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Quedó sin aliento cuando la vio entrar por la puerta de su taller. La presentadora estrella de las noticias de las 5 de la tarde, del canal CBS, Shon Gable, cumplió su promesa y llegó hasta su atelier, ubicado en Harlem, un barrio de poca reputación entre la alta clase neoyorquina.
La había conocido durante una fiesta en la que participaban 15 jóvenes diseñadores. Gable debía elegir quién la vestiría para los próximos premios Emmy y ella eligió los diseños de Edwin D´Angelo, un moreno apuesto que a pesar de su excelente inglés, delataba con sus movimientos su procedencia latina.
“Soy de Buenaventura, Colombia”, le dijo tímidamente sobrecogido por la importancia de la situación cuando ella le preguntó por el origen de su particular estilo. Tras unos minutos de conversación, Gable le prometió que no sólo usaría su vestido en la noche más importante de la televisión norteamericana, sino que además le haría un reportaje para su canal.
Bastaron cinco minutos en la pantalla chica y algunos elogios como “elegancia ecléctica” y “una especial forma de definir las curvas femeninas”, para recibir cientos de llamadas de mujeres de toda Nueva York que pedían cita para visitar su tienda.
“En pocos días el frente de mi almacén estaba lleno de Jaguars y Mercedes Benz, cuando por ese barrio sólo se asomaban los carros de la Policía”, comenta jocosamente D´Angelo, quien se ha convertido en un verdadero hito entre la comunidad negra de mejor clase de Estados Unidos .
Este diseñador colombiano triunfó el pasado 5 de septiembre en la Semana de la Moda de Nueva York, con una pasarela que mostró 38 vestidos blancos hechos en seda y satín con toques de color negro y cuero. Para el desfile seleccionó sólo modelos afrodescendientes en busca, según él, de hacerle “un guiño al candidato presidencial Barack Obama”. Una estrategia que sin duda resultó muy bien recibida por los medios.
“La creatividad expresada en la colección hecha toda en blanco con luminosidades y toques de negro estuvo destinada a ser realmente un anuncio político”, escribió Los Angeles Times. “Aquática contiene 38 looks, uno más atrevido que el otro, pero todos limpios, fluidos y precisos en ejecución”, describió por su parte CBS News. Mientras que Uptown Magazine sentenció: “El diseñador conocido por su confección no desilusionó a nadie en esta temporada”.
Entre baúles y agujas
Edwin llegó a la Gran Manzana cuando tenía 12 años. Su madre, Sara Ortiz, había decidido empacar maletas y dejar atrás su adorado puerto valluno para conquistar el sueño americano y así sacar adelante a sus dos hijos.
Pasaron seis años para que la familia se reuniera de nuevo en tierras lejanas, pero mientras tanto Edwin en su casa de Buenaventura ya había empezado a desvelar su pasión por la moda. Pasaba sus tardes entre los retazos y los canastos llenos de telas de sus tías, quienes eran costureras de profesión. En las horas del recreo replicaba lo que veía en el taller con papeles brillantes de cajetillas de cigarrillos y sin terminar las tareas hacía un alto para ver Adelante con la moda, un programa
que conducía Gloria Valencia de Castaño. “Ese era mi minuto de transportarme al mundo, como si con la moda estuviera más cerca de mi mamá”, recuerda el diseñador.
Después de pasar trabajos, D´Angelo se convirtió en el orgullo de su madre al ser el primero de la familia que lograría acceder a la educación universitaria. La presión familiar se hacía sentir, todos estaban convencidos de que el jovencito debería elegir la escuela de leyes. “Como buen hijo latino, no tuve más remedio que cumplir con lo que mi mamá soñaba”. La paradoja es que gracias al dinero que hizo trabajando en un bufete de abogados pudo abrir el 1° de agosto de 2001 su primera tienda de moda en Nueva York.
Entre litigios y corbatas, Edwin decidió que su vida no podía reducirse a las parcas leyes y a los descoloridos libros de derecho. Intentó conseguir un trabajo en algo relacionado con moda, pero resultó difícil y muy mal pago, así que se abrió paso por su propia cuenta. Arrendó un local y contrató a un par de empleados. “Me mataba trabajando en el bufete para pagarles y me mantenía con galletas y agua”, recuerda con gracia hoy que no sólo goza de ventas millonarias, sino que además muestra su ropa en Miami, Houston, Los Ángeles y Dallas.
Todas las noches sin falta él dejaba los dibujos de los vestidos drapeados, con cinturas finas y escotes arriesgados que quería que sus costureros cosieran en el día y así empezó lentamente a llenar su almacén de modelos novedosos. Luego llegó su estrella de la buena suerte directo de CBS y las ventas se dispararon. “El primer vestido que hice en mi vida se lo cosí a mi hermana, quien soñaba con tener algo deslumbrante para su prom. Cosí un vestido imponente, azul turquesa, de espalda amplia y cortes excéntricos y todas sus compañeritas se antojaron de que les diseñara el vestido”, rememora Edwin sin poder escapar del asombro. “¿Quién iba a imaginar que ese talento que en su momento sólo celebraron las jovencitas recién graduadas me iba llevar tan lejos?”.
La tarde de su vida
Es sabido entre los diseñadores que participan en la Semana de la Moda de Nueva York que el triunfo de una pasarela no está dado tanto por ser la más costosa, ni por los grandes modelos que en ella desfilen, más bien está determinado por la cantidad de prensa que asista al evento. “Ese es el gran medidor del triunfo”, dice este moreno vallecaucano, quien desde 2004 ha participado con desfiles en el evento más importante de la moda en América.
“Aquática ha sido la pasarela más importante de mi carrera, porque logré que agencia EFE, Associeted Press, Le Collezioni y Los Angeles Times estuvieran en mi desfile, pero sobre todo porque los asistentes hicieron muy buenas reseñas de la colección”, explica D´Angelo, quien asegura que en un evento en el que hay que cubrir más de 100 diseñadores de sol a sol es un verdadero mérito que su desfile logre capturar prensa prestigiosa y robe espacios en las editoriales de moda.
Ha llegado muy lejos. Su atelier sigue quedando en Harlem, pero por aquellos caprichos del mercado inmobiliario, ahora cuesta millones. Desde ahí prepara ya la colección de otoño que presentará en la Semana de la Moda de febrero. Su sueño ahora es tener uno de sus diseños en la portada de Vogue. Mientras tanto su madre, quien se ha pensionado y ha dejado Norteamérica para regresar a su querida Buenaventura, se convierte de nuevo en ese motor que alienta que su arte cambie de latitud. Esta vez para regresar a su país de origen.