Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Con su ronca y dulce voz interviene oportunamente de manera segura y directa. Hace las denuncias después de un arduo trabajo de investigación y cuando los protagonistas de la historia están dispuestos a contestar a las inquisidoras preguntas del equipo de La W. Participa en la secciones con precisión desde la mesa de trabajo que desde hace un mes comparte con Félix de Bedout y Alberto Casas. La nueva integrante del programa con más rating de la radio en los últimos tiempos es Camila Zuluaga, una bogotana cuya apariencia física no concuerda con la imagen que proyecta en la radio.
Tiene sólo 23 años y parece todavía más joven. Habitualmente llega vestida con prendas sencillas de colores vistosos, sin una gota de maquillaje. Es de poca estatura y de contextura delgada y se mueve por las instalaciones de Caracol Radio con la certeza de quien domina su territorio, pero consciente de que su rápido ascenso molesta a muchos. “Esa es la vida del periodista”, dice sin titubear y comienza a narrar su corta pero exitosa historia en los medios.
“Entré a la radio después de ganarme un concurso para ser disc jockey de Los 40 Principales en el que me presenté como cualquier persona después de bajar el formulario por internet, poner mi foto y hacer una fila de más de 8 horas en Unicentro”, relata. Pero también recuerda que algunos años antes participó como actriz en la serie Padres e hijos y fue conductora de un programa musical del Canal 13 que se emitía a diario y en directo y que abandonó luego de llegar tarde al colegio durante varios meses.
A comienzos de 2006, cuando ya combinaba sin dificultad sus labores como Dj de la emisora y los estudios de ciencias políticas y economía, se enteró de un casting que estaban realizando para conseguir una conductora en Colombia del canal musical MTV. Emocionada con el nuevo reto comenzó un largo proceso de pruebas en Bogotá y en Miami, luego del cual fue elegida como la primera colombiana en presentar las noticias del reconocido canal que se emite para 23 países de
Latinoamérica. “Fue difícil porque se presentaron muchas modelos hermosas, pero creo que me escogieron porque soy más real y me acercaba más a los jóvenes que ven el canal”.
Sin embargo, las agotadoras jornadas de estudio y trabajo comenzaron a hacer estragos y decidió concentrarse en su carrera profesional y en el canal MTV, donde además estaba ascendiendo con rapidez. Pero el rumbo de su destino cambió definitivamente con una llamada que recibió al día siguiente de su renuncia. Era el periodista Julio Sánchez Cristo. “Andrés Nieto, antiguo director de La W musical, le había contado que yo soñaba con trabajar a su lado y que me había retirado de Los 40 principales”, explica. Sin mucho pensarlo aceptó su invitación para participar una mañana en La W.
“Me lanzaron al agua y a la guerra sin alistarme. Llegué por la mañana y me comenzaron a involucrar en el programa al aire, y no me preguntes cómo hice las secciones. La verdad es que hoy en día me da más miedo que en esa ocasión”, confiesa. Los resultados fueron tan satisfactorios que el mismo Sánchez Cristo le propuso inmediatamente después de la emisión un cupo en el programa de fin de semana.
Una apuesta
“Camila es el futuro pero mi apuesta por ella es hoy. Será mi jefe pronto. Además, en lo personal me fascina su personalidad y me gusta su corazón”, asegura Julio Sánchez Cristo, quien desde el comienzo le ha apostado a su talento y profesionalismo.
Y rápidamente Julio volvió a ofrecerle un interesante puesto, esta vez a su lado en la mesa de trabajo en Madrid. “Pero yo sólo llevaba un mes en fin de semana, estaba recién comprometida con Antonio Casale, quien hoy en día es mi marido, y apenas tenía 20 años”, dice Zuluaga para justificar porqué rechazó la propuesta. Hoy en día opina que fue la mejor decisión y piensa que de haber aceptado quizás habría sido un error porque no estaba preparada.
