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Los hombres de negro

En fechas decisivas son señalados. La Comisión Arbitral y su Comisión Técnica los califican, les hacen seguimiento y les exigen otro trabajo para que no piensen sólo lucrarse del arbitraje. Por falta de presupuesto no lo profesionalizan.

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Olga Lucía Barona Torres
02 de noviembre de 2007 - 06:35 a. m.
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Mientras la Fifa no acepte recursos tecnológicos para apoyar las decisiones de los árbitros del fútbol, éstos seguirán siendo verdugos. Ha pasado en los mundiales, sucede en los campeonatos más afamados y, por estos días, tiene alborotado el ambiente deportivo nacional, en momentos en que los equipos profesionales, por escasos puntos, en cada fecha se están jugando la vida para disputar las finales del rentado 2007.

Sin embargo, en el fútbol colombiano, a imagen y semejanza de las peleas políticas en que habitualmente regresan los fantasmas del proceso 8.000, los magnicidios de los años 80 o los secretos mejor guardados de Pablo Escobar o los Rodríguez Orejuela, cada vez que se revuelve el avispero de los malos arbitrajes, retornan también los hechos y rumores de un pasado oscuro en el balompié nacional, en el que los narcotraficantes hicieron de las suyas, dejando suspicacias de algunos campeonatos.

Hoy el entorno no es el mismo, pero abundan los reclamos contra los árbitros, e incluso algunos técnicos y directivos han sugerido triquiñuelas para favorecer a algunos equipos. En pocas palabras, centrales y asistentes, que según la clasificación de la Comisión Arbitral suman alrededor de 100 opcionables para la categoría A, están en la picota y ante el ojo inspector de miles de aficionados que cuestionan todas sus decisiones.

Por lo general, los jueces no responden públicamente a las críticas. Lo hace por ellos la Comisión Arbitral, ente adscrito a la Federación Colombiana de Fútbol. Con trabajo ad honorem, integrada por cinco profesionales de distintas disciplinas que se reúnen una vez por semana, entre reclamos de los equipos, vetos de los directivos y resquemores de paisanaje, el organismo escoge los jueces de cada fecha.

La Comisión Arbitral está conformada por el médico en ejercicio Juan Pablo Forero, el general (r) Gabriel Contreras, el abogado penalista Ernesto Carrasco, Baltazar Medina y el defensor del pueblo Vólmar Pérez. Su principal soporte es la Comisión Técnica, que semanalmente evalúa el desempeño de los árbitros, los califica y capacita y, además, los incluye en un escalafón nacional en el que examina su estado físico, conocimiento teórico y su rendimiento estadístico.

Hasta ahí todo parece en regla. Sin embargo, en la práctica empiezan los peros. Por ejemplo, desde julio de 2001 la Fifa ha formulado precisas recomendaciones para la profesionalización del arbitraje, que en Colombia poco se tienen en cuenta. Se sugiere que la Comisión de Árbitros esté integrada por ex árbitros con experiencia y en el caso colombiano hay apenas uno. Además, la circular es tajante en impedir la injerencia de los clubes en la designación de árbitros. En el país hay muchas presiones.

Cuestión de supervivencia

Asimismo, hay otros aspectos de física supervivencia. Hoy, un árbitro de la categoría A recibe $850.000 por partido, más gastos de hotel y transporte. A los asistente sólo se les pagan $425.000 por juego. Y el asunto va bajando sensiblemente. Un árbitro de la B recibe $330.000 por encuentro, sin más beneficios. A sus asistentes se les pagan $190.000. Ya en la rama aficionada D (departamental), el tema es paupérrimo. Un árbitro gana $25.000.

El otro asunto son las calificaciones. Al respecto, Eduardo Guevara, miembro de la Comisión Técnica, admite que la responsabilidad de evaluar el trabajo arbitral es a veces presencial y en otras ocasiones por video. La razón: falta de presupuesto. Los árbitros no son ni empleados de la Dimayor ni de la Federación. Son abogados, ingenieros, médicos, profesionales que entre semana se dedican a sus oficios y los fines de semana pitan. Sólo cuando cumplen la edad de retiro forzoso (45 años), dejan de hacerlo.

El presidente de la Comisión Arbitral, Juan Pablo Forero, admite que el arbitraje en Colombia no se ha profesionalizado por costos. A nivel de Suramérica, Argentina es el único país con jueces asociados y los árbitros reciben por partido 1.500 dólares. En contraste, en nuestro país a los árbitros se les exige un certificado de trabajo y afiliación a una EPS, para que quede constancia de que tienen otro ingreso y no se están lucrando del arbitraje.

Se les hace seguimiento

Según Forero, el arbitraje colombiano hoy está más saneado que en otras épocas y a los jueces se les hace seguimiento, se investigan sus actividades y se piden referencias. Además, aunque no trascienda en los medios, se les sanciona y en casos extremos no se les vuelve a designar. Hoy no hay evidencias de hechos graves, según lo asevera Eduardo Guevara, pero expresa que de llegar a conocer hechos anómalos, la Comisión no dudaría en llevarlos a la Comisión Disciplinaria de la Federación e incluso a la Fiscalía.

"En el pasado reciente hubo casos de árbitros reconocidos como malosos. Jorge Patiño, de Risaralda, que aceptó y reconoció anomalías y por eso fue retirado. O John Fernando Mosquera, también de Risaralda, de quien también hubo evidencias. Pero en el año 90 hubo una barrida importante y hoy puede haber errores, pero son humanos, son de buena fe", agrega Guevara, quien se opone a que la solución sea apelar a jueces extranjeros, que no por ello son mejores.

Lo cierto es que el asunto de arbitraje está al rojo vivo. El presidente del Cartagena pide polígrafo para los jueces, pero no para los dirigentes; el técnico del América, Diego Umaña, le echa pullas a Millonarios; el entrenador azul, Mario Vanemerak, recuerda el paso de los Rodríguez Orejuela por el cuadro escarlata; el gerente del Nacional, Víctor Marulanda, saca su consabido reclamo; los comentaristas deportivos no dan tregua, los aficionados menos. En tiempos de finales, los árbitros vuelven a ser el blanco de todos.

Por Olga Lucía Barona Torres

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