Deportes| 12 Jul 2008 - 2:11 am

Entrevista con el tío y entrenador de Rafael Nadal

“Uno tiene que ser persona antes que jugador”

Por: Mariano Olsen
Tony revela algunas intimidades del número dos del escalafón mundial. Cuenta que Rafa tiene una vida normal, sin extravagancias.
Tony Nadal
Foto: Archivo

Tony Nadal cree que el tenis es un deporte en el que se soporta mucha presión y por eso  trabajó en  hacer fuerte mentalmente a Rafael.   

“Cuando comencé a entrenarlo, Rafael tenía sólo cuatro años y pegaba todos sus golpes a dos manos. Un día le pregunté: ¿Cuántos tenistas conoces que hayan sido número uno jugando así? Ninguno, me respondió. Yo le dije: tranquilo, no serás tú el primero, vamos a pasar a una mano”, recuerda Tony Nadal, el entrenador de su sobrino, Rafael, y quien a pura lógica logró corregir uno de los primeros defectos que presentaba el hoy número dos del escalafón mundial de la ATP. Comenzaban los años 90 en el municipio de Manacor y Rafael era un niño apasionado no precisamente por el deporte blanco…

“A él le gustaba más jugar fútbol que tenis, una cosa normal porque los chicos siempre prefieren los deportes de equipo. Era delantero por izquierda y marcaba muchos goles. Pasó que, a medida que fue ganando títulos y trofeos, el tenis lo fue atrapando.

Mientras disfruta de sus vacaciones en las playas de Mallorca (España), Tony acepta gustoso la propuesta de El Espectador para revelar detalles e intimidades del  Nadal más famoso, el que luego de destronar a Roger Federer en Wimbledon, acaricia la cima del tenis mundial. Después de todo, nadie lo conoce mejor…

“Desde un comienzo fui muy exigente porque mi idea de la vida es la disciplina. El tenis es un deporte duro de cabeza donde el jugador debe aguantar mucha presión. Lo tenía muy claro: él tenía que ser mentalmente fuerte”.

¿Y cómo consiguió eso?

Hablando y planteándole situaciones difíciles. Muchas veces lo obligué a entrenarse en canchas en pésimo estado y con bolas desgastadas. Le decía: “eso es lo que hay, adáptate”. Yo a Rafa no le permití nunca tirar una raqueta porque me molesta que la gente se queje. Los que están en África y no pueden comer se pueden quejar, pero tú no. Una vez en París,  cuando jugaba el primer año en el circuito, Rafael  se estaba comiendo tres croissants de chocolate antes de un partido y su manager, Carlos Costa, me dijo delante de él: “¿Le permites hacer eso?”  Le respondí: “sí, que tenga dolor de estómago y sea la última vez que lo hace. Es su problema y lo tendrá que solventar”. Esa suma de cosas fueron forjando su carácter y lo convirtieron en un joven muy receptivo. 

Me imagino que ahora las cosas han cambiado y debe ser más difícil darle órdenes…

Es obvio que a una persona de 22 años no le diría las barbaridades que le decía de pequeño, pero Rafa sabe que yo no soy el que le lleva las raquetas a encordar ni el tío que está ahí para acompañarlo. Yo digo y hago lo que yo creo que tengo que hacer. Él me puede discutir una cosa pero no cinco, porque sino tiene que cambiar de entrenador. No

  • Mariano Olsen | EL ESPECTADOR

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