Cultura |18 Sep 2008 - 9:06 pm

Autores del mundo en Bogotá

El poder de las letras

Por: Elespectador.com

De Jordania a Colombia, de Japón hasta Inglaterra, la fuerza de la palabra sirve como vínculo para estos cuatro escritores que participan en el 74 Congreso Mundial de Escritores: Pen International. El Espectador habló con cada uno de ellos.

Reunión de Escritores
Foto: Herminso Ruíz-El Espectador
 Takeaki  Hori

Japón

Takeaki  Hori

Takeaki Hori, director ejecutivo de PEN Japón, se define a sí mismo como el japonés más inusual que conoce.

En los últimos cuarenta años ha cambiado tantas veces de trabajo como de curiosidades y enfoques en la vida. Nacido en Yokohama (cerca a Tokyo) y rodeado por la naturaleza, Hori creció con la intención de ser científico entomólogo y terminó por estudiar Derecho en la universidad de Tokyo: “Allí, con el derecho, perdí mi vida, y aunque mantuve como hobby la investigación de insectos, sentí la necesidad de huir”, afirma.

De naturaleza inminentemente rebelde, evitando siempre trabajar para el gobierno  y verse sistematizado, y buscando simplemente poder andar por el mundo sin tener verdaderamente un lugar adonde ir, Takeaki Hori ha vivido, estudiado y trabajado, en países como República Checa, Australia y Estados Unidos.

En cada uno de los países que han tenido la suerte de hacerlo suyo, este nipón ha logrado combinar una inmersión cultural y lingüística total con la entomología y, sobre todo, con la escritura (desde artículos antropológicos hasta reportes socioeconómicos) para hacer llegar su mensaje a “cada uno de los rincones del planeta” (Hori). A lo largo de los años, Hori se ha erigido, por su singularidad misma, como una suerte de puente entre Japón y el resto del mundo, entre lo que el país del sol naciente tiene por enseñar y mostrar a aquellos países (como es el caso específico de República Checa con el que trabaja) que buscan salir adelante.

Actualmente, Takeaki Hori concentra sus esfuerzos en fortalecer y mejorar el PEN japonés. Para Hori el mayor reto consiste en abrir el horizonte de expectativas puesto que el 99 por ciento de los escritores miembros se interesa únicamente en que sus obras se publiquen dentro de Japóny tan sólo el 1 por ciento posa su mirada sobre literaturas extranjeras. Con Japón como sede de este congreso en el 2010, Hori busca abrir la puerta y lograr que la información fluya en doble sentido y que los escritores japoneses se abran al intercambio de letras y de ideas con el mundo.


Inglaterra

Caroline McCormick

En el mundo, son muchos  los trabajos alimentarios y pocos los que son elegidos.

Caroline Mc Cormick pertenece a ese selecto grupo donde la pasión se mezcla con la profesión. Estudió literatura inglesa y obtuvo una maestría en escritura contemporánea. Se considera una afortunada porque le pagan por hacer lo que más le gusta: trabajar con y por la literatura. Hace tres años se desempeña como la primera directora ejecutiva del Pen International. Su función es conseguir fondos de empresas, de individuos o fundaciones que concuerden en valores y metas con la organización. Es maximizar las oportunidades del mundo moderno en una organización literaria.

Asimismo, se encarga de  lanzar nuevos proyectos. Se siente orgullosa de haber inaugurado en abril de este año el piloto del primer Festival Literario Mundial. La idea es hacerlo cada año en diferentes ciudades del mundo. El próximo se hará en Londres y tendrá como tema: El cielo en la tierra. Caroline enfatiza que el espíritu de este evento quiere alejarse del patrón que prima en festivales del estilo, donde al final se vuelven plataformas para promocionar libros. “Nuestro festival trata sobre lo que los escritores saben hacer mejor: hablar sobre las ideas”.

Antes de entrar al equipo del Pen, Caroline fue directora de Desarrollo del Museo de Historia Natural de Londres. Dentro de sus mayores logros está la creación de una nueva ala  del museo: El centro de Darwin. “Trabajar en medio de los más importantes científicos del mundo  fue una real educación, donde aprendí algo nuevo todos los días”. Actualmente reparte su tiempo en varias consultorías. Por ejemplo, al Teatro Old Vic (donde Kevin Spacey es el director artístico) lo asesora en estrategia y recaudación de fondos. Además de sus múltiples funciones, acaba de terminar su primera novela que trata sobre el colapso de la identidad inglesa. La palabra, sin duda, es  y será su columna vertebral.

