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Por las salas de redacción de las revistas de moda un nombre se ha vuelto común en el último tiempo. Muchos que sólo conocen su trabajo se preguntan quién es ese individuo de aspecto rockero y mirada irreverente que, como Pedro por su casa, llega a las reuniones de preproducción de las ediciones.
Casi siempre vestido de negro, con un ambiguo bigote y una diminuta cola de pelo largo que manipula mientras habla, Pizarro sugiere algunas ideas. No es experto en moda, pero el bagaje de su oficio como fotógrafo y de sus estudios de Artes Visuales le da la confianza para saber que lo que propone es bien recibido.
A este chileno de nacimiento criado en Colombia ya no le hace falta ninguna revista especializada del país. Sus fotografías son apreciadas por consumidores de moda, expertos en el tema y lectores desprevenidos que se detienen a admirarlas. Él, sin embargo, nunca está satisfecho con el resultado final y así lo confiesa: “Cuando voy a entregar un trabajo no quedo realmente convencido. Tal vez cuando dejo descansar las fotos y vuelvo a mirarlas un año después las veo de otra manera”.
La complejidad lumínica, la profundidad, el contraste y, si se le puede llamar así, un poco de suciedad, lo diferencian de los demás fotógrafos. Atrás quedaron los días de las fotos “pop” porque en la actualidad otra estética lo desvela. “Como todos, los fotógrafos también cambiamos nuestros gustos y como consecuencia, nuestro estilo”, asegura.
Ceñido al concepto inicial, Pizarro interpreta la idea y poco a poco la vuelve propia. “Me la imagino siempre antes del shooting, pero a veces las cosas surgen espontáneamente y termino haciendo algo diferente. Depende también de la modelo, de la luz si son fotos exteriores, de los imprevistos que se presenten en la locación, de muchos factores. Los contratiempos siempre enriquecen. Lo importante es un buen producto final, no importa cómo haya sido hecho”.
Casi una década de trabajo ininterrumpido en el competido mundo del fashion y un nombre ganado a pulso y con trabajo le da autoridad para calificar a una modelo y escoger a las más indicadas para sus trabajos. “Indudablemente la mejor en Colombia es Adriana Arboleda, por su trayectoria, y una modelo muy joven que se llama Angélica Duque, por sus definidas facciones y por estilizada”, dice.
La dulce calma
Su pinta de rockero no es casualidad. Además de la fotografía, otra pasión le roba el sueño desde hace muchos años. Primero deleitó a los rumberos con sus toques de rock alternativo como DJ en algunos bares de Bogotá. Luego, durante la época de la Ley Zanahoria, mezcló con acetatos música electrónica en las discotecas y after parties hasta la madrugada y, años después, ya influenciado por el house francés, montó su propia banda.
Su primera canción fue el producto de una convocatoria de Entrecasa, una pequeña disquera del bajista de Aterciopelados, Héctor Buitrago, que hizo un recopilado de música electrónica colombiana. “Y cuando llegó el momento del lanzamiento de ese disco, con toque en vivo, decidí junto a un amigo mío que era el momento de montar una banda”, recuerda.
Delux Club tiene hoy en día 6 años de experiencia, un disco en el mercado y otro más a punto de ser lanzado. En agosto, La dulce calma, su nuevo trabajo discográfico de rock electrónico, podrá ser descargado gratis de internet por sus seguidores.
Pizarro seguirá disfrutando del alborozo que le proporcionan sus dos pasiones. “Porque cuando voy a tomar fotos soy influenciado por la música en el sentido estético y cuando hago música también pongo atención a las imágenes que me llegan a la cabeza”.