El ilustrador de 'Cien años de soledad'

El artista bogotano Pedro Villalba pasó seis años ilustrando la obra magna de Gabriel García Márquez. Editorial Norma publica una edición con parte de sus grabados.

Es media mañana y Pedro Villalba muestra con orgullo su taller Bosque Primario, que por su aspecto limpio y ordenado más parece un museo de la tipografía que el taller de un artista. Máquinas tipográficas inglesas Hopkinson & Cope del siglo XIX y principios del XX fueron rescatadas de la chatarrización y de la humillación de nuevas tecnologías por este artista para ponerlas a hacer un trabajo más digno.

En un lugar especial de su templo está la caja que como un sagrario guarda la custodia con su trabajo de 13 años: uno de los 50 libros numerados y en edición de lujo de 120 grabados titulado Cien años de soledad al aguafuerte, La mirada de un artista a la novela de GGM.

Son cuatro tomos que guardan, además de las primeras páginas de cada capítulo impresas en las antiguas máquinas para carteles con lingotes metálicos, seis grabados por cada capítulo. Cada uno impreso en cuartos de papel de algodón italiano, que él delicadamente manipula con guantes blancos especializados.

Este trabajo fue mostrado en público en 2002 cuando se expuso por primera vez en el Museo de arte moderno de Cartagena. Desde entonces, su obra inició una vida propia distinta de su creador que hoy celebra un nuevo triunfo. Se trata de una edición de Cien años de soledad ilustrada con sus grabados, que saldrá a la venta mañana. Una edición autorizada por Gabriel García Márquez y por su agente Carmen Barcells, que permitirá que el arte de Villalba llegue a las manos de miles de lectores.

Durante la entrevista, Villalba Ospina recibe el primer ejemplar de este libro que se empezó a trabajar hace un par de años con Editorial Norma, dueña de los derechos para Colombia de la obra de García Márquez. A pesar de ser un hombre silencioso y poco expresivo, no puede disimular la emoción del momento y entonces empieza a recordar —mientras acaricia suavemente el libro página por página, detalla la calidad de la impresión, la calidad del papel y de la encuadernación— cómo nació toda esta historia, que es la historia de su vida.

El primer cuento

“La primera vez que leí algo de Gabriel García Márquez fue gracias a mi profesora de español de primero bachillerato que nos puso de tarea un cuento titulado Un día de estos, cuenta el artista con voz pausada. Él, quien no alcanzó a comprar el libro para el día de la tarea, se fue a un quiosco y leyó lo primero de García Márquez que le llegó a las manos, desafortunadamente un cuento distinto del solicitado como tarea.

De manera mágica, esta maestra, una argentina radicada en Colombia, contaba a sus alumnos día tras día las historias del gran escritor que en ese entonces no portaba el título de Premio Nobel. “Nunca supe si lo hacía a propósito, pero cuando la historia iba en la mejor parte y sólo se escuchaba la voz de ella en el salón y la tiza contra el tablero, sonaba la campana. Así logró que al salir de clase nos fuéramos a buscar los cuentos para terminar de leerlos”.

Fue así como año tras año los preparó hasta cuarto de bachillerato, cuando leerían por primera vez Cien años de soledad. Villalba confiesa después de esa primera vez que el libro se le volvió una obsesión y lo releía incansablemente una vez por año.

Fue algunos años más tarde, después de terminar la carrera de Bellas Artes en la Universidad Nacional, cuando estaba dedicado a restaurar unas piezas chinas que le exigían mucho trabajo en los detalles con pinceles diminutos, que el deseo de ilustrar escenas de su libro favorito emergió.

Entonces, en el pequeño cuarto de servicio de su apartamento, empezó a trabajar con la técnica de aguafuerte (grabado) en las imágenes más radicadas en sus recuerdos. La primera, casualmente la que el escritor escogió para la portada del libro: ese tren que llevaba todos los muertos de la masacre de las bananeras.

Así pasaron seis años en los que primero trabajó apoyándose en su memoria, luego implementó un método de lectura para asegurarse de hacer seis grabados por capítulo, sin dejar de lado ninguna imagen significativa. Seis años en los que su proyecto, inicialmente pasional, se le convirtió en una misión y ya las cosas no salían espontáneamente sino que había un compromiso, un acto de obediencia, un mandato superior que lo motivaba a continuar a pesar del cansancio o de la falta de inspiración.

Una de esas escenas importantes, pero poco gráficas, produjo uno de los grabados más bellos por su sencillez y significado. Se trata de la mano de un telegrafista que teclea mientras decenas de signos Morse se elevan como en una danza. Villalba habla acerca de este grabado que nace de la escena en la que Gerineldo Márquez acaba de ser rechazado por su amada Amaranta y está respondiendo al Coronel Aureliano una cita por telégrafo. Llueve, y en medio de una conversación muy técnica sobre la guerra, Márquez no logra evitar el dolor y se le escapa la frase ‘Aureliano, está lloviendo en Macondo’.

“Hay momentos de la novela muy importantes no sólo por su significado, sino por su extremada belleza —explica el artista—, este es un episodio poco visual, lo que tiene de especial es la intimidad que el momento recoge. Primero pensé en la imagen de un hombre triste, pero me decidí por una metáfora visual, que por un lado hace homenaje al padre telegrafista de Gabriel García Márquez, pero por otro respeta la profunda intimidad del momento. Decidí escribir en Morse el párrafo al que hace alusión la imagen”.

La visión de un artista

Sólo hasta 2005, gracias a una invitación a Casa de América en Cuba, Pedro Villalba pudo ver uno de sus sueños realizados. Aunque no fuera una obsesión, para el artista era muy significativo que el autor del libro conociera su trabajo.

Para celebrar los 20 años de la escuela del nuevo cine latinoamericano invitaron la muestra de los 120 grabados y fue ahí donde Villaba Ospina pudo hablar extensamente con García Márquez sobre cada uno de los pasajes que inspiraron las imágenes. “Fue un encuentro fuera de serie. Él tenía una gran disposición para ver cada obra. Es un hombre extraordinario, debemos estar orgullosos no sólo de tener un Premio Nobel, sino de su calidad humana y su sensibilidad”.

En medio del encuentro alguien notó que no existía una imagen completa de Remedios La Bella, uno de los personajes más significativos de la historia. Villalba respondió:  solo muestra sus pies en el momento en que asciende al cielo porque ese personaje no permitía una interpretación distinta a la literaria y agregó,  de manera jocosa, que por otra parte temía el fatal destino de los hombres que se enfrentaban a su belleza, a lo que el Nobel respondió: “Esa es la visión de un artista de la novela” y con esta frase —que ahora aparece en la versión hecha a mano del libro — resumió seis años de creatividad y disciplina, y toda una vida consagrada a este libro infinito que en 40 años de existencia ha inspirado ilustraciones, cuentos, canciones, obras de teatro y todas las formas de arte.

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