Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
En lo posible, cada domingo antes de que el fútbol se convierta en rutina obligada, procura aceptar que ha pecado de pensamiento, palabra, obra y omisión. Es una cita que Jorge Luis Pinto reconoce como necesaria para encontrar lo que más busca, ante la responsabilidad que asumió hace ya casi año y medio: tranquilidad.
El seleccionador nacional aprovechó esta Semana Santa para trabajar durante los tres primeros días en Rionegro, pero también le abrió espacio a la oración y en medio del análisis interior, quiso exteriorizar sus reflexiones con El Espectador, sin confesionario de por medio, sólo con una taza de café como garante.
Y entre sorbo y sorbo, aceptó equivocaciones, admitió el perdón en la convivencia, alabó la pasión hacia el trabajo y reafirmó convicciones en la etapa más importante de su carrera, cuyo comienzo pareció apocalíptico, pero después de las primeras cuatro jornadas eliminatorias, ha sido el génesis de una ilusión que espera cristalizar dentro de dos años en Suráfrica.
Después de ser crucificado en la Copa América, ¿resucitó en la eliminatoria?
No propiamente, ustedes los periodistas lo analizan desde su punto de vista y es respetable, así no lo comparta. Creo más bien que mirando las cosas con objetividad, estábamos quemando etapas dentro de un proceso, como lo advertimos; queríamos ganar, eso también lo buscamos con un equipo que se vislumbraba de calidad como siempre creí en él y hoy lo sigo creyendo.
¿Cuáles han sido sus pecados en la selección?
Haber creído ciegamente en algunos jugadores. Siempre estuve convencido de la capacidad y compromiso de ellos y no me arrepiento en absoluto de eso, porque creo y creeré siempre en el ser humano. De pronto no haber sido precavido defensivamente en la Copa América, ya que si hubiese tomado más precauciones, el resultado habría sido diferente. También como me lo han dicho algunos amigos muy cercanos: no cambie, haga su estilo.
¿Y sí alcanzó a cambiarlo?
No sé en realidad, pero hoy el mundo reconoce y admira el estilo de José Mourinho, al que muchos califican como el mejor del mundo. Con un respeto máximo y total modestia, puedo decir que desde hace 10 o 12 años, desarrollo esa misma metodología de trabajo, porque lo confirmé en su libro.
¿Quiénes lo defraudaron?
Ahí sí como dice el cuento, le digo el milagro, pero no el santo (risas).
¿Cuál ha sido la estación más difícil hasta el momento?
Si hablamos competitivamente, de pronto la primera o la segunda en la Copa América, pudo ser la más complicada, vamos a esperar a ver qué viene; ojalá sea la única.
¿San Agustín ha sido el santo de la eliminatoria?
No. Tampoco niego que ha sido importante, pero es uno de los santos que tenemos en el equipo y que ha colaborado para la obtención de los buenos resultados conseguidos hasta el momento, pero si hablamos de ‘San Agustín’, tendríamos que hablar de ‘San Rubén’ por los goles decisivos de Bustos o ‘San José’, por el equilibrio que le ha dado al equipo El Ringo, en fin, mucha gente que se ha entregado completamente por la causa.
O sea, que todos se han ‘santificado’ por igual…
En Colombia, actualmente, hay que decirlo con toda franqueza, no hay un jugador fuera de serie ni tampoco aquel que no tenga el suficiente nivel; tal vez por eso he tenido un equipo más o menos regular, constante en producción, en el que cada quien aporta al colectivo, sin destacarse sobre los demás.
¿Cuáles buenos hábitos ha cultivado en la tricolor?
La estructura que le estamos dando a la selección a través de su organización deportiva; el poder tener ciclos de trabajo que le dan mucha firmeza y claridad a los conceptos y permiten conocer más y mejor al jugador; y también el análisis profundo de los rivales que hemos enfrentado, para reaccionar y cambiar ante determinadas situaciones de juego.
¿Qué lo tiene tranquilo?
Poder sentir que el grupo de jugadores acepta y gusta de mi trabajo. Hay muy buena disposición y le puedo decir con absoluta sinceridad que hoy por hoy, digan lo que digan, todo el mundo quiere jugar en la selección.
¿Qué lo ha puesto a reflexionar?
Lo que más he reflexionado es que no me puedo descuidar ni quedar dormido por un segundo. Debo estar pendiente de todo, por ahí me han criticado por eso, pero los que manejamos un grupo humano y tenemos la responsabilidad de liderar una selección, debemos estar al tanto hasta del más mínimo detalle. Todos los días me despierto no sólo con la convicción y la confianza de trabajar, sino con las ganas de hacerlo y decir: no voy a tener otra oportunidad, ésta es la mía.
¿Le ha pedido a Dios la clasificación?
No hay la menor duda que sí se la he pedido.
¿Ya hizo alguna promesa si llega a Suráfrica?
No, en realidad no he prometido nada, pero no descarto que a futuro pueda hacerlo, porque sería por un buen propósito y la felicidad de todo un pueblo que como el colombiano, necesita de muchas alegrías y ojalá la selección sea una de ellas.
¿Por qué hay que tenerle fe a la selección?
Porque hay capacidad, condiciones, material humano y porque el país lo necesita no sólo deportiva sino socialmente, ya que la selección es un sentimiento de todos.
Si Cristo dio su vida por la humanidad, ¿usted qué estaría dispuesto a hacer por la clasificación al Mundial?
Lo mismo que hizo Cristo, por ejemplo, subir descalzo a Monserrate y con la cruz a cuestas. Nuestro Señor hizo de todo, menos engañar y yo es lo único que puedo realizar, no engañar, ir de frente en las cosas y hacer lo que me corresponde.
En el nombre del Padre…
“Soy católico por tradición y convicción. Estudié con las monjas en el colegio de La Presentación, después estuve con padres jesuitas y obviamente es un legado de familia, un sentimiento que nos ha unido siempre”.
“Me encomiendo a Santa Teresita del Niño Jesús, también al Niño Huerfanito de Pamplona e indudablemente le tengo muchísima fe al Divino Niño y por eso esporádicamente voy al 20 de Julio”.
“Cuando me siento en deuda, voy al santuario, pero de igual forma lo visito para agradecer, no hay la menor duda. Todas las mañanas y noches rezo porque antes que una obligación, lo siento como una necesidad. Procuro ir todos los domingos a misa”.
“Siempre oro antes de los partidos. Mucho antes y en la inmediatez del juego, no es fácil la concentración, pero lo hago con mucha fe y devoción”.
“Hoy no me cabe el resentimiento”
¿Quién no es santo de su devoción?
Puedo decir que en mi posición actual, puede que no comparta y participe de ideas con algunos, pero los respeto y aprecio, mejor dicho, hoy no me cabe el resentimiento con nadie. Felizmente tengo cultura, formación y equilibrio para no sentir odio por alguien.
¿De qué se arrepiente?
En la vida me he arrepentido de dos cosas. Una, haberme venido de Alemania, donde habría podido hacer el doctorado en el fútbol, pero por el afán de dirigir, regresé al país. Y la otra, haber dejado Alianza (Lima) la primera vez por volver a Bogotá y estar de nuevo con Millonarios.
¿A quién ha perdonado en la selección?
Sin necesidad de dar nombres, porque no es el caso, puedo decir que he perdonado y fuertemente.
¿Qué no perdona?
La deslealtad en la vida, es una convicción que tengo y aspiro morirme con la conciencia tranquila de que nunca fui desleal y siempre tuve gratitud.
¿Con qué no comulga?
Con la deshonestidad, el engaño y la picardía, con el vivo que quiere engañar, eso me mortifica.