Meleyólamente

Al inicio de todo, hay un bambuco alegre, fluido. Hay también un dúo que construye un universo, que toca canciones desprevenidamente.

La música viene del corazón: está hecha de detalles, de sutilezas, de silencios. Los dos músicos se comunican, emiten gestos que se parecen a la telepatía, pero también disfrutan de la contradicción, de la posibilidad de disentir.


Hay un disco, de cualquier modo. Uno inclasificable. Se llama Meleyólamente. Lo grabaron, hace ya algunos años, el pianista Ricardo Gallo y el tiplista Alejandro Flórez. En principio, la postal es reconocible: la tradición musical de los Andes colombianos. Sin embargo, los caminos se ensanchan, se hacen menos obvios. Un pasillo no es exactamente un pasillo, sino sus contornos, sus bordes, sus lugares menos visibles.


Sin rendir cuentas, sin pedir permiso, Gallo y Flórez se alimentan de varias tradiciones. La montaña y la bruma están en Nueva York, en el sonido espeso del mundo, y fundamentalmente en el jazz: la interacción y la libertad tomadas como exigencias, casi como dogmas. La riqueza expresiva, la fuerza dramática y el lirismo forman un paisaje hondo, que tiene su mejor reflejo en la versión (absoluta, catedralicia) de “Los cerros testigos”, la pieza que Gallo escribió para homenajear la nostalgia de una ciudad.


Gallo y Flórez tocarán mañana, en el Museo Nacional. Habrá nuevas composiciones, nuevas ideas. Más allá de eso, será la oportunidad de ver uno de los proyectos más bellos y originales de la música colombiana reciente.


Museo Nacional, Auditorio Teresa Cuervo, 5:00 p.m.