Jordania

Fadia Faquir


“El exilio es un país triste. En el exilio la nostalgia se convierte en la única forma de lealtad con tu hogar”, asegura más beligerante que apesadumbrada la escritora jordana Fadia Faquir. A los 19 años contrajo matrimonio, como su padre lo  había designado desde su nacimiento. Sin embargo, después de unos cuantos años de suplicio tuvo la valentía de divorciarse, aunque eso le costaría la pérdida de la custodia de su hijo que no completaba los tres meses de nacido. “Cada cosa que he hecho desde entonces, incluyendo mi escritura, buscan terminar con este rapto”, confiesa Faquir.

Viajó en 1984 a Inglaterra para estudiar literatura, pero al año regresó a su país con el afán de poder escribir en su propia lengua. “Cuando vives en un mundo autocrático la literatura se convierte en el lugar privilegiado para expresar las ideas” era una de sus grandes verdades,  pero la presión se hizo insostenible y la jovencita que palpitaba con las historias de Shakespeare, Eliot y Flaubert volvió a marcharse, esta vez para siempre.

Su primera novela Nisanit, nació cuando siendo reportera  del Jerusalem Star  tuvo que cubrir la liberación de tres prisioneros palestinos. Luego vendría Pillars of salt una visión femenina de oriente durante los tiempos del asentamiento británico en Jordania. “Mis historias no solo buscan humanizar a los árabe, también a los ingleses o los indios porque creo que cuando lees a gente de otra cultura y te acercas a través de la ficción a ella tal vez sea más difícil que luego la asesines”.

Fadia Faquir después de vivir 24 años en Inglaterra se considera aún una expatriada “expatriada por su padre”,  aclara, asegura que su escritura si bien es dura con el mundo árabe no es complaciente con Inglaterra por eso  no le sorprenden las malas críticas a  libros como My name is Salma, en donde intenta hacer un retrato de la sociedad inglesa y su trato con los inmigrantes y los refugiados.


Por el contrario si le sorprende que en occidente las editoriales que la publican siempre quieran poner una mujer cubierta con un velo en la carátula “creo que el imaginario occidental está obsesionado con las mujeres y el velo”, dice en tono fuerte añadiendo “nunca estoy feliz con la forma en que mis heroínas siempre son reducidas”. Fadia Faquir trabaja en una próxima novela, ha logrado que una editorial española la traduzca al español y sobre todo está emocionada porque va a traducir (ella misma) sus novelas al árabe.

Colombia

Jaime Manrique

Jaime Manrique llegó a Estados Unidos hace más de dos décadas, con algunos libros publicados en español, la necesidad urgente de escribir y poco dinero en el bolsillo. Era parte del grupo de escritores latinos en la Nueva York de los años 80, en la ciudad que recibió al cubano Reynaldo Arenas y al argentino Manuel Puig.

En esos años, cuando el sida además de ser una enfermedad mortal, era un estigma y un asunto que los políticos se negaban a incluir en la agenda pública, Manrique miembro del capítulo norteamericano del Pen decidió hacer parte del Comité por los escritores con sida. “Este comité luego desapareció, pero hicimos mucho por aquellos amigos que básicamente se nos estaban muriendo sin remedio”.

En otro momento, Manrique también recibió mucho de esta organización: “Cuando empezaba, básicamente no tenía con qué pagar la renta, y el Pen me daba una mensualidad”, por eso hoy, como representante de la junta norteamericana, cuando hace un aporte, pide que vaya a este fondo.

Manrique, aunque lleva muchos años radicado en Estados Unidos (al punto que escribe en inglés), vuelve cada tanto a su país de origen, en ocasiones con sus nuevos libros (como su última novela Nuestra vida son los ríos), pero esta vez como miembro de una organización que para él debería crecer en Colombia y funcionar como en los Estados Unidos, donde los escritores tienen un verdadero apoyo.

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