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Iaies, o de las emociones

El tango favorito de Adrián Iaies no ha sido escrito. Pero si él se atreviera a hacerlo, comenzaría con algo así:

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Juan Camilo Maldonado T.
10 de septiembre de 2009 - 10:59 p. m.
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“Puedes haber tenido dos, cinco, treinta novias en tu vida. Probablemente habrás olvidado los detalles de la segunda o de la quince o de la veintinueve, pero nunca olvidarás todos los lunares que tenía la primera de ella”. El tango favorito de Adrián Iaies no ha sido escrito. Pero uno de sus tangueros predilectos escribió hace mucho lo que para él es una certeza, casi una norma estética: “Siempre se vuelve al primer amor”.

Adrián Iaies —lo repite con frecuencia— tiene dos grandes amores. Los dos llegaron durante su adolescencia, en la Argentina de finales de los setenta, cuando el joven bonaerense de clase media estudiaba con juicio a Schumann o Chopin, y el jazz era un lenguaje lejano, una ciencia para la que no había maestros, más allá de los vinilos que circulaban, sin mayor censura (¡qué militar podría intuir que el jazz fuera una amenaza!), entre los jóvenes de su tiempo.

Al primero de sus afectos lo vio varias veces en concierto, junto a Nito Mestre, durante los años en que Carlos Alberto García inauguraba con Sui Generis treinta años de rock argentino. Al segundo, lo escuchó en la casa de su profesor de piano, se llamaba Bill Evans, y pocos años después, cuando prestaba servicio militar, el amor por la obra del jazzista estadounidense lo llevaría a escaparse una noche de su puesto de guardia para poder verlo en concierto. Sus superiores le advirtieron que de asistir al recital, pasaría un mes en calabozo; el joven Iaies, sin embargo, prefirió un buen recuerdo en el encierro a una vida sin Evans. Y así fue.

Casi treinta años después, con tres nominaciones a los Grammy Latinos y una destacada hoja de vida en festivales internacionales, la obra de Adrián Iaies es un mosaico de memorias de quien afirma, sin recato y sin presunciones, que “no se puede tocar lo que no se ha vivido”. Por eso deja ver rastros de Evans y de Charly (grabó, incluso, una versión muy personal de Seminare en el álbum Las cosas tienen movimiento) en varios de sus discos y, sobre todo, un amplio repertorio de tangos hecho standards de jazz, género que le llegó después en la vida porque, tratándose de tango, como dice parafraseando a Aníbal Troilo: “A los jóvenes hay que dejarlos tranquilos y esperarlos después de los 30”.

“En los ensayos, con mi trío, empecé a darme cuenta de que mostraba una parte de mi identidad tocando tangos”, dice Iaies al referirse a las composiciones de Aníbal Troilo, Julio de Caro y Francisco Canaro, cuyas estructuras, asegura, son estandars casi naturales.

Con ese mismo espíritu, el pianista —quien llega por primera vez a Colombia esta semana y se presentará este sábado a las 6:00 p.m. en Jazz al Parque— está actualmente a cargo del Festival de Jazz de Buenos Aires, desde donde se ha preocupado por descubrir agrupaciones que estén sacudiendo sus ritmos nacionales y desacartonando sus folclores, llevándolos a otros territorios. Como lo ha hecho siempre, Iaies busca en otros y en él que lo local se transforme, sin dejar nunca, como afirma, “de encontrar aquella música que pinta el color de la aldea en la cual vives”.

Por Juan Camilo Maldonado T.

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