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También las Farc agradecen a la Virgen

Me tocó vivir en Medellín las horas dramáticas y emotivas del rescate de Íngrid Betancourt y de los otros 14 rehenes. Estaba prevista para esa tarde una conferencia mía en EAFIT, y Héctor Abad Faciolince, mi anfitrión y presentador, vaticinó que íbamos a tener poco público.

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Ricardo Bada
17 de julio de 2008 - 10:25 p. m.
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Le repliqué harto puesto que en razón prefería ver a los rehenes libres a tener la sala llena de público.

Para nada me retracto de ello, pero si observo el desarrollo sacro-litúrgico del auto sacramental que le ha proseguido, la verdad es que me pregunto para qué necesita Colombia unas Fuerzas Armadas. Yo, presidente del país, nombraría ministra del Ejército a la Virgen de Chiquinquirá (o a la de Lourdes, con el permiso expreso de Carla Bruni y su marido), y arreglaría de un plumazo el tema de los secuestros, y hasta puede que el de la guerrilla.

Confieso entender cada día menos el espectáculo de la estupidez humana. Nos la pasamos quejándonos del fundamentalismo islámico, de los kamikazes palestinos, de los ayatolas iraníes, para a renglón seguido caer de rodillas y rezar el rosario.

Tengo entendido que en la Casa Blanca no han llegado (todavía) a tal extremo, porque la doctrina del Destino Manifiesto no permite en modo alguno la genuflexión, aunque todo está por verse. Hasta que se termine comulgando con breezels saladitos y ruedas de molino en vez de con hostias ácimas.

Debo decir que no estoy para nada en contra del pensamiento religioso, y que creo, con Federico el Grande, el amigo de Voltaire, que cada cual debe tratar de ser feliz “a sa façon”, sea cual fuere la manera que elija: católica, evangélica, agnóstica, judaica, islámica, budista, la que sea.

Pero una cosa es eso, y otra cosa es tener que contemplar con los brazos cruzados y la boca cerrada una farsa tan grotesca pues tuvo lugar en una gruta como la del agradecimiento público por la liberación de los rehenes a la Virgen de Lourdes.

En rigor, la pregunta que se debería plantear a la celestial intercesora es por qué tardó tanto en dar luz verde al milagro, y por qué continúa tardando en dárselas a los cientos de rehenes que siguen en poder de las Farc. Y mientras no se responda a esas dos preguntas, el espectáculo será cada vez más vomitivo, y hasta podemos correr el riesgo de llegar a creer que el nacimiento de Solidarnosc en la Polonia de los 80 fue fruto de la inspiración del Espíritu Santo.

Y ya que estamos metidos en harina de milagros, bueno será citar lo que Borges y Bioy Casares recogieron bajo el poncho compartido del seudónimo John Wisdom en su coletánea Cuentos breves y extraordinarios: “Parece que Bertrand Russell recordaba siempre la anécdota de Anatole France en Lourdes: al ver en la gruta amontonadas muletas y anteojos, France preguntó: ‘¿Cómo? ¿Y no hay piernas artificiales?’”. Este preñadísimo párrafo lleva por título: “De la moderación en los milagros”.

Pero más que de tal moderación, de lo que a mí me parece que andamos necesitados es de una cierta claridad mental. Porque siguiendo el razonamiento mental del agradecimiento betancourtiano a la Virgen de Lourdes, pronto podríamos asistir a congruentes caravanas de peregrinos de las Farc para festejarla por todo lo contrario. Pues como dice el viejo romance castellano: “Vinieron los sarracenos / y nos molieron a palos, / que Dios ayuda a los malos / cuando son más que los buenos”.

Por Ricardo Bada

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