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De la renta
París de vacaciones
En el fondo del salón, la pared repleta de hojas verde intenso. Sobre la pasarela, canastos llenos de rosas rojas. Y a un lado, el diseñador Óscar de la Renta elegante, cálido, rodeado de guapas mujeres y gentil con la avalancha de periodistas. Todos llegaron, políticos, la ‘socialité’ caleña y hasta el Tino Asprilla. Después de la conmoción —más fiel sería decir carnaval— por semejante personaje, un son afrancesado los devolvió a todos a su sitio. Sobre la pasarela apareció Adriana Arboleda, la modelo que el dominicano eligió para abrir su show, con un vestido sin hombros, ajustado al cuerpo, lleno de referencias parisinas, como las que se verían en toda la colección.
Lo que Óscar de la Renta mostró en Cali fue una colección ‘resort’, también llamada crucero, que crean los diseñadores como apuesta desde el otoño y el invierno para el período vacacional que se aproxima. Fiel a este propósito, la alta casa de moda hizo desfilar por la pasarela primero ropa liviana: camisas frescas llenas de boleros en el frente, pantalones plata y dorados con un aire indiscutiblemente europeo, que hacía soñar con las divas del cine de los 50 viajando por Mónaco o las Islas Griegas. Luego, con un ‘look’ un poco más urbano apareció el twist, con sus faldas acampanadas y cortas, con tacones que iban acompañados de mediecitas tobilleras, los sombreros y boinas de lado y sacos de tejido de punto anudados con moños en el cuello. Por supuesto no podían faltar los vestidos de noche, un universo mágico en el que el fucsia y el verde se hicieron protagonistas y en el que los vestidos largos, las faldas amplias y los hombros descubiertos marcaron la tendencia para luego abrirle paso (como se acostumbraba hace unas décadas) a un vestido de novia voluminoso, blanco, lleno de brillo que cerró con broche de oro la noche.
María Elena Villamil
Construcciones orgánicas
La audiencia quedó sin aliento. En una pasarela como la de Cali, en donde el satín y las siluetas de reinas parecen ser la única inspiración, trabajos de vanguardia como el de María Elena Villamil hacen pensar que la moda en Colombia empieza a dar pasos para dejar de ser una industria en minúsculas. Sus vestidos fueron exquisitos como piezas arquitectónicas, jugando con toda la posibilidad de los trazos en los moldes. Pero a la vez, como lo sugirió el nombre de la colección, las estructuras de organza, tafetanes, jersey y algodón se hicieron orgánicas en los cuerpos.
Los bolsillos salieron del anonimato, grandes e indispensables para los vestidos de noche. Asimismo, las cremalleras y cadenas que, atrevidas, se posaron en la espalda o en el pecho de alguno de estos maxi-vestidos de la diseñadora caleña. “Quería salirme de los parámetros tradicionales, quise darles un vuelco a las líneas más clásicas. Había hecho unas investigaciones y pruebas de los enforzados y de los cortes. Empecé a usar estos vestidos extraños para testar su acogida. Es difícil arriesgarse, falta mucha cultura visual. Pero estoy cansada de regirme por esos parámetros. No necesitas un vestido escotado para verte sensual. Y esa fue mi consigna”, asegura Villamil, quien llevó las faldas de los vestidos a su extensión máxima, las plisó, las drapeó y cortó el ruedo de una compleja manera para que la falda se llenara de aire al compás del movimiento de cada pie. Esta creadora jugó con una paleta de colores que incluyó los rojos, los vinos, los grises y su favorito: el negro. También trabajó estampados sobre telas corrugadas. Así, 40 vestidos desfilaron por la pasarela haciendo alarde de un nuevo estilo que, no importa su volumen y su extrañeza, resulta completamente usable para una mujer real.
Juan Pablo Socarrás
Un campesino de verano
La pasarela se llenó de cañas de azúcar, pero no sólo para decorar, sino con el propósito de evidenciar una de las grandes inspiraciones de esta primera colección del diseñador bogotano, reconocido por su trabajo en Artesanías de Colombia, Juan Pablo Socarrás.
Esta colección nació por iniciativa de un proyecto que apoya el BID, de convertir a Cartago en un ‘cluster’ industrial adonde diseñadores de todo el mundo puedan hallar los bordados, calados y tejidos que han pervivido en la tradición. Socarrás pasó tiempo con las artesanas (más de 70); se adentró en sus mundos, y descubrió que, en general, mientras ellas extraían con cuidado los hilos del lino para crear figuras, sus maridos iban a las plantaciones de caña.
“Me di cuenta del elaborado trabajo que hacen los cortadores de caña para protegerse de la pelusa que sueltan las matas y que acaban la piel, y también que muchas bordadoras, cuando el trabajo es poco, van con sus maridos al campo a trabajar”, comenta el diseñador. Por eso llenó las camisas y los pantalones de complejos amarres en las botas y en las mangas, exploró las faldas rotondas que a principio del siglo XX usaban las mujeres para trabajar en la finca, y convirtió el estilo campesino en una elegante opción para el verano.
El diseñador también les propuso a las bordadoras que se arriesgaran con la paleta de colores y superaran el eterno blanco. Pero además, en su intento de darle una inyección de vanguardia a esa tradición, les propuso camisas masculinas, vestidos, shorts bombachos y pantalones árabes en esa técnica. El resultado, una colección que habla dos lenguajes: el de la globalidad y la localidad, que comunica a través de un talento, el de Socarrás. Dos mundos que pueden hacer que la moda colombiana gane ese sello propio tan necesario para lucirse en el mercado internacional.
Leal - Daccarett
Europa enamorada de Colombia
Asistir a la pasarela de la pareja de diseñadores Francisco Leal y Karen Daccarett es como recordar la sentencia de Coco Chanel: “una mujer debe pasar inadvertida y una vez advertida hacerse inolvidable”. De frente, cuando las modelos salen a la pasarela con las tonalidades curubas, las texturas disímiles; los cortes volumétricos y los escotes profundos, hacen que todos claven sus miradas en los vestidos. Pero luego, cuando la modelo insinúa la espalda, se abre un universo de nudos y rosas complicadas casi artesanales, de asimetrías, cortes y espaldas descubiertas que terminan por convertir aquel vestido entrañable en una prenda inolvidable.
Las apuestas de esta pareja son complejas en su estructura, logran el volumen sin ser estrambóticas, adquieren caídas que parecen naturales y se ciñen al cuerpo femenino con maestría, todo fruto de un cuidadoso trabajo de patronaje. Sin embargo, cuando los ves caminar por la pasarela, esos vestidos parecen tan sencillos, livianos y llenan al cuerpo que los posee de tal ingravidez, que casi hacen pensar que esa mujer increíblemente elegante que camina sobre tacones no tardó mas de cinco minutos para lucir estupenda. La crítica en Milán, en donde tan sólo hace unas semanas se presentó esta colección los bautizó de vanguardistas, y ahora que se les ve por Cali no queda más que decir que son un aire refrescante, que sus siluetas se inspiran en mujeres diferentes a ese único modelo de “latina” que nos venden las películas, sus faltas de cinturas afinadas con pretinas empedradas, los esqueletos casi deportivos hechos en satín morado, las transparencias, sus pantalones pitillo que salen eternos desde la cintura y sus chaquetas extrañas hacen sentir que estos dos diseñadores fueron capaces de hacer telas y vestidos con esa inspiración suya de una mujer europea que llega a Latinoamérica, se enamora de ella, absorbe todo ese color, ese revoltijo de textura crea un estilo único.
Santacruz y su Mar Coralina Otoñal
Después de llegar de París, la diseñadora pastusa Adriana Santacruz presentará este sábado a las 5:30 p.m. en el Caliexposhow una colección inspirada en el mar y sus corales, acompañado del sol rojo y atardeceres naranja.
De la mano de sus tejidos verticales presentará abrigos para la primavera, halcones con cinturones inspirados en el liguero y batas más livianas (hechas en telar horizontal) ideales para las noches de verano. “La colección que veremos hoy acentúa un poco más la silueta femenina y mezcla varias telas”, asegura Santacruz, quien además en sus 22 diseños exploró unas formas de amarres para que una sola prenda tenga la potencia de ser siete diferentes. Los zapatos, en madera tallada, sellan esa onda ancestral y a la vez moderna que ha caracterizado siempre su trabajo.
Pasarela Cromos, por Rubiano
Sus vestidos están inspirados en una mujer que habita las grandes urbes, que debe trabajar y a la vez lucir estupenda, por eso la fuerte apuesta por la combinación de faldas, blusas y chaquetillas. Una opción para que la mujer ejecutiva pueda siempre innovar con su guardarropa.
Con toques plateados y dorados y una fuerte predominancia del blanco, Johanna Rubiano demuestra cómo los años han depurado cada vez más sus tejidos, la escogencia de sus materiales y la apuesta por un diseño muy moderno. Ella misma encarna esa mujer empresaria, bella y creativa que la inspira para hacer sus vestidos de gala, sus minivestidos con pedrería y sus blusas que saben destapar en la medida justa el escote y los hombros.