Pasaron ocho meses de trabajo los fines de semana antes de que Julio volviera a llamarla para que reemplazara a Mónica Fonseca en La hora del regreso, su programa de la tarde. Vivía montada en un avión grabando para MTV desde diferentes países y haciendo hasta lo imposible para salir al aire desde el lugar en donde se encontrara. Era la única condición que su jefe le había puesto. Pero pasó lo que ella misma ya veía venir. MTV cerró operaciones en Colombia y aunque en un principio
grababa cada 15 días desde México, le ofrecieron un puesto en el país azteca para cubrir todas las noticias del continente para el canal.
“Aunque fue difícil tomar la decisión, después de evaluarlo con mi marido acepté el trabajo, y con Julio llegamos al acuerdo de que seguiría en el programa desde allá, pero que me iría después del cubrimiento de los Olímpicos en China”, cuenta. En Pekín trabajó como nunca, no hubo descansos ni ratos de esparcimiento, no tuvo tiempo de hacer turismo y mucho menos de rumba. “Pero es el mejor aprendizaje que he tenido, repetiría la experiencia una y mil veces”.
A su regreso a Bogotá y ante la coyuntura de que Alberto Casas y Félix de Bedout estaban en Francia, Julio le pidió que lo acompañara desde la mesa de trabajo durante esos días de ausencia del resto del equipo, aprovechando que todavía no se iba para México. “Yo simplemente lo acompañaba e intervenía cuando podía, pero si algo tiene Julio, es que te da la libertad porque cree en tu criterio. Si metes las patas al aire es tu culpa”, y confiesa que su sorpresa fue total cuando después de esa semana le pidió que cambiara sus planes y se quedara definitivamente en el programa de la mañana y realizara las denuncias de La W.
“Tu sabes que tengo 23 años y que de esto no tengo ni idea. Si lo acepto estoy dispuesta a aprender, pero me tienes que tener paciencia”, fue su sincera respuesta. Lo demás es historia reciente. Hace unas semanas Camila Zuluaga está totalmente involucrada con el tema de las denuncias e investigaciones y absorta en su reto de convertirse en una gran periodista. Es consciente de su corta edad, pero absolutamente segura de que este factor no es un impedimento. Pide ayuda, se asesora, lee, hace llamadas y aprende cómo abordar a los personajes de sus historias.
Tiene algunas dentro del tintero, en las que trabaja con calma sin que su jefe se entere para que, como ella misma dice, no haya presión. Otras denuncias son las que llegan por los oyentes y que le toca investigar con premura. Y las que definitivamente más trabajo le han costado son las que involucran a personajes de la política nacional porque no domina el tema y desconoce las fuentes.
Aunque se nota algo nerviosa, la felicidad le brota por los poros porque aprovecha cada instante para aprender de sus dos compañeros de la mesa, quienes la han recibido de manera satisfactoria. “Alberto, que es como un papá, me enseña, me ayuda, le pregunto de todo, es un gran apoyo porque nunca me inspira miedo como en algún momento puede darme con Félix. Es un gran ser humano. Félix es difícil porque así como es al aire es en persona. Es muy directo y eso me encanta de él”, confiesa sin reparos.
Y ¿cómo le va ahora con Julio Sánchez Cristo? Es la respuesta que los oyentes quisieran conocer. “Todavía no me ha tocado con él en Bogotá, pero sé que está contento con el balance hasta ahora. Soy comprometida con mi trabajo y creo que él ve eso. Me quiere formar y enseñar. Cada quien escribe su historia y yo estoy empezando la mía”.
Confesiones de Camila
“Alberto, que es como un papá, me enseña, me ayuda, le pregunto de todo, es un gran apoyo porque nunca me inspira miedo como en algún momento puede darme con Félix. Es un gran ser humano. Félix es difícil porque así como es al aire es en persona. Es muy directo y eso me encanta de él. Todavía no me ha tocado con Julio en Bogotá, pero sé que está contento con el balance hasta ahora. Soy comprometida con mi trabajo y creo que él ve eso. Me quiere formar y enseñar. Cada quien escribe su historia y yo estoy empezando la mía”.