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De cada mil niños que nacen en el mundo, entre dos y tres sufren de parálisis cerebral, un conjunto de trastornos del movimiento y de la postura causado por una lesión en el cerebro que se manifiesta en los primeros años de vida y que se presenta con mayor frecuencia en bebés prematuros.
Desde hace algunos meses, en varios hospitales españoles, los médicos están probando un nuevo tratamiento para darles mayor movilidad a estos pequeños después de que cumplan los dos años: aplicarles inyecciones de la toxina botulínica, bastante popular entre los cirujanos plásticos y esteticistas, quienes la utilizan para eliminar las marcas de expresión del rostro y hacer que las personas luzcan más jóvenes.
En el caso de los niños, el bótox disminuye la contracción de los músculos característica de la parálisis cerebral y ayuda a que éstos puedan tener mejores movimientos y, además, a que los huesos, especialmente de las piernas, crezcan alineados.
Ignacio Pascual, neurólogo del Hospital La Paz, de Madrid, está convencido de los beneficios de la toxina botulínica y ya ha presentado dos estudios en los que demuestra que los efectos adversos de este tratamiento son mínimos. “Es el fármaco que tiene mejores resultados en la pantorrilla y en los brazos”. Además, le dijo al diario El País, de España, que sólo entre el 4 y el 10% de los pacientes sufren efectos adversos leves que son reversibles”.
Pascual cuenta la historia de una pareja que tuvo una niña con parálisis cerebral, quien gracias a las inyecciones de bótox que recibió cada cinco meses, hoy, a sus tres años, es una menor alegre que puede nadar sola, jugar en los toboganes y a quien apenas se le nota su incapacidad.