Gente |17 Ago 2012 - 10:44 pm

La bienal de tipografía de Bogotá

Letras visibles

Hasta el 25 de agosto, en el Claustro de San Agustín de Bogotá, está abierta una muestra de tipografía y letras dirigida no sólo a profesionales especializados. Esta exposición busca responder al interrogante sobre lo que hace a un libro, un texto o un afiche más o menos atractivos.

Por: Carolina Martínez Marín
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Gente hablando, opinando y debatiendo. Diseñadores enfrentando dudas y dando respuestas de su propio oficio. Tipógrafos abanderados de sus bellas letras, sus bellos Tipos Latinos. Así se llama la Quinta Bienal de Tipografía Latinoamericana, el pretexto para una conversación entre cuatro profesionales apasionados por los tipos, participantes y organizadores de la muestra de las mejores tipografías de nuestro país y nuestro continente que se expone hasta el 25 de agosto en el Claustro de San Agustín de Bogotá.

Gracias a estos diálogos surgen eventos como la bienal, donde se rescatan las ideas para hablar de una rama un tanto marginada del diseño pero que, paradójicamente, a todo el público le concierne.

“La gente vive con letras desde que nace hasta que se muere”, dice Carlos Fabián Camargo, docente y tipógrafo colombo-venezolano. Es cierto. Nos paseamos por la vida entre caracteres que cuentan historias, solucionan problemas y comunican ideas, pero los damos por sentados.

Muchas de las fuentes que se usan en el procesador de palabras son gratuitas; en realidad, un regalo que la modernidad nos ha dejado después de años y años de arduo trabajo. Bajo la dirección de Steve Jobs, Apple le dio desde su inicio un gran valor a las fuentes de computador y el usuario pudo escoger a su antojo entre una variedad de letras que se fue ampliando con los avances de la tecnología. Los PC no tardaron en emularlo. Gracias a esta democratización de la tipografía, todos tenemos acceso a las letras para múltiples fines de la comunicación. Aun así ni las letras, ni el diseño con tipografía se aprecian como debiera. “Por lo que permite la tipografía y no nos damos cuenta. Esta era pasó de llamarse la era industrial a la era del conocimiento y la información, y ¿cuál es el canal primario de esa transmisión? La palabra escrita, y no nos importa cómo vaya”, explica Viviana Monsalve, tipógrafa y curadora de la muestra de la bienal.

La tipografía, heredera de la caligrafía, produce para el común de la gente la idea de ser un arte místico y encumbrado, como el del monje medieval que escribía por horas a la luz de una vela. Para hacer una letra se requieren, además de dedicación, mucha investigación y experimentación, como en cualquier otro proceso de producción artística.

Sergio Ramírez, tipógrafo y diseñador industrial, lo explica con claridad cuando revive en sus palabras la creación de una de sus fuentes, Papermov, que hace parte de la muestra.

“Esta fuente es para mí como un registro histórico de mi aprendizaje, de romper paradigmas y estar cambiando de forma de pensar. Surgió como un exorcismo de un montón de ideas que tenía en la cabeza, pero el proceso me ha permitido ver y hacer un seguimiento de la manera como abordo el tema. En principio fue una fuente pensada como un ejercicio escultórico más que para una aplicación, una función o un contexto determinados. Pensé que todas las fuentes debían ser llamativas, pero luego fui aprendiendo y ahora es una fuente de texto. El problema es que sigo aprendiendo y siempre la quiero perfeccionar; así, parecería que nunca la voy a ver terminada”.

Hoy en día artistas y diseñadores profesionales trabajan de ese modo, experimentando, buscando con curiosidad ideas e influencias para darle vida a su propia visión de la tipografía. La tecnología, además, les permite hacer propuestas audaces y explorar las posibilidades de expresión gráfica que más tarde se podrán aplicar de muchas formas.

Así, las fuentes se ponen de moda y esto no es gratuito. El trabajo que ha implicado su elaboración se hace evidente, y cuando alguien descubre su potencial aparecen en todas partes. Lo que sucede es que aún no se entiende su importancia como elemento fundamental de un buen diseño y, por ende, de una buena comunicación. Como cualquier herramienta profesional, esto tiene un precio, pero no estamos entrenados para aceptar su costo. “No está claro en qué se traduce esa inversión de compra de un tipo de letra, y la bienal es un mecanismo para resolver ese problema y generar así una cultura del diseño de tipografía, tanto de producción, como de consumo o uso general”, dice César Puertas, también tipógrafo y docente, participante en la bienal.

Discutir sobre tipografía parece ser un tema bastante especializado, incluso para los mismos diseñadores. Sin embargo, asegura Monsalve, esta clase de eventos marca un precedente para “empezar a sacar también de ese mundo de ocultismo a la tipografía y entender que es una herramienta profesional, pues en una fuente hay una serie de valores que no solamente tienen que ver con lo estético, sino que también hacen de ella una pieza de diseño orientada a optimizar producción, recursos, procesos; así se puede llegar a entender el diseño como parte activa de un negocio”.

Como sucede en muchas áreas de la cultura, hay desinformación y quizá, también, falta de curiosidad. Invertir en ello no requiere necesariamente dinero, tal vez poder de decisión y conocimiento, afirma Camargo. Todos coinciden en que desde la academia los diseñadores gráficos tienen la responsabilidad de darle relevancia a su propio trabajo y de defender el valor cultural y económico de las letras, para que luego el diseñador pueda actuar como intermediario y hacer visible el oficio para un público no específico.

Camargo asegura que hay muchas más cosas por hacer, y las fuentes que ofrecen algo distinto a su competencia salen de un estudio muy riguroso de cierto contexto. Cuando se analiza a fondo una necesidad de diseño gráfico, se puede encontrar un nicho o una buena idea por desarrollar.

En Colombia seguimos aprendiendo, experimentando. En eso coinciden todos, en una tarde, en una mesa, en un diálogo. Coinciden en la convergencia de sus ideas, que empuja el emprendimiento creativo, y coinciden en que, poco a poco, definirán un lenguaje más maduro y coherente, que le hable al mundo sobre el cada vez más amplio panorama de la creación tipográfica y el diseño latinoamericano.

Por: Carolina Martínez Marín
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