galería Sextante. Cra. 14 N° 75-29.

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