Cultura| 24 Jul 2008 - 10:20 pm

Hace 45 años Editorial Suramericana publicó ‘Rayuela’

Cortázar el enorme

Por: Ricardo Abdahllah/ París, Francia
Los artistas argentinos Luis Tomasello y Julio Silva, comparten anécdotas de tres décadas de amistad con Cortázar en París.
‘Rayuela’
Foto: EFE

Retrato de Julio Cortázar en París en el año 1964.      

“Cuando estés allá, ve y decile a Julio que lo queremos mucho”, le encargaron algunos amigos al escultor Julio Silva cuando supieron que se iba para París. El recado encerraba ya que Silva sería el “otro Julio”, pero no le molestó y aún se refiere a sí mismo de esa manera. Con eso en mente, bajó del tren en Gare Saint Lazare en marzo de 1955. No tenía mucho dinero ni pasaje de regreso y sabía que tendría que trabajar en lo que fuera, pero conocía también que en Buenos Aires ya había visto lo que había para ver. Algunas semanas después de su llegada, Silva se detuvo frente al edificio de la Unesco en la Avenida Kléber para transmitirle al otro Julio el mensaje que le habían encomendado.

“Abrí la puerta de su oficina, él estaba sentado en su escritorio y como era tan alto me pareció que nunca iba a acabar de ponerse de pie”, dice Silva en su apartamento, cuyos tres niveles están casi del todo ocupados por las máscaras que colecciona. La mayoría son africanas, pero hay también asiáticas y centroamericanas. Las mexicanas se distinguen por lo coloridas. Silva dice que no sabe cuántas tiene y organiza las fotografías para el catálogo de lo que será una donación importante a un museo de Buenos Aires. En las paredes pueden verse también algunos de sus dibujos originales. Por número, están en desventaja frente a las máscaras, pero es más notoria la diferencia de temperamento. Las máscaras, las nigerianas sobre todo, inspiran miedo a los mortales y al menos respeto a los temerarios; las figuras en las pinturas de Silva siempre parecen estar sonriendo o al menos intentando sonreír.

Decir que parece que Silva hubiera pintado cronopios parecería fruto de un exceso de emociones cortazarianas, si no fuera porque Silva hizo también la portada de Historias de cronopios y de famas. Del encuentro en la oficina de la Avenida Kléber, una vez que Cortázar terminó de ponerse de pie, nació una amistad de la que salieron innumerables cenas y un buen número de proyectos comunes. Silva fue el responsable de la original diagramación de La vuelta al día en ochenta mundos y con sus dibujos inspiró a Cortázar los textos de Los discursos de Pinchajetas  y Silvalandia. La portada de esta obra muestra a los dos Julios con cara de cronopios, que le tendrían miedo a un ejército de máscaras camerunesas. En el dibujo Cortázar es el más pequeño. A lo mejor no están dibujados en proporción a su estatura real sino a su capacidad culinaria.

“Silva es un cocinero excelente” dice Tomasello. “Cuando cenábamos con él y con Cortázar y Yurkievich en mi casa, yo hacía algo sencillo. Una milanesa o una pasta, que también le gustaba a Cortázar. Silva en cambio inventaba cosas”.

Como Cortázar y Silva, Luis Tomasello es argentino y desembarcó en París en los cincuenta. Desde hace cuarenta y cinco años vive cerca del cementerio de Père Lachaise, en una casa que ha ido agrandando a partir del taller original que le compró a un carpintero que lo tenía abandonado y en el que adaptó un apartamento. Conforme pudo mover los muebles y ampliar la construcción, la habitación inicial ha vuelto a ser un taller. Llueve y hay un gato negro que no se ocupa de uno de esos ratoncitos pequeños de metro que vagabundea entre los listones de madera. Tomasello, aunque se recupera de una pierna rota, no deja de trabajar en las esculturas cinéticas a las que se ha dedicado desde los sesenta, por la época en la que una arquitecta argentina que lo conocía le dijo que una pareja con la que ella había trabajado buscaba a alguien para que les pintara su apartamento. Aunque Tomasello no era ese tipo de pintor, las finanzas no iban bien y ese trabajo le permitiría ganar algún dinero mientras llegaban las exposiciones y los compradores.

La casa en la Plaza del General Beuret que Tomasello pintó sigue siendo el hogar parisino de Aurora Bernárdez y el apellido Cortázar aún puede leerse en el buzón. Fue allí donde el escritor terminó Rayuela, que había comenzado en un cuartico del 7ème mientras trabajaba en El perseguidor. Ese cuento, el mismo Cortázar lo dijo, abrió para él, en cuestiones de fondo, el

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Pase_a_saludar

27 Julio 2008 - 4:16am
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Enorme!!!!! Enorme texto, Ricardo!!!!!!!
qué bueno refrescar los recuerdos del mejor escritor en la historia de ARgentina!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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poeta_perdido

26 Julio 2008 - 10:44am
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qué buena crónica , es extraño encontrar en los diarios ejemplos como este de buen periodismo literario
que vivan los cronopios!!!!

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soliloquiono

25 Julio 2008 - 11:54pm
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Increíble que El Espectador publique un texto que tiene como personaje principal a Julio Cortazar -uno de los grandes del siglo XX- y que está tan mal escrito. Es lamentable que la portada del magazín de cultura, nada más y nada menos, sea tan deficiente en su retrato y en su redacción. Lo triste es que no es la primera vez que se ve.

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Manuel Rozental

25 Julio 2008 - 9:01pm
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Verdaderamente enorme Cortázar. La falta que nos hace. Me lo imagino hoy frente a George W, Sarkozy, Irak. De Colombia no hace falta imaginar, en su triste Satarsa quedó claro que horrores como el nuestro lograron destrozarle la felicidad de vivir que era tan enorme como el. Gracias por invitarlo a que regrese.

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Doña Juana

25 Julio 2008 - 3:55pm
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Fue una agradable sorpresa deparar con esta excelente semblanza sobre Julio Cortázar; pues desde hace tanto tiempo que el periodismo cultural está dejando a desear en nuestro país. Para quienes somos admiradores de la obra de Cortázar, él es algo más que un escritor: es un maestro. Dar a conocer su obra y vida es rescatar del olvido a alguien que nos enseñó a percibir las dimensiones ocultas de la realidad, a percibir la existencia como un juego metafísico.

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alguiendice

25 Julio 2008 - 11:24am
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Están buenísimas las crónicas de los Viernes en el espectador, ésta y la de Sábato muy entretenidas y con detalles muy interesantes sobre la vida y obra de estos grandes escritores. Ojalá sigan así. Qué bueno el espectador del Viernes!

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zambucaT

25 Julio 2008 - 8:18am
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Gran nota, un par de dibujos de los que se mencionan hubiesen sido geniales. )
---En París somos como hongos, crecemos en los pasamanos de las escaleras, en piezas oscuras donde huele a sebo, donde la gente hace todo el tiempo el amor y después fríe huevos y pone discos de Vivaldi. (Rayuela 32)

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