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a casa donde Fernando García pasó su infancia quedaba en Girardot. Era una construcción humilde, pero decorada con buen gusto. Aquí, desde los 12 años, este diseñador convertía las latas de pintura vacías o cualquier tarro que encontrara a su paso en materas. “Tenía un vivero en el patio de mi casa con más de 10 tipos de flores que todos los vecinos venían a ver. También cambiaba los muebles de lugar, los tapizaba y pintaba las paredes”, comenta con orgullo García.
Cuando cumplió la mayoría de edad decidió trasladarse a Bogotá, donde comenzó con pequeños trabajos que poco tenían que ver con lo que haría hacer en el futuro. Primero fue mesero en una cadena de comidas rápidas, después, mensajero en un almacén de muebles, donde rápidamente ascendió a la parte comercial y se empezó a acercar a su sueño. A los 27 años montó su propio almacén de muebles, donde lo más importante era su asesoría en decoración de interiores.
Fue entonces cuando empezó a recibir a todo tipo de clientes que querían contar con la mano de García en sus hogares. Desde políticos, pasando por personas del común, e incluso gente de la que a veces desconfía. “Cuando viene a mi tienda alguien que no me da buena espina simplemente digo que todas mis piezas ya están vendidas, que si quieren me esperen seis meses; pero como ese tipo de clientes quiere todo de inmediato, no me esperan”.
Sus creaciones no sólo han estado en hogares, muchos de sus sofás protagonizaron la sección de entretenimiento Catalina y punto, que presentaba la actriz Catalina Aristizábal. Gracias a la visibilidad que se le dio a sus diseños en este espacio,
muchos televidentes empezaron a buscarlo para darle vida a sus residencias. Cada tipo de clientes exigía diferentes parámetros. “Los artistas necesitan una casa muy show, que deslumbre porque ellos quieren llamar la atención, mientras que una persona normal busca comodidad.
Y los políticos lo que me piden es que no cuente que ellos me compraron a mí, porque los molestan por lo costoso de mis diseños”. Efectivamente, la pieza más económica que vende Fernando cuesta ocho millones de pesos, y la más cara, un comedor, o un juego de alcoba, puede estar entre 30 y 40 millones.
Sin embargo, para él, el buen gusto no necesariamente está relacionado con el dinero. Cualquier persona puede hacer de su casa un sitio bien decorado siguiendo algunas pautas, por ejemplo, evitar a toda costa las pieles y los animales disecados. Los espacios recargados de objetos sólo ensucian el panorama, y aquellos que creían que entre más tecnológica fuera su casa (cortinas eléctricas, luces inteligentes, etc.) están muy equivocados.
La tendencia del diseño interior actualmente apunta a utilizar máximo tres colores en un mismo espacio. Los que mandan la parada hoy son el negro, el blanco y el beige. Los ambientes modernos se pueden mezclar con elementos antiguos. El minimalismo está mandado a recoger, no más espacios fríos ni planos.
Para cada tipo de cliente, Fernando García tiene una propuesta, y si se trata de personas jóvenes, sin muchos recursos, este diseñador está dispuesto a conseguir materiales más económicos para sus creaciones, pues afirma que prefiere aquellos clientes que se esfuerzan por conseguir sus piezas a los que compran todo de inmediato.