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Las mentiras de Andre Agassi

En un libro autobiográfico que replicó el miércoles ‘The Times’, el estadounidense reveló, además, que enredó a la ATP.

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Olga Lucía Barona Torres
28 de octubre de 2009 - 10:10 p. m.
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La estremecedora imagen del estadio Arthur Ashe a reventar, el 3 de septiembre de 2006 en la tercera ronda del US Open, con un Andre Agassi llorando en la mitad de la cancha cual niño, luego de perder ante Benjamin Becker, lo que suponía su retiro, el miércoles se derrumbó. Los miles de seguidores que ese día lo ovacionaron casi por media hora, porque un grande decía adiós, se sintieron defraudados cuando el gran Agassi, ese mismo joven rebelde de melena y barba largas, aquel que desafió las normas del deporte blanco al jugar de colores, que en su etapa de madurez brilló por su cabeza rapada y por ser ejemplo, confesó en un libro titulado Open: An autobiography, que saldrá al mercado el 9 de noviembre, que se había dopado.

El periódico londinense The Times, que el miércoles publicó uno de los capítulos del libro, asegura que el estadounidense confesó que en 1997, cuando su carrera iba de caída debido a su tormentosa relación con la actriz Brooke Shields, consumió una sustancia conocida con el nombre de cristal. “Slim deja una pequeña montaña de polvo en la mesa de café. Lo corta y lo esnifa. Lo corta de nuevo. Esnifé un poco. Me recosté en el sofá y consideré que acababa de cruzar el Rubicón. Hay un momento de arrepentimiento, seguido de una tristeza. Después viene una oleada de euforia que borra cualquier pensamiento negativo. Nunca me sentí tan vivo, esperanzado, y nunca sentí tanta energía”, dice Agassi.

Lo peor es que Agassi, ganador de ocho títulos de Grand Slam, cuenta que unos días después recibió una llamada de la ATP confirmándole que su control había dado positivo, a lo que Andre contestó con una carta cargada de mentiras: “Mi nombre, mi carrera, todo pendía de un hilo. Todo por lo que había luchado, todo por lo que había trabajado, podría pronto no significar nada. Días después escribí una carta a la ATP. Estaba llena de mentiras intercaladas con pedazos de verdades. Dije que había bebido accidentalmente una soda con cristal que pertenecía a mi ayudante, conocido como Slim, que tomaba drogas. Me sentí avergonzado. Me prometí que esa era la última mentira”. La ATP le creyó y no permitió que el hecho se filtrara. Por ello, el martes en un comunicado, admitió que “estamos sorprendidos y decepcionados”. Sobre el porqué de su confesión tardía, el nacido en Las Vegas hace 39 años, afirmó: “Me preocupó un momento, pero no mucho. Siempre llevé el corazón en la mano y mis sentimientos estaban escritos en la cara. En realidad estaba emocionado por contar al mundo toda la historia”.

Por Olga Lucía Barona Torres

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