Gente |22 Jun 2012 - 11:14 pm

Entrevista con Viggo Mortensen

Al otro lado del diván

En ‘Un método peligroso’, del director de culto David Cronenberg, el actor estadounidense asume el rol de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis.

Por: Janina Pérez Arias / Especial para El Espectador
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Viggo Mortensen encarna a Sigmund Freud. La película se centra en la relación que tuvo con el joven Carl Jung (Michael Fassbender).  /Cortesía Cineplex Viggo Mortensen encarna a Sigmund Freud. La película se centra en la relación que tuvo con el joven Carl Jung (Michael Fassbender). /Cortesía Cineplex

Mientras habla le cae un mechón de pelo ya entrecano sobre el ojo derecho. Quizá Viggo Mortensen (Nueva York, 1958) emule un poco la tozudez de su cabello al labrarse una carrera que muy bien pudo ser una consecución de éxitos de taquilla. Sin embargo, este cruce de danés con estadounidense siempre ha optado por exigentes roles que le permitan desplegar sus habilidades histriónicas y explorar sin miedo los límites de arriesgados personajes.

Con Un método peligroso Mortensen amplía aún más sus horizontes después de tanta fantasía, pantallas verdes y mundos generados por computadores. A casi diez años de su último rodaje con Peter Jackson, se hace fácil imaginar que quizá esboce una sonrisa cuando algún seguidor de El Señor de los Anillos se le cuadre para recitarle: “Soy Aragorn, el hijo de Arathorn”.

A este intérprete forjado en la escuela de drama Warren Robertson, donde sonoros nombres como Jessica Lange, Ben Stiller o Meg Ryan se encuentran en la larga lista de alumnos, esta vez le tocó lidiar con las insondables profundidades de la mente humana, concretamente con el psicoanálisis, un tema que no le es extraño.

El también fotógrafo, pintor, poeta y músico asumió el rol de Sigmund Freud para volver a ponerse en manos de uno de los directores de culto más reconocidos de la cinematografía mundial, David Cronenberg, dejando claro que a él lo de Hollywood no le va.

Ya mucho antes de su estreno mundial en el Festival de Venecia el año pasado, Un método peligroso había despertado el interés en diferentes flancos: desde los seguidores del director canadiense, pasando por los adeptos al psicoanálisis, así como los seguidores del reconocido actor, se pusieron alerta. Y pensar que Mortensen en un principio tuvo que rechazar el rol a causa de la enfermedad de su madre. Sin embargo, tiempo después, ante los problemas de calendario del austriaco Christoph Waltz (la segunda opción de Cronenberg), Freud volvió a caer en sus manos.

Escrito por el reconocido guionista Christopher Hampton (Relaciones peligrosas, Expiación), Un método peligroso se centra en la relación entre el joven médico Carl Jung (Michael Fassbender), quien a sus 29 años, inspirado por el trabajo de Freud, encuentra en su paciente Sabina Spielrein (Keira Knightley) la oportunidad de poner en práctica el novedoso método del psicoanálisis.

“Me sorprendió que David (Cronenberg) me ofreciera a Freud y no a Jung”, bromea Mortensen, quien siempre se ha sentido fascinado por el trabajo de Carl Jung, para luego agregar en tono más serio: “Disfrutas de Un método peligroso porque no es ni un documental ni una materia académica, es un drama, con algunas pinceladas de humor, a veces trágico, pero muy alejado de academicismos”.

Rodada en Austria, Suiza y Alemania, a Viggo Mortensen no le costó mucho zambullirse en Freud, cuya estampa hizo suya gracias a una nariz moldeada en sesiones de maquillaje, a un impecable estilo de principios de 1900 y a una barba canosa para enfatizar la madurez de los cincuenta del famoso doctor austriaco. Sin embargo, “cada día tuve que fumar”, relata Mortensen, “y no soy un fumador de puros”.

¿Pudo redescubrir a Sigmund Freud?

Al asumir este papel aprendí muchas cosas de Freud que no sabía, por ejemplo sobre su sentido del humor. Tenía un sentido de la ironía muy fino, seco, pero divertido. También descubrí que era un magnífico escritor y orador, hasta existe gente que escribió sobre la forma en la que hablaba. Después de investigar y leer mucho sobre Freud, puedo decir que más que un científico era un artista; en cada frase escrita por él hay poesía, y no es por nada que algunas personas dicen que tendrían que haberlo nominado al Nobel de Literatura.

La película presenta una especie de mano a mano entre Jung y Freud. ¿Fueron tan parecidos?

Pienso que Freud era más realista que Jung, aceptaba más las cosas del modo que eran. La intención de ambos de entender la psique de la gente, sus neurosis, era bastante similar. La idea de la confesión sin castigo, de escuchar al paciente, de curar ayudando a la gente a través de la atención, fue el punto de partida para ambos.

¿Cómo logró construir a Freud?

Cuando la gente me pregunta si soy un ‘actor de método’, les respondo con un “¿qué significa eso?”... Es que no hay una explicación, porque ‘método’ se refiere a lo que funciona, a la forma de trabajar, y eso cambia de un rol al otro, de una historia a otra, de un director a otro... Con cada personaje siempre tengo que partir desde cero, indagar, recrear su entorno, sus intereses, hasta su forma de caminar. En el caso de Freud, observé muchas fotos, leí muchas descripciones, y eso facilitó mucho mi trabajo para construir al personaje. Me interesé más en lo que leía que en lo que escribió, así que encontré mucha información sobre él en su biblioteca privada. Otros roles que he hechos son hombres que más bien usan la gestualidad, el cuerpo, para reaccionar, pero con Freud no paro de hablar (risas). Sus palabras son sus gestos. Eso fue nuevo para mí, fue como hacer un Shakespeare. Me divertí mucho.

Con el director David Cronenberg rodó ‘Una historia violenta’ (2005) y ‘Promesas del Este’ (2007). ¿Cómo fue esta tercera colaboración?

David es un hombre muy culto, muy apasionado, y en cierto modo se ha convertido en un hermano mayor para mí. Me gusta mucho su sentido del humor. Debe ser algo muy canadiense, pero él puede tomar del pelo todo el día con su cara seria y no te das cuenta de que está bromeando (sonríe). En cuanto a su modo de trabajo, no suele ensayar las escenas, pero está muy abierto a sus actores. Se le puede hacer todo tipo de preguntas durante el rodaje y es de los que gustan del trabajo en colaboración; espera que te aprendas tus líneas, que estés preparado, y aunque es exigente, por otra parte da mucho. Es un buen oyente, le presta mucha atención a los actores. Es un buen director.

¿Es su intención continuar con esta línea de personajes?

Siempre hay otros retos... No tengo ningún plan. Cuando se proyecta, siempre hay algo que sale mal. Hay gente que deliberadamente asume sólo roles de grandes estudios, en películas de alto presupuesto, para luego hacer filmes independientes, y así van... Me considero afortunado porque sigo teniendo ofertas de roles muy interesantes, y estoy consciente de que si no hubiera trabajado en El Señor de los Anillos no se me hubiesen abierto tantas posibilidades.

¿Considera trabajar en Latinoamérica?

Me gustaría. En América Latina hay mucha gente talentosa. Hay un par de ofertas que estoy viendo, así como también en España. Trato de realizar buenas historias, que tal vez sean pequeñas películas, más difíciles de financiar, como una que acabo de rodar en Argentina sobre unos hermanos gemelos, quizá una de las mejores que he leído en mucho tiempo (Tenemos un plan, de Ana Piterbarg).

¿Cuán importante es sentir pasión por su trabajo?

Siempre busco disfrutar, me gusta aprender algo de lo que hago... Es difícil sentir pasión por algo que no importa. Si una cosa he aprendido es que hay que usar el tiempo para aprender tanto como se pueda, y para viajar mental y físicamente.

Por: Janina Pérez Arias / Especial para El Espectador
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Opinión por:

ulse

Sab, 06/23/2012 - 10:57
Sería interesante producir una película sobre Tomás Cipriano de Mosquera; dos facetas importantes del personaje son: su posición ante la situación de la estructura económica del país, para elevarlo de la agricultura, la gandería y la minería hacia el comercio internacional, siendo de una familia latifundista, conservadora y clerical y la ejecución de expropiar las propiedades agrarias y terratenientes del clero que había acaparado inmensas extensiones sin explotarlas con la consiguiente expulsión de clérigos del país. Una película al estilo de "El gato pardo". Mosquera es un presidente autoritario pero respetuoso de la institucionalidad; asi impulsa el desarrollo económico de la nación en un ambiente de librepensadores.<<>> www.escuelaideologica.org

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