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Pertenece a una sociedad de un francés y un colombiano, y sirve comida francesa, esa de los restaurantes tradicionales de hace treinta años y con las salsas de siempre, pero se esmeran en cocinar bien y lo logran.
El amueblamiento y el ambiente es sencillo y la atención amable y eficiente, conocen su oficio y lo hacen sin la afectación tan común entre quienes aprenden una retahíla reciente sin saber de qué están hablando.
La carta cuenta con 20 entradas entre $9.400 y $21.000. Diecisiete carnes con precios alrededor de $23.000 y recetas tradicionales de la comida francesa: salsa bernaise, a la mostaza, a la pimienta, ternera con salsa de crema de leche... Diez platos de pescados y siete de mariscos, nueve de aves: pato a la naranja, coq au vin, cuatro ensaladas y 13 postres. Una carta de vino extensa y buena baguette de San Fermín.
De entrada pedimos sopa de cebolla, estaba como las buenas de París, hecha con un buen caldo. Las proporciones entre la cebolla caramelizada, el queso gruyére y el caldo muy bien balanceadas. Estaba deliciosa. Cuando quiera una buena sopa de cebolla puede ir a la Table de Michel.
Como plato fuerte probamos un “conejo al vino”, que era un “coq au vin” donde el “coq” se había cambiado por “lapin”. El maravilloso estofado al vino de la cocina francesa, con cebollitas, hongos y tocineta estaba bien hecho. Aunque la salsa al vino estaba buena, para mi gusto, el tris de harina que tenía debería haberse cocinado más tiempo. La sustitución del gallo, aquí en Colombia pollo, por conejo me pareció muy acertada. La textura del conejo, parecida a la del gallo, resulta muy buena en este plato. Se había marinado en vino bastante tiempo así que sabor y textura estaban excelentes.
Las “chuletas de cordero grillé” asadas a un punto medio valían la pena. Eran importadas de Chile y de muy buena calidad. Por razones que desconozco no hemos podido levantar buen cordero en Colombia. El asado era impecable y el plato, aunque no alcanzó la bondad gastronómica del conejo al vino, era satisfactorio.
Los postres nos decepcionaron. Las crêpes suzette con cero encanto, algo faltó en la vieja receta, el almíbar de naranja con ralladuras y cointreau no estaba inspirador. Nos salimos de los platos tradicionales y por recomendación del maitre pedimos “Merengue Tawil”: un merengue de regular factura, con helado de vainilla, crema chantilly, fresas y chocolate. El Doctor Tawil, quien según el maitre lo había creado, debe ser un buen médico, pienso que es mejor que se dedique a la medicina.
Salvo por el contratiempo de los postres, si de comida francesa tradicional, a buen precio y sin muchas pretensiones se trata, en la Table de Michel se come bien. Por supuesto que volveremos.
Calle 69A N° 4-15. Teléfonos 248 113 - 347 7939.