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Cuando vio celebrar a Sebastián Eguren, el mismo verdugo de Colombia en el juego de ida contra los uruguayos en El Campín, no sintió idéntico dolor. Para Jorge Luis Pinto resultó más fuerte el impacto del tercer tanto charrúa el miércoles en el Centenario, porque a su entender, le puso límite al destino tricolor en la eliminatoria.
Lejos estaba de imaginar que frente a la celeste dirigiría su penúltimo partido con la selección y ayer, cuando justo completaba un año de haberse despedido con la derrota en Chile, el ex técnico nacional no tuvo el mejor ánimo, como entonces, al aceptar que en algo tiene que ver con el crítico momento.
“Negar que en parte soy responsable de lo que pasó, sería en cierta forma cobarde y yo siempre doy la cara”. Así, sin esperar una pregunta para asumir su compromiso, Pinto inició el diálogo con El Espectador que más bien pareció un desahogo.
¿En Montevideo se sepultaron las ilusiones mundialistas?
Todavía existen posibilidades matemáticas y mientras las haya, se deberá luchar, pero la verdad, con los otros resultados todo se complicó aún más y habrá que esperar estas dos últimas fechas.
¿Qué sensación le dejó la derrota con los uruguayos?
De dolor indudablemente, porque este es un golpe que no sólo reciben el profesor Lara y los jugadores, sino todo el país y en especial los que trabajamos a diario por el bien del fútbol colombiano. La verdad es que me golpeó bastante ese resultado.
¿El país soportaría una tercera eliminación?
Sería difícil y me duele por Colombia y su fútbol, que se devaluaría. Yo también perdí estatus profesional y la ilusión de llevar a la selección de mi país a un Mundial. Entonces, si no se logra el objetivo, el poco prestigio se perdería y ya no nos mirarían con respeto.
¿Qué tanta responsabilidad tienen los jugadores?
La que siempre les ha correspondido, pero sin necesidad de dar porcentajes, lo que sí he terminado por comprobar es que en el fútbol muchas veces son más determinantes la actitud y el compromiso que el talento y la capacidad de los jugadores, y creo que nos faltó un poco de eso.
¿Faltó entrega en la cancha?
Varios muchachos siempre mostraron la mejor predisposición, pero de igual forma debo decirlo con franqueza: conmigo no todos se entregaron por igual.
¿Qué más faltó?
Estaba claro que se debía construir un nuevo equipo, ese era uno de mis propósitos, pero lamentablemente no se me permitió seguir.
¿En qué se equivocó usted?
En varias cosas que no vale la pena mencionar, pero no soy ni fui perfecto, tuve mis equivocaciones, pero desde el primero hasta el último día me dediqué por completo y en cuerpo y alma por la selección. De eso que no le quepa la menor duda a nadie.
¿Hasta dónde va la responsabilidad dirigencial?
Uno de los más grandes técnicos del país me dijo que para que un proyecto andara, se necesitaba de un directivo con los pantalones bien puestos para jugársela con lo que él considerara.
¿El presidente Bedoya no lo respaldó?
Hacia el doctor Bedoya sólo tengo gratitud porque siempre me brindó lo que necesité, pero ya a nivel del comité ejecutivo, no se contó con el respaldo suficiente que necesita cualquier proceso para salir adelante.
¿Se equivocaron al sacarlo entonces?
No sé, pero está demostrado que los cambios en plena competencia nunca dan resultado, así ha pasado en las anteriores eliminatorias y no sólo en Colombia, sino en varias selecciones.
¿Algunos medios influyeron en su salida?
Sí, pero los que lo hicieron creían que le hacían sólo daño a Pinto, cuando en verdad atentaron contra la selección, porque unos periodistas persuaden bastante y lamentablemente con sus comentarios influencian a los jugadores y eso causa disociación.
¿Estuvo de acuerdo con el regreso de algunos experimentados a la selección?
No soy quién para cobrar o decir algo a estas alturas, pero sólo me remito a un ejemplo para que la gente saque sus propias conclusiones: Dunga en su momento decidió excluir a algunos intocables, ‘vacas sagradas’ que llaman, y todo el mundo se le vino encima, no lo bajaban de ‘burro’, y ahora mírelo dónde está con Brasil.
Los pecados de la selección
En lo futbolístico, la falta de gol es evidente. En 16 partidos que se han jugado, sólo ha marcado 10 para un pobre promedio de 0,62. De hecho es la segunda selección con la delantera menos efectiva de las eliminatorias. Lo supera Perú, la colera, con 9. A ello se le suma que en calidad de local sólo ha anotado dos tantos.
El cambio de técnico en la mitad de las eliminatorias le daña el caminado a la mayoría de las selecciones. Y a Colombia, efectivamente, se lo dañó. Sin bien la situación con Jorge Luis Pinto se había vuelto inmanejable, él se fue con 10 puntos, los mismos que hasta la fecha ha ganado Lara. Así que a cuentas claras de poco sirvió la sustitución.
Perder puntos vitales en calidad de local como ante Uruguay (1-0), en la séptima fecha, y frente a Paraguay, en la novena (también 1-0) En el camino hacia un Mundial también hay que sumar a domicilio ante selecciones que sobre el papel son (o eran) menos que la nuestra como Venezuela (perdimos 2-0) y Bolivia y Perú, que empatamos.
No hay equipo, no hay fútbol. La selección apeló sólo a las individualidades y ellas aparecieron únicamente por chispazos. No hubo regularidad en la mayoría de los jugadores. Se probaron muchos, la lista pasa de lejos los 50, y ninguno se consolidó. El arquero Agustín Julio es quien suma mayor titularidad con 12 juegos.
Dentro de la rotación constante de jugadores, hay que sumarles la falta de entereza y la ausencia de amor por la camiseta de la que tanto se habla. A los futbolistas colombianos de esta generación les falta hambre. No hay ninguno, que por ejemplo, se le acerque siquiera a los talones de un Pibe Valderrama.
Y para rematar, nos tocó un técnico indeciso, lento para leer los partidos y reaccionar a tiempo. Lo ratificó el miércoles ante Uruguay, que nunca sacó provecho del hombre de más que tuvo en la cancha, antes de que expulsaran a Teófilo Gutiérrez. Pero al final, con decir que es el responsable pretende tapar su fracaso.
El último pecado, el mayor de todos, quedar nuevamente por fuera de un Mundial, el tercero en línea. Que sigan haciendo cuentas y recen mucho, porque sí que se va a necesitar. Y si nos descuidamos —este es un aviso para los dirigentes— y no buscamos soluciones de fondo para mejorar nuestro pobre nivel, de una vez despidámonos de Brasil 2014.