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Si bien 2008 arrancó con un segundo triunfo consecutivo en las 24 Horas de Daytona para Juan Pablo Montoya y Chip Ganassi, los resultados durante la temporada de la Copa Sprint de Nascar no colmaron las expectativas.
El colombiano fue 25 en el campeonato y no ganó ninguna carrera, mientras el año pasado había sido 20 y logró su primer triunfo en la serie, que lo premió como el mejor debutante.
Las 500 Millas de Daytona, la carrera más importante de Nascar y con la que se inició la temporada, dejaron claro desde muy temprano que aún quedaban varias lecciones por aprender.
Casi un mes pasó Montoya con su equipo en Daytona previo a esa primera carrera afinando la puesta a punto del auto, pero, a la hora de la verdad, la decepción fue mayúscula. Sobre todo porque en el único momento en el que estuvo cerca de la punta se vio involucrado en un incidente con el auto de Clint Bowyer, algo que trajo como consecuencia que nadie quisiera trabajar más con él, en una carrera en la que sin socios no se llega a ningún lado.
Filas de autos lo pasaron por izquierda y derecha, hundiéndolo en el “pelotón” de máquinas. Al querer buscar su reacción al final de la carrera, su lenguaje corporal fue suficiente para saber que no iba a decir nada.
Sin embargo, ocho carreras después tendría la oportunidad de reivindicarse en una pista similar a Daytona, el superóvalo de Talladega en Alabama. Allí fue protagonista y estuvo cerca de conseguir su primer triunfo en un óvalo. Después de 499 millas de correr bumper contra bumper pasó la meta segundo, detrás de Kyle Busch, recibiendo elogios del mismo ganador, quien aseguró que sin Montoya, no habría logrado la victoria.
En esa carrera él hizo varios amigos en la pista y de mucho peso. Además estaba en el puesto 12 del campeonato, aspirando a meterse entre los que disputan el título al final del año. “Nos faltaba un buen resultado”, dijo Juan Pablo después de la carrera. “Creo que las cosas pintan bien de aquí en adelante”, agregó.
Muchos cambios
En Talladega, Montoya además se estrenó con Jimmy Elledge como jefe de equipo. Sin embargo, tres semanas después Elledge fue despedido de la escuadra por desacuerdos con un superior y reemplazado por Brian Pattie, quien no tenía ninguna experiencia con la nueva generación de autos de la Copa Sprint de Nascar.
En la primera sesión de entrenamientos en la que trabajaron juntos en Charlotte, en el mes de mayo, Montoya se bajó del auto con la misma cara que tenía después de Daytona y nadie se atrevió a hablarle.
Su auto era “inmanejable”, según decía por la radiocomunicación, en una pista en la que ocho días antes con Elledge no habían estado del todo mal. Pattie siguió a un iracundo Juan Pablo, quien le dijo que la rabia que tenía no era culpa de él. Poco después el colombiano estaba en el teléfono con Chip Ganassi, quien se encontraba en Indianápolis en el previo de las famosas 500 Millas que en 2000 ganaron juntos.
Fue tal la discusión, que voló a Charlotte en el día de su cumpleaños para calmar a su piloto, quien ya tenía un par de equipos a la espera de una posible ruptura. Sin embargo, previo a la carrera ya habían fumado la pipa de la paz. “No hay que ‘enrancharse’ en los problemas, como dicen por ahí”, dijo Montoya ese día. Luego agregó: “Hablamos como una hora con Chip y todo está claro”.
Pero por más claras que estuvieran las cosas entre Ganassi y Montoya, la inexperiencia del nuevo jefe de equipo con el auto se vería reflejada en el desempeño. Discusiones entre Pattie y Montoya durante las carreras hubo muchas y el colombiano tuvo que armarse de más paciencia que nunca para pasar el mal momento.
Accidentes, fallas mecánicas y encontrones en pista con otros pilotos se sumaban. Era frustrante, pero el colombiano y Pattie pasaban la página al final de cada carrera. Tan sólo en las competencias que no fueron en óvalo, los circuitos de Infineon y Watkins Glen, Montoya estuvo cerca de la punta y logró terminar entre los 10 primeros. El objetivo de entrar al grupo de los 12 que pelean el título ya no era posible.
Otro golpe duro
“Ya lo más importante es hacer una buena base a nivel técnico y unificar todo para el próximo año”, decía Juan Pablo, antes de que se conociera a finales del mes de agosto que Texaco dejaba Nascar y, por consecuencia, un hueco en el presupuesto del equipo Ganassi para 2009.
En el cierre de la temporada el desempeño tuvo una mejoría notoria en las pistas de milla y media, que suelen ser las más complicadas.
En Kansas, Montoya logró la pole pero luego fue descalificado porque la presión de los amortiguadores traseros excedía la permitida. Era un golpe duro a la moral de un grupo que parecía que finalmente levantaba. Luego, carreras como Atlanta y Texas validaron la mejoría en desempeño, pero por mala suerte o incidentes eso no se vio reflejado en cifras.
No obstante, esos destellos finales y la unión de Ganassi con el equipo Dale Earnhardt Incorporated (DEI) para 2009, dejaron un sabor menos amargo después 36 carreras. “Fue una temporada dura”, dijo Montoya en Homestead. “Todos los cambios en mi equipo afectaron mucho internamente, pero al final mejoramos y hay mucha motivación para el año entrante, sobretodo por la unión con el equipo DEI”.
Muchos quisiéramos que el piloto nacional no hubiese dejado la Fórmula Uno y después de verlo pasar un año como éste, aún con más razón. Sin embargo, él está contento en Nascar, se ha abierto un espacio en un deporte muy “gringo”, gana bien y pasa más tiempo con su creciente familia.
En el papel, 2009 debe ser mejor, pero dependerá mucho de lo rápido que el equipo Ganassi y el DEI logren engranar como el nuevo Earnhardt Ganassi Racing.