Cultura| 25 Sep 2008 - 9:00 pm

Corrientes ocultas

Por: Elkin Obregón S.*/ Especial para El Espectador
Postal de Machado de Assis. El próximo 29 de septiembre se conmemora el centenario de la muerte de este gran escritor brasileño.
Machado de Assis

Hace unos días recibí la convocatoria del Tercer Concurso Literario Brasil de los Sueños, Homenaje a Machado de Assis, patrocinado por el Instituto de Cultura Brasil-Colombia. Las reglas del concurso incluían un breve párrafo extractado de una obra de aquel autor, a partir del cual el concursante debía desarrollar una historia propia de no más de 1.000 palabras. El texto propuesto, como casi no podía ser menos, pertenecía al cuento Misa de gallo, y es como sigue:

"Nunca pude entender la conversación que sostuve con una señora, hace muchos años, tenía yo diecisiete, ella treinta. Era la noche de Navidad. Habiendo convenido con un vecino en ir los dos a la misa de gallo, preferí no dormir; acordamos que yo iría a despertarlo a medianoche". Se trata del párrafo inicial de ese cuento, uno de los más misteriosos, inquietantes y elusivos del gran escritor carioca (parámetros que abundan en su obra, llena de corrientes subterráneas, de "ventanas imprevistas") y, en general, de toda la literatura brasileña.

Dicho cuento, en particular, ha ejercido siempre una suerte de fascinación sobre lectores, críticos y autores de aquel país. Consecuencia de esa fascinación fue el ejercicio literario ideado por otro importante novelista brasileño, Osman Lins, en los años 70 del siglo pasado. Lins propuso a una serie de sus más conspicuos colegas escribir cada uno su propia versión del famoso cuento. Varios de ellos se negaron al principio, alegando que sería una especie de profanación; finalmente, todos se rindieron al hechizo del reto y terminaron afrontándolo, con mayor o menor fortuna. Casi siempre menor.

Pero son interesantes los diversos caminos que tomaron. Nélida Piñón elige a un personaje sólo nombrado en el cuento (nunca lo vemos, pero sabemos al final que morirá pronto) para que narre en primera persona episodios de su vida. Lygia Fagundes Telles evoca el episodio desde un futuro remoto, dando a la narración un final sorpresivo. Otros cuatro, en fin (entre ellos el propio Lins), optan por elaborar estrictas variaciones, sin alterar el tiempo (un par de horas) y el escenario de la historia original. Una historia tan inasible, por lo demás, que se muestra incólume al asedio de tan avezadas plumas. El libro resultante, pues, es sin duda una curiosidad bibliógrafica, pero también una suma de pequeños fracasos -o casi-, que no trascienden el límite del juego o del divertimento. Pero tal vez no se trataba de otra cosa. Nadie osaría completarle la plana a alguien así de escurridizo y además genial.

Misterio sobre misterio, al menos dos pueden señalarse en la vida y obra del autor de Dom Casmurro. El primero, el origen de su amargo humor negro, su visión tan contenida como desolada del mundo. Algunos aducen la epilepsia que lo atormentó siempre, otros añaden a esto el duro escollo social que debió suponer para él su condición de mulato (su padre era negro, su madre portuguesa) en una comunidad clasista y excluyente que, sin embargo (otro misterio), no le cerró sus puertas; al menos no lo suficiente para que Machado no pudiera escrutar las lacras y miserias que habitaban aquellos salones del Segundo Imperio, si bien su escalpelo implacable no perdonó rincón ni escala alguna de la sociedad de su tiempo. Toda la fauna carioca pasa por sus páginas, desde el más oscuro estraperlista o el más gris maestro de escuela hasta los

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Opinión por:

Benito Cámelas

26 Septiembre 2008 - 11:14am
Ojalá todos los artículos culturales de El Espectador fueran como éste. ¡Qué tipo pa' escribir bueno! Mejor dicho, qué tipos para escribir bien: Machado y Obregón. Sigan así.
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