Deportes| 7 Jul 2008 - 7:41 pm

Le gustaría seguir, pero sabe que hay buenas ofertas

El amor no tuvo ‘Independencia’

Por: Fabián Mauricio Rozo Castiblanco/ Enviado Especial, Tunja
No cesan las celebraciones por el título de Chicó, y la de Miguel Caneo con su esposa Guadalupe no fue completa por la ausencia de su hija, Catalina.
Miguel Caneo
Foto: David Campuzano- EL Espectador

El argentino es ídolo en Tunja. 

“No, no, entrevístalo a él que es el que salió campeón, él es el que juega y yo simplemente soy su hincha número uno, pero nada más”. Así fue la barrera que Guadalupe de Caneo armó. Tan nutrida de evasivas como compacta por la determinación de sus palabras, pero no lo suficientemente impenetrable.

Un beso a las carreras, el trofeo que lo acreditaba como uno de los máximos artilleros y una placa, era lo único que Miguel le había alcanzado a dejar antes de iniciar la vuelta olímpica en La Independencia. Y fue justo en ese momento, cuando, invadida por la emoción, el festejo perdió casualmente el nombre del estadio tunjano y ella aceptó compartir parte de tanto sentimiento retenido.

Refugiada en el banquillo de las autoridades, tal vez el único ajeno al festejo, sus ojos brillaron al verlo correr por momentos y hasta montado a hombros en otros. “Estoy tan feliz como él porque se lo merecía, venía de una lesión complicada que le hizo vivir días difíciles, le costó mucho; pero mirá cómo es la vida, surgió esta posibilidad en Colombia y ahora lo veo celebrando y eso sin duda emociona a cualquiera”.

Más sensible estuvo Caneo cuando entró al camerino y la vio sentada en un rincón cualquiera. Entonces de rodillas, el abrazo no se hizo esperar, y en medio de caricias y besos, el argentino le dedicó la consagración, porque para él, “ella siempre ha sido mi cómplice, el apoyo incondicional, y como la madre de mi hija, merece toda mi admiración y respeto”.

Igual no es lo único que le debe a la mujer que conquistó hace seis años e hizo su esposa desde 2004. Cuando le mencionaron Colombia, más de una duda le invadió al jugador, pero Lupe se las despejó por completo gracias a que “cuando estaba chica, viajé mucho y conocí grandes amigos colombianos, entonces sabía de su calidad humana y acá simplemente terminamos de confirmarlo en familia”.

Una vez convencido, aterrizó en Bogotá para realizar algunos entrenamientos en la capital del país y luego encaminarse hacia Tunja, un lugar que Caneo describe en dos palabras: “Plena tranquilidad”. Nunca imaginó amanecer “en medio de paisajes que mezclaran tantos verdes” y que su bebé Catalina “respirara un aire tan puro y saludable”.

Pero si hay algo que tiene cómoda a Guadalupe y a la familia en general es “la seguridad, porque nada malo nos ha pasado.

  • Fabián Mauricio Rozo Castiblanco/ Enviado Especial, Tunja | EL ESPECTADOR

  • Página
  • 1
  • 2
  • 3
4.272725
(11 votos)
Opinar| Enviar| Imprimir|
0

Opiniones

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión.
Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado.
Regístrese o ingrese aquí

Publicidad
Lo más...
Publicidad
Suscripciones El Espectador
  • Nuestra edición impresa

    Suscribase aquí
    y conozca todos los beneficios.

    Suscríbase