Gente |31 Ago 2012 - 10:57 pm

El regreso de la faja

Apretar la cintura, ¿otra vez?

Después de ver a varias actrices y cantantes usar prendas que modelan el cuerpo y estrechan el vientre, parece que aquel viejo accesorio de las abuelas está desempolvándose.

Por: Angélica Gallón Salazar
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La cantante de pop Beyoncé muestra sus voluptuosas piernas mientras baila y su minivestido que se bambolea deja entrever una prenda color piel que forra su cuerpo hasta debajo de sus glúteos. ¿Lo que ven los espectadores apenas insinuarse es acaso una faja?

La actriz Eva Longoria intenta bajarse glamurosa de un carro mientras lidia con el acoso de las cámaras. No importan sus peripecias, los lentes logran percatarse de que por el minúsculo espacio de su entrepierna que su falda enseña, se insinúan insolentes una especie de pantaletas largas y apretadas. ¿Lleva acaso la actriz de la serie Desperate housewives debajo de su vestido uno de esos bodys que moldean el cuerpo?

Sarah Jessica Parker pasea por Nueva York con una de esas faldas de vuelo amplio indomables con el viento, y en un descuido, cuando su falda se levanta, un paparazzi captura no propiamente su ropa interior, sino la evidencia de una tendencia: las famosas usan fajas.

“Asistimos al retorno de una pieza que, hasta sus formas actuales, ha recorrido un largo camino desde los cartones de pecho del siglo XVI o los corsés del XVIII, y cuya longitud se fue marcando no sólo para una forma de pecho, sino una forma de cintura y cadera”, explica Concha Herranz, conservadora jefa de indumentaria del Museo del Traje de Madrid, ante la insistente consulta de agencias de prensa que vuelven a la faja protagonista de páginas de periódicos por estos días.

Las imágenes de las famosas le dan vuelta al mundo y entonces miles de mujeres que han crecido convencidas de la perfección de esos cuerpos que muestra el mundo del cine y el espectáculo dan un respirito de alivio —las fotografías ponen por un instante a las vedettes, a las perfectas, del lado de las mortales que trabajan y crían hijos—, pero por otro lado, las imágenes indiscretas se convierten en la tremenda evidencia de que al igual que en el Siglo XVIII, las mujeres de hoy siguen dispuestas a domar su cuerpo, sobre todo a dominar la rebeldía de su cintura.

La historia podría contarse a través de los vaivenes de la cintura femenina. Esas sutiles carnes que aparecen más abajo de las costillas se ajustaron con saña entre los siglos XV y XVII porque se consideró que sólo una mujer inhabilitada para el trabajo, y en tanto incapacitada para un libre movimiento, traería una mejor estirpe. La admiración de una cintura antinaturalmente fina se reafirmó con tratados médicos que convencieron a todos de la pobre capacidad torácica que tenían las mujeres.

La cintura se liberó repentinamente en los años cercanos a 1789, porque la Revolución Francesa proclamó unos valores que debían también vivirse en el propio cuerpo, pero el corsé en forma de “s”, el que empujaba el busto hacia adelante, encogía la cintura y lanzaba hacia afuera los glúteos, regresó en el Siglo XIX y fue el mandato durante toda la Belle Époque. La dictadura de su uso alcanzó las primeras décadas del Siglo XX cuando diseñadores como Paul Poiret, Madeleine Vionnet y Coco Chanel empezaron a propugnar por formas más naturales en sus vestidos que se olvidaban de la rigidez de una cintura.

Así se hizo casi evidente cómo en tiempos de crisis económicas o políticas los aires paternalistas y tradicionales hacían retornar la necesidad de que las mujeres parecieran avispas, mientras que en tiempo de revolución, de transformaciones como el de la Revolución Francesa o la posguerra de los 20, la cintura se liberó y se dejó retornar a medidas más naturales.

Aunque en el Siglo XX el uso del corsé se hizo algo más inusual, con los desarrollos tecnológicos esta prenda fue mutando hacia otra menos aparatosa y pesada: la faja. “En la década de los 50, el uso de la faja se popularizó, se volvió prenda privilegiada del ajuar matrimonial y del posparto, aumentó su longitud al ser un poco más liviana, y fue la mejor aliada de las mujeres que con la edad empezaban a ver desborda su silueta”, explica Luz Amparo Silva, jefa de línea de Tall, empresa que lleva varias décadas desarrollando fajas y moldeadores de cuerpo. “Pero entonces llegaron los 70 y las críticas, no sólo feministas, sino médicas, alertaron sobre problemas físicos que una compresión continuada con materiales no transpirables, como el nailon, podría causar. Así, las fajas, ya de por sí relegadas a la intimidad, desaparecieron del armario de la mayoría”, replica por su parte Herranz.

Su regreso impetuoso de la mano de actrices y famosas está ligado, según explica Luz Amparo Silva, al descubrimiento de microfibras que por los diferentes tipos de compresión en sus tejidos ejercen una fuerza especial que ayuda a modelar el cuerpo, y al desarrollo de tejidos sin costuras que permitieron hacer invisibles, ultralivianas y transpirables estas eternas compañeras de la intimidad femenina.

Regresan las fajas, invisibles como invisibles han sido los mecanismos —dietas y ejercicios— que en las últimas décadas han usado las mujeres para mantener su cintura a la medida. Sin embargo, más allá de los desarrollos tecnológicos, quizás el regreso de la faja sea la evidencia de que estamos entrando a una nueva fase de la historia de la cintura.
 

Por: Angélica Gallón Salazar
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chegranados

Lun, 09/03/2012 - 23:40
Yo manejo este tipo de evolución de las "Fajas" y son las Predas de Remodelación que con compuestos de última generación como el PowerNet y los Helicoidales planchados, realizan micromasajes, reactivan el metabolismo, el drenaje linfático sacando toxinas y grasa a través de la orina, mejorando la postura de hombros, haciendo lipotransportación y afinando el talle, y en últimas reduciendo de 2 a 3 tallas con solo su colocación, lo mejor de todo es que al cabo de unos meses por su uso habitual, que no incomoda, se logran los efectos reales de reducción de 2 y hasta 4 tallas en 6 o 7 meses. En la recien terminada Feria de la Salud y la Belleza fue todo un éxito en comparación con lo tradicional y con inexistentes resultados de las fajas que les colocaban a modelos perfectas y a maniquies.

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