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Un ‘Mello’ sin igual

Urango y César Canchilla son los únicos monarcas vigentes que tiene el boxeo colombiano.

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Luis Guillermo Ordóñez
02 de febrero de 2009 - 11:00 a. m.
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Cada día, Juan Urango, el nuevo campeón mundial de boxeo que tiene Colombia, recorría cinco kilómetros de ida y cinco de vuelta para ir a entrenar a un gimnasio de Montería. Vivía con sus padres y sus siete hermanos en Jaraquiel, una pequeña población cercana a la capital de Córdoba, en donde todos los miembros de la familia colaboraban en la recolección de las cosechas de maíz.

“Sin embargo, nunca llegó tarde a una práctica”, recuerda Pedro Manuel Vanegas, un entrenador bolivarense que lo ayudó a formar. “Eso sí, hablaba poco, siempre fue tímido, como son los muchachos de pueblo. No obstante, era consagrado y responsable a la hora de preparar sus combates”, agrega.

Urango comenzó a practicar el boxeo cuando él y su hermano mellizo, Pedro Manuel, tenían 11 años porque dos primos suyos lo hacían. Y a los 14 realizó su primera pelea. Después, completó casi 160 como aficionado, con apenas 25 derrotas.

“Una vez tenía un torneo en México, pero se enfermó días antes de viajar. Entonces el que fue a participar fue Pedro. Les decían Los Mellos o Las Torres Gemelas. A Pedro le faltó la dedicación que a Juan le sobró”, explica el entrenador, quien fue boxeador durante 10 años y ha trabajado a púgiles de talla mundial como Miguel Lora y Róbinson Pitalúa.

Urango es un pegador zurdo de mucha potencia. “Yo soy muy agresivo, me gusta ir hacia adelante, proponer. Nunca veo videos de mis oponentes, porque cada uno entrena diferente para cada combate. Yo siempre utilizo el primer asalto para estudiar a mi rival y entonces hago mi plan. Yo sé lo que tengo en el cuadrilátero y estoy listo para pelear contra cualquiera. Trabajo duro para ganar y le pido ayuda a Dios para lograrlo, esa es la clave”, reconoce el cordobés de 28 años, quien vivió en España durante varios años y desde 2004 está radicado en Puerto Rico.

En junio de 2006 conquistó por primera vez el título wélter júnior de la Federación Internacional de Boxeo, FIB, al derrotar al tunecino Naoufel Ben Rabahc, pero en su primera defensa cayó ante el británico Ricky Hatton.

El sábado tuvo una nueva oportunidad y no la desaprovechó. Recuperó el cetro al vencer por decisión unánime al canadiense de origen camerunés Herman Ngoudjo.

Su reto, ahora, es retener durante mucho tiempo la corona y consolidarse como el gran campeón que siempre ha soñado ser.

Por Luis Guillermo Ordóñez